II Domingo del Tiempo de Navidad
La Palabra de este domingo nos invita a contemplar la sabiduría de Dios que se manifiesta en medio de su pueblo y, al mismo tiempo, quiere habitar en la vida de cada bautizado. Allí, en la humildad de cada hogar. En la Biblia, la sabiduría no es solo saber muchas cosas; es un don de Dios que enseña a vivir bien, a discernir el bien del mal, a elegir caminos que conducen a la vida y a la comunión con Él. Es la inteligencia del corazón que aprende a mirar la realidad con los ojos de Dios y a responder con amor. Así, desde el inicio de este año 2026, se nos recuerda que somos un pueblo llamado a vivir la santidad y a experimentar, desde el bautismo, la fuerza de su caminar guiados por esa sabiduría.
Cuando el Eclesiástico presenta a la Sabiduría que hace su elogio y fija su morada entre el pueblo, expresa que Dios no quiere permanecer lejano, sino acampar en medio de la historia concreta de su gente. La Sabiduría echa raíces en un pueblo elegido, lo acompaña, lo corrige y lo sostiene. Esta imagen se cumple plenamente en la Palabra que se hace carne en Jesucristo y en la presencia del Espíritu Santo que se derrama sobre la Iglesia. Por eso, cada comunidad, cada parroquia y cada familia puede reconocerse como lugar donde Dios quiere habitar, iluminar decisiones y fortalecer la esperanza.
San Pablo, en la carta a los Efesios, proclama que Dios nos ha bendecido con bienes espirituales y que nos ha elegido en Cristo para ser santos e irreprochables por el amor. Esa elección es fruto de una sabiduría que nos supera y nos mira desde la eternidad: antes de que el mundo existiera, Dios ya pensaba en nosotros, ya preparaba un camino de gracia y de herencia para sus hijos. El apóstol pide que se iluminen los ojos del corazón para comprender la esperanza a la que hemos sido llamados. Esa es la sabiduría que necesitamos hoy: una mirada nueva, capaz de descubrir a Dios actuando en lo pequeño y de releer la propia vida como historia de salvación.
El Evangelio de Juan nos lleva al corazón del misterio: la Palabra, que estaba junto a Dios y era Dios, se hizo carne y acampó entre nosotros. En Jesús, la sabiduría eterna se hace rostro, voz y gesto cercano. Su luz brilla en las tinieblas y ofrece a todos el don de llegar a ser hijos de Dios. El Hijo de Dios supo lo que es comenzar la vida sin un techo. ¿Cómo el Hijo de Dios no tiene un techo para vivir? ¿Por qué está sin hogar, por qué está sin un techo? Recibir esta Palabra es abrirse a una forma nueva de pensar y vivir, dejar que el Espíritu Santo venga sobre nosotros y nos enseñe, paso a paso, a elegir lo que construye, une y salva.
Al comenzar el 2026, Bautismo y sinodalidad, camino de santidad, significa justamente caminar juntos bajo la luz de esta sabiduría de Dios. Que en la vida diaria —en las decisiones familiares, en el trabajo, en la comunidad parroquial— nos dejemos guiar por la Palabra y aprendamos a escuchar, a discernir y a actuar movidos por el Espíritu. Así, nuestro pueblo será signo vivo de la presencia de Dios y la sabiduría divina echará raíces cada vez más profundas en la República Dominicana.
Fuente: Guía del Plan Pastoral.

