El evangelio de Juan ha conservado el recuerdo de una fuerte crisis entre los seguidores de Jesús. Apenas hay datos, pero se nos dice que a los discípulos les resulta duro su modo de hablar, y quizás también, la adhesión que reclama de ellos. En determinado momento, “muchos discípulos se retiraron y ya no iban con él”. Jesús experimenta que sus palabras no tienen la fuerza deseada, sin embargo, no las retira, sino que se reafirma más.
Jesús no pierde la paz. No le inquieta el fracaso. A los Doce les hace la pregunta decisiva: “¿También ustedes quieren abandonarme?”. No los quiere retener por la fuerza. Les deja la libertad de decidir. Sus discípulos no han de ser siervos sino amigos. Si quieren pueden volver a sus casas. Me gusta ese líder. No tiene miedo. No depende de la aprobación de los demás. Él sabe que dice la verdad, que su verdad es Vida, y que sólo recibirá esta Vida quien la acepte, aunque no entienda nada.
Palabras Increíbles. En la sociedad dominicana vivimos acosados por palabras, comunicados, imágenes y noticias de todo tipo. Ya no es posible vivir en silencio. Anuncios, publicidad, noticiarios, discursos y declaraciones invaden nuestro mundo interior, y nuestro ámbito doméstico. También ha penetrado en algunos sectores de la Iglesia, y debemos preguntarnos: ¿Qué capta la gente en nosotros?, ¿palabras «llenas de espíritu y vida», como eran las de Jesús, o palabras vacías?
A lo largo de los años he oído muchas críticas a la predicación de la Iglesia. Se nos acusa de poca fidelidad al evangelio, de alianza con una u otra ideología política, de poca apertura a la modernidad… Intuyo que quienes hoy se alejan de la Iglesia, querrían saber si al menos para nosotros, nuestras palabras significan algo.
La palabra de Jesús era diferente. Nacía de su propio ser, brotaba de su amor apasionado al Padre y a los hombres. Era palabra creíble, llena de vida y de verdad. Se entiende la reacción espontánea de Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna».
Muchas personas no han tenido la suerte de escuchar sus palabras, con sencillez y de manera directa. Su mensaje les ha llegado, desfigurado y distorsionado por demasiadas doctrinas. Uno de los mayores servicios que podemos realizar en la Iglesia, es poner la persona y el mensaje de Jesús al alcance de los hombres y mujeres de nuestros días. Ponerles en contacto con su persona. Cuando les presentamos a Jesús de manera viva, directa y auténtica, su mensaje resulta más actual que todos nuestros discursos.
¿A Quien Acudiremos? A lo largo de los siglos se ha ido acumulando mucho polvo sobre la persona de Jesús, su actuación y su mensaje. Quizás un cristianismo lleno de buenas intenciones y fervores venerables, ha impedido a muchos cristianos sencillos, encontrarse con la frescura llena de vida de aquel que perdonaba a pecadores y prostitutas, abrazaba a los niños, lloraba con los amigos, contagiaba esperanza e invitaba a los hombres a vivir con la libertad y el amor de los hijos de Dios.
Cuántas personas han tenido que escuchar las disquisiciones de moralistas bien intencionados y las exposiciones de predicadores ilustrados, sin lograr encontrarse con El. Y les surge la pregunta: ¿Por qué vas a ser tú propiedad privada de predicadores, doctores y de algunos eruditos, tú que has dicho cosas tan simples, tan directas que siguen siendo palabras de vida para todos los hombres?
Muchos cristianos que se han ido alejando de la Iglesia, porque no siempre han encontrado en ella a Jesucristo, sentirían de nuevo aquello expresado un día por Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna». Amigos, «nosotros creemos» que en la Eucaristía está la fuente escondida de energía y de sentido. Sólo hay que creer y seguir.
Oración. Oh Dios, Padre de toda la Humanidad, que en Jesús de Nazaret nos has dado una Palabra luminosa que nos trae vida para el mundo; haz que toda la República Dominicana pueda acoger la palabra que, en Jesús has pronunciado para nosotros, y esté atenta también a acoger y asimilar todas las muchas palabras que en otros tiempos y en otros lugares y de muchas maneras has pronunciado para alentar la vida en el Mundo. Nosotros en concreto te lo pedimos inspirados en el Espíritu de Jesús de Nazaret, hijo tuyo, hermano nuestro. Amén.
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf.
Párroco

