
Reflexión de Lucas 12, 32-48
La actitud de confianza con la que inicia el texto, “no temas, rebaño mío…”, expresa la ternura y protección que Dios ofrece a su pueblo. También expresa el sentir de las primeras comunidades, que se veían pequeñas y débiles, pero sabían que Dios estaba con ellos. Dios, por su bondad, nos ha regalado el Reino. Desde aquí tenemos que entender lo que sigue: Si el reino es regalo, lo demás pasa a un segundo lugar (bienes materiales). Y de ahí la propuesta de Jesús: a pesar de lo poco que podamos tener, la práctica del amor tiene que apuntar a la solidaridad, el compartir, la preocupación activa por los marginados y excluidos. A esta práctica también pertenecen el animarse y consolarse mutuamente. “no temas, rebaño mío…”
En los versos 33-34, el aspecto central es la participación en el Reino mediante la práctica del compartir. “Vendan sus bienes y repártanlos como limosna”. Así es tener a Dios como su tesoro, porque también Jesús optó por los marginados y pobres. El tesoro “adquirido” junto a Dios por la práctica de la solidaridad con los pobres se opone a los tesoros materiales de este mundo, acumulados por nuestro egoísmo. Esto es una propuesta totalmente transparente que se dirige a las personas de la comunidad para convencerlos de que compartan sus bienes con aquellas que no tienen lo suficiente para sobrevivir. Si así lo hacen, serán ricos a los ojos de Dios. Esta propuesta es también una crítica a todo sistema que se basa en la acumulación egoísta de los bienes y el dinero; y propone la preocupación activa por el necesitado.
En 12,41-48, continúa el tema de la vigilancia, pero ahora aplicado a aquellos que son “la cabeza” de la comunidad, o mejor dicho para los que deben estar al servicio de la comunidad. Es cierto que el texto original se dirigía a las autoridades religiosas del judaísmo (fariseos y doctores de la Ley), pero las primeras comunidades cristianas lo aplicaron a su propia vida. Jesús puede sorprender a la comunidad llegando como un ladrón inesperado, y por eso la comunidad debe estar siempre atenta y preparada. ¿Cuál es el deber de los líderes? Comprender que su función de autoridad es servir a la comunidad y no dominarla con autoritarismo y prepotencia. En una palabra, servir, generar relaciones de fraternidad y participación. Se puede disculpar a quien no conoce la voluntad de Jesús y se equivoca, pero no al que sabe qué tiene que hacer y cómo hacerlo y no lo hace, o hace lo contrario (11, 47-48).
La tercera parábola (12,41-48) parece dirigirse también a los responsables de la Iglesia, aunque en la predicación de Jesús debía ser una crítica de los jefes del pueblo de Israel. El ministro prudente debe permanecer fiel a su tarea hasta que el Señor venga, sabiendo que es un servidor y hermano, y que no puede actuar irresponsablemente. El presidir la comunidad de los discípulos(as) de Jesús no se puede nunca transformar en poder o autoridad. Es algo que el pueblo de Israel había experimentado previamente: la elección no es un privilegio sino una responsabilidad acrecentada (Jr 2,19; Am 3,2; Os 4,4-11). Y así debemos vivirla todos los creyentes que formamos parte del nuevo pueblo de Dios. La última afirmación (Lc 12,48b) tiene una clara aplicación a los responsables comunitarios, pero puede también aplicarse a todos los que han recibido dones materiales o espirituales.
Fuente: REBICLAR.

