“Yo les digo: Pidan y se les dará. Busquen y encontraran. Llamen y se les abrirá”. Jesús iba pronunciado estas palabras mientras se movía por las aldeas de Galilea pidiendo algo de comer, buscando acogida y llamando a la puerta de los vecinos. Él sabía aprovechar las experiencias más sencillas de la vida, para despertar la confianza de sus seguidores en el Padre Bueno de todos.
«Pedir» es la actitud propia del pobre que necesita recibir de otro lo que no puede conseguir con su propio esfuerzo. Jesús imaginaba a sus seguidores: como hombres y mujeres pobres, conscientes de su fragilidad e indigencia, sin rastro alguno de orgullo o autosuficiencia. No es una desgracia vivir en una Iglesia pobre, débil y privada de poder. Lo deplorable es pretender seguir hoy a Jesús, pidiéndole al mundo una protección que solo nos puede venir del Padre Misericordioso.
«Buscar» no es solo pedir. Es, además, moverse, dar pasos para alcanzar algo que se nos oculta porque está encubierto o escondido. Jesús ve a sus seguidores como «buscadores del reino de Dios y su justicia». Es normal vivir hoy en una sociedad desconcertada ante un futuro incierto. Lo extraño es no movilizarnos para buscar juntos, caminos nuevos para sembrar el Evangelio en la cultura moderna.
«Llamar» es gritar a alguien al que no sentimos cerca, pero creemos que nos puede escuchar y atender. Así gritaba Jesús al Padre en la soledad de la cruz. Es explicable que se oscurezca hoy la fe de tantos cristianos que aprendieron a decirla, celebrarla y vivirla en una cultura sin esperanza. Lo lamentable es que hoy no nos esforcemos más por aprender a seguir a Jesús, gritando a Dios desde las contradicciones, conflictos e interrogantes del mundo actual.
Es bueno que nos detengamos de vez en cuando a reflexionar sobre esta oración en la que se encierra toda la vida de Jesús. Pronto nos daremos cuenta que sólo pueden rezar el “Padre Nuestro”, quienes viven con su Espíritu.
“Padre nuestro”. Es el primer grito que brota del corazón humano cuando el hombre vive habitado, por una confianza plena en su amor creador. Es el Padre que desde el fondo de la vida, escucha el clamor de sus hijos en especial los que sufren. Está en los cielos como lugar abierto, de vida y plenitud, hacia donde se dirige nuestra mirada en medio de las luchas de cada día. “Santificado sea tu Nombre”. Es el alma de toda esta oración de Jesús, su objetivo y su aspiración suprema. Que el “Nombre de Dios, su amor y su fuerza salvadora se manifiesten en toda su gloria y su poder. Y esto, dicho desde el deseo y el compromiso de configurar nuestra propia vida desde esa aspiración de Jesús. “Venga tu Reino”. Que no reinen en la sociedad dominicana la violencia y el odio destructor. Que reine Dios y su justicia. Que no domine el varón a la mujer, ni el rico al pobre, ni los partidos políticos. Que se adueñen del mundo la verdad. Que se abran caminos a la paz, al perdón y a la verdadera liberación. “Hágase tu voluntad”. Que no encuentre tanto obstáculo y resistencia en nosotros. Que la humanidad entera obedezca a la llamada de Dios que, desde el fondo de la vida, invita al hombre a su verdadera salvación. Que mi vida sea hoy mismo, búsqueda de esa voluntad de Dios. “Danos el pan de cada día”. El pan y todo lo que necesitamos para vivir de manera digna, no sólo los políticos, sino todos los hombres de la Tierra. Y esto dicho no desde el egoísmo acaparador o el consumismo irresponsable, sino desde la voluntad de compartir más lo nuestro con los necesitados. “Perdónanos”. La sociedad dominicana necesita el perdón de Dios. Los hombres sólo podemos vivir pidiendo perdón y perdonando. Sólo quien renuncia a la venganza desde una actitud abierta de perdón, puede hacerse cada día más humano. “No nos dejes caer en la tentación”. No se trata de las pequeñas tentaciones de cada día, sino de la gran tentación de abandonar a Dios, olvidar el evangelio de Jesucristo y seguir un camino equivocado. Este grito de socorro queda resonando en nuestra vida. Dios está con nosotros frente a todo mal. Y líbranos del mal. De todo mal. Del mal que cometemos cada día y del mal del que somos víctimas constantes. Orienta nuestra vida hacia el Bien y la Felicidad.
Felicitamos a todos los padres de familia de nuestro país. Gracias por ser ese fiel amigo, consejero y compañero de vida. Gracias por entregarnos con tu amor, un regalo para toda la vida, como es el saber llamar a Dios como Padre Nuestro. ¡FELICIDADES EN TU DÍA PAPÁ!
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf y José Antonio Pagola.

