Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de Él, pues encierra la voluntad del único Dios verdadero. En ella pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios. También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta con solo cumplir la Ley de Moisés; es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.
El tema central es el Misterio de la Encarnación. Dios se ha “encarnado”. Dios se ha humanizado. Dios se nos hace presente, no solo en un ser humano, Jesús. Dios se hace presente en todo ser humano. Al Dios de Jesús no lo encontramos en “lo sagrado”, sino en “lo humano”. Pretender estar bien con Dios, mientras se mantienen relaciones turbias, distantes o perversas con otras personas, es el mayor engaño que sufren las personas religiosas.
En consecuencia: 1) No te acerques al altar, si sabes que alguien tiene alguna queja contra ti. 2) Jamás digas algo que ofenda o moleste a alguien. 3) Antes de ir al juzgado, arregla amistosamente tus problemas. 4) No consientas que te domine el deseo de apropiarte de lo que no te pertenece: ni del marido o la mujer del otro, ni lo que es de otro, sea lo que sea (Ex 20, 17). El juramento está prohibido, o sea, no metas a Dios donde no lo tienes que meter; que tu credibilidad sea tal, que solo baste tu palabra.
Lo más importante que debemos resolver los creyentes en Jesús, no es cómo nos llevamos con Dios, sino cómo nos llevamos y nos portamos con nuestros semejantes. Cuidar mejor las actitudes como la paciencia, el respeto, la discreción, la dulzura, la honradez, el sentido del deber, si queremos vivir de manera más humana, en una sociedad dominicana donde el individualismo, la búsqueda de eficacia o el éxito fácil parecen invadirlo todo. Donde existe la profanación del lenguaje. Donde no está de moda hablar respetuosamente y con delicadeza, y es más frecuente el lenguaje decadente y de mal gusto. Es fácil detectar tres hechos lamentables: la violencia verbal, la maledicencia en el hablar y la vulgaridad sobre todo en la música urbana. ¿Se es cristiano en República dominicana? ¿Soy cristiano yo? El centro del Evangelio es Dios.
El hablar actual en nuestros medios refleja con frecuencia la agresividad que habita el corazón de las personas. De su boca brota un lenguaje duro e implacable. Palabras ofensivas e hirientes, pronunciadas sólo para humillar y despreciar, para descalificar y destruir. ¿Por qué está tan extendido este lenguaje hecho de insultos e injurias? Muchas veces eso proviene de la agresividad, el rechazo o el deseo de venganza. Otras, de la antipatía o la envidia. A veces, de la ligereza e inconsciencia.
La maledicencia en el lenguaje: Las conversaciones están llenas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza. Palabras que no alientan ni construyen.
No ha perdido actualidad la advertencia de Jesús, pidiendo a sus seguidores no insultar al hermano llamándolo «imbécil» o «renegado». Cuando se tiene un corazón noble y una actitud digna, se habla de otra manera, más respetuosa y pacífica.
El Papa Francisco nos dice: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, calumnia, difamación, venganza, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”. El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo se cuidan unos a otros, cómo se dan aliento mutuamente y cómo se acompañan”. Nuestro cristianismo será más humano y evangélico cuando aprendamos a vivir las leyes, normas, preceptos y tradiciones como los vivía Jesús: buscando ese mundo más justo y fraterno que quiere el Padre.
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf, José Antonio Pagola y José María Castillo.

