Los fariseos se han retirado a planear un ataque decisivo contra Jesús. Para ello envían a «unos discípulos»; no vienen ellos mismos; evitan el encuentro directo con Jesús. Defienden el orden vigente y no quieren perder su puesto privilegiado en aquella sociedad que Jesús está cuestionando de raíz.
Jesús no piensa en Dios y el César como dos poderes que pueden exigir, cada uno, sus derechos a sus súbditos. Sabe que a Dios le pertenece «la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes» (salmo 24). ¿Qué puede pertenecer al César, que no sea de Dios? Sólo su dinero injusto.
Si alguien vive enredado en el sistema del César, que cumpla sus «obligaciones», pero quien entra en la dinámica del reino de Dios debe saber que los pobres le pertenecen sólo a Dios, son sus hijos predilectos. Nadie ha de abusar de ellos. Esto es lo que Jesús enseña «conforme a la verdad».
Sus seguidores debemos resistir para que nadie, cercano o lejano, sea sacrificado a ningún poder político, económico, religioso ni eclesiástico. Los humillados por los poderosos son de Dios. De nadie más.
No basta con proponer soluciones técnicas. Es necesaria la conversión de nuestro estilo de vida, la transformación de las conciencias: pasar de la competición a la cooperación.
No se debe sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y ningún poder sacrifica hoy más vidas, y causa más sufrimiento, hambre y destrucción, que esa “dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes, acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.
Lo primero para Jesús es la vida, no la religión. Jesús se preocupa porque en medio de aquella sociedad, se suscite y desarrolle una vida más sana y más digna. Se acerca a quienes viven una vida disminuida, amenazada e insegura, para despertar en ellos una vida más plena. Especialmente a los pecadores y los pobres, que como subraya J. Sobrino, « son aquellos para quienes la vida es una carga pesada pues no pueden vivir con un mínimo de dignidad».
El político cristiano no debe utilizar a Dios para legitimar sus posturas partidistas. La fe cristiana no se identifica con ninguna opción partidista; los valores evangélicos pueden promoverse desde mediaciones técnicas diversas. Esto no significa que se deba arrinconar la fe al ámbito de lo privado. El Evangelio le ofrece al político cristiano una inspiración, una visión de la persona y unos valores que pueden orientar y estimular su quehacer. El gran reto para él es hacer operativos en la vida pública, esos valores que defiendan al ser humano de cuanto le puede deshumanizar. El creyente descubre en su adhesión a Dios, la fuente más genuina de libertad. Quien sabe vivir en la obediencia filial al Padre, se libera de todo ídolo, de todo «césar», de todo señor que pueda esclavizarlo.
Termino recordando las palabras del Papa Pío XII, aquel 7 de mayo de 1950 sobre nuestro Patrón S. A. M. Claret. «Fue un alma grande, nacida como para ensamblar contrastes: pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo. Pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante. De apariencia modesta, pero muy capaz para imponer respeto incluso a los grandes de la tierra. Fue de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia. Siempre en la presencia de Dios, aún en medio de su prodigiosa actividad exterior. Calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y, entre tantas maravillas, como una luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios».
Muchas felicidades en el día de Claret y no olvidemos que “Somos Misioneros”. San Antonio María Claret, Ruega por Nosotros. Amén.
Padre Juan Andrés Hidalgo Lora, CMF
Párroco

