Jesús no tolera el miedo, ni quiere que sus seguidores sientan la amenaza del miedo. Quienes creen en Jesús tienen que ser gente sin miedo. ¿Por qué? sencillamente porque el Reino no es una promesa, sino una posesión que ya es de ellos. Y hablar del Reino es hablar de Dios. El don de Dios a sus creyentes es Dios mismo. Jesús no quiere a sus seguidores paralizados por el miedo ni hundidos en el desaliento. No han de perder nunca la confianza y la paz. También hoy somos un pequeño rebaño, pero podemos permanecer muy unidos a Jesús, el Pastor que nos guía y nos defiende. El nos puede hacer vivir estos tiempos con paz y en armonía.
En este relato el Señor nos motiva a despertar a tres realidades: 1) A que tomemos conciencia que pertenecemos a un pequeño rebaño; 2) Que Dios es el Padre bondadoso tuyo y mío y 3) A no tener miedo alguno, porque Él nos ha dado el reino.
¿Cómo podremos liberarnos hoy de nuestros miedos? La expresión “no tengan miedo” aparece 365 veces en la Sagrada Escritura, y la manera de liberarnos es, manteniendo la firmeza, observando a Dios en tu vida como Moisés. Éxodo 14, 13-14: “Moisés respondió al pueblo: -No tengan miedo; manténganse firmes y verán la victoria que el Señor les va a conceder hoy; esos egipcios que están viendo hoy, no lo volverán a ver jamás. El Señor peleará por ustedes; ustedes esperen en silencio”. Y el otro medio es la FE. Juan 14, 1 “No tengan miedo. Crean en Dios y crean en mí. Tenemos que abrir los ojos y ver como Dios está contigo, como te fortalece, te auxilia y te sostiene. Las personas como usted y yo, pueden percibir y experimentar la presencia de Dios en sus vidas y en sus historias cada día. Sólo necesitamos creer en Jesús amando y sirviendo a los demás.
Tener a Dios y ser de Dios, eso, compartido con los demás, es querernos, es darnos, es sentirnos seguros, gozar de lo que más felices nos hace, que es el cariño compartido, la confianza mutua, la seguridad en el otro. El que vive así, vive vigilante. Contagia felicidad. Es buena persona y buen ciudadano. Porque es una persona que, al igual que hizo Dios con Jesús, se ha humanizado hasta el fondo de su ser.
“El Padre de ustedes ha decidido darles el reino”. Jesús se los recuerda una vez más. No han de sentirse huérfanos y abandonados. Tienen a Dios como Padre. Él les ha confiado su proyecto del reino de su Padre. Es su gran regalo para nosotros sus hijos. Lo mejor que tenemos en nuestras comunidades y en nuestra sociedad dominicana, es la tarea de hacer la vida más humana y la esperanza de encaminar la historia hacia su salvación definitiva.
“Vendan sus bienes y den limosna”. Los seguidores de Jesús son un pequeño rebaño, pero nunca han de ser una secta encerrada en sus propios intereses. No vivirán de espaldas a las necesidades de nadie. Serán comunidades de puertas abiertas. Compartirán sus bienes con los que necesitan ayuda y solidaridad. Darán limosna, es decir “misericordia”, “amor” y “anunciarán perdón”. Los cristianos necesitaremos todavía algún tiempo para aprender a vivir en minoría en medio de una sociedad secular y plural. Pero hay algo que podemos y debemos hacer sin esperar a nada: transformar el clima que se vive en nuestras familias y hacerlo más evangélico. El Papa Francisco nos está señalando el camino con sus gestos y su estilo de vida. y nos invita a salir a las periferias humanas.
Hoy nos preguntamos: ¿Dónde encontrar un principio humanizador, desalienante, capaz de liberar a la persona de la superficialidad, la masificación, la banalidad, el aturdimiento y el vacío interior? La fe en Jesús es luz que inspira nuestros criterios de actuación, fuerza que impulsa nuestro compromiso de construir una sociedad dominicana más humana, esperanza que anima todo nuestro vivir diario.
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf, José Antonio Pagola y José María Castillo.

