Navidad 2016
Queridos hermanos y hermanas:
La Navidad es puerta abierta para el amor (Jn 1,12). Nos capacita para ser hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Por tanto, es tiempo para revisar desde la humildad y sencillez nuestra relación con Dios y con los demás.
Este tiempo, nos debe servir para recuperar de nuevo el corazón de esta fiesta y descubrir detrás de tanta superficialidad y aturdimiento, el misterio que da origen a nuestra alegría y es causa de nuestra esperanza. Nosotros tenemos motivos profundos para el júbilo radiante de la alegría plena: Dios se ha hecho hombre y ha venido a habitar entre nosotros.
Desde el silencio del corazón, podemos “encontrar” a Jesús con la misma alegría y sencillez de los pastores (Lc 2, 8-20). Ellos, dejando miedos, oscuridad, rebaños y venciendo el frío de la noche, se acercan a Belén y hallaron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Cuentan lo que los ángeles, les habían dicho del Niño. Se fueron, glorificando y alabando a Dios.
Estos pasos deben ser nuestros pasos. Dejar a un lado miedos, apatías, tensiones, indiferencias, envidias, confrontaciones, porque creemos y afirmamos que Jesús es la Buena Noticia y HABITA entre nosotros (Mt 28,20) (Jn 1, 14). Vencer el “frío” de este tiempo oscuro y tenso, cuajado de posibilidades y amenazado por serias dificultades de todo tipo, violencia y miedo. Sabemos que Belén es la luz que disipa nuestras tinieblas de todo tipo y sigue iluminándonos para acertar por la senda de la vida. Tener la sencillez de los pastores, para decirnos “vayamos a Belén” (Lc 2,15) para acercarnos en silencio ante este Niño y acoger desde el fondo de nuestro corazón, mente y ser toda la ternura y cercanía de Dios. Contar con obras y palabras que Cristo es nuestra alegría y nuestra única esperanza. Volver al mundo de nuestro tiempo, anunciando lo que “hemos visto” y llevamos en nuestras vasijas de barro. Proclamar en todo momento y lugar que Belén es el Evangelio de la salvación y de la dignidad humana. Que Navidad, es el canto y defensa a la cultura de la vida. Es la defensa por los más débiles (Lc 10, 29-37).
Debemos de hacer un esfuerzo constante para que los roces de la vida, errores, nuestra propia mediocridad, los cansancios, no nos desgasten y nos lancen al borde del camino. Aceptándonos tal como somos.
Que el Corazón de María, peregrina en la fe, nos ayude a recorrer nuestro camino de fe, contemplando y descubriendo la presencia de Dios en los acontecimientos de la vida, en sus luces y sombras, pero siempre sintiendo la cercanía cariñosa de Dios, que nos convoca a la fiesta de la vida y nos urge a compartirla. (Mt 1-12; 25, 31-46).
¡Feliz Navidad 2016!
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf.
Párroco.

