Reflexión del evangelio del tercer domingo de pascua
El relato de Lucas 24, 13‑35, conocido como el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús, ofrece una profunda enseñanza sobre la manera de comprender la Palabra de Dios y vivir la fe cristiana. A través de esta narración, el evangelista muestra cómo las primeras comunidades interpretaban las Escrituras mediante un proceso que hoy reconocemos como Lectura Orante de la Biblia, estructurado en tres pasos fundamentales.
El primer paso consiste en tener presente la realidad. Jesús se encuentra con dos discípulos que caminan tristes, desilusionados y sin rumbo, huyendo de Jerusalén tras la muerte de Jesús. La cruz ha destruido sus expectativas y su esperanza. Ellos creían que Jesús sería un liberador poderoso, pero su muerte les parece el fracaso total. Jesús se acerca, camina con ellos, escucha su diálogo y les hace preguntas. Este gesto resalta la importancia de partir de la realidad concreta de las personas, de sus miedos, sufrimientos y crisis de fe. Escuchar con atención la vida y las preguntas del pueblo es imprescindible para cualquier verdadera comprensión de la fe.
El segundo paso es leer e interpretar el texto bíblico. Jesús les muestra que el sentido de su vida y su misión solo puede entenderse a la luz de las Escrituras. Partiendo de Moisés y los Profetas, les explica que el Mesías debía pasar por el sufrimiento para entrar en la gloria. Así corrige la visión limitada de un Mesías fuerte y triunfador, y presenta la imagen de un Mesías sufriente, fiel al proyecto de Dios. La Biblia no se utiliza como un argumento académico, sino como una luz que ayuda a releer la historia y transformar la cruz, signo de muerte, en fuente de vida y esperanza. De este modo, los discípulos comienzan a descubrir que Dios sigue actuando en la historia.
El tercer paso es celebrar y compartir en comunidad. Aunque la Palabra hace arder el corazón, es en el gesto de partir el pan donde los discípulos reconocen a Jesús. Este signo recuerda la Eucaristía y revela que la experiencia de fe es esencialmente comunitaria. En ese momento de reconocimiento, Jesús desaparece, pero los discípulos renacen interiormente y descubren que la resurrección ya está obrando en ellos.
Finalmente, el objetivo del camino es resucitar y volver a Jerusalén. Los discípulos regresan transformados, con valentía, fe y esperanza, para compartir la Buena Noticia de la resurrección. El texto responde así a una pregunta fundamental: si Jesús está vivo, ¿dónde encontrarlo? La respuesta es clara: en la comunidad, en el camino compartido de la vida y en la Palabra de Dios que ilumina, consuela y da sentido.
En verdad, ¡Jesucristo ha resucitado y vive entre nosotros!
Fuente: Red Bíblica Claretiana (REBICLAR)

