BAUTISMO DEL SEÑOR
Evangelio: Mateo 3,13-17
En tiempos de Jesús, muchas sectas religiosas practicaban el bautismo. El rito tenía muchos significados, pero lo que fundamentalmente se quería significar con la inmersión en el agua es que la persona moría a su vida pasada, que era arrastrada como por un torrente, y quien emergía de ella era un nuevo hombre a quien, en numerosas ocasiones se le daba un nuevo nombre.
Juan realizaba esta ceremonia para acoger a aquellos que querían ser sus discípulos. Bautizaba a quien deseaba cambiar de vida para prepararse a la venida del Mesías, anunciada como inminente. La primera condición para recibir el bautismo era reconocerse pecadores; por eso los fariseos y los saduceos, que se consideraban justos y sin pecado, no sentían la necesidad de hacerse bautizar.
Entonces ¿por qué se deja bautizar Jesús por Juan? Él no tenía que cambiar de vida, y su gesto podía sugerir la idea de que Juan era superior. Para clarificar esta dificultad, muy sentida entre los primeros cristianos, Mateo introduce en el pasaje el diálogo entre el Bautista que rechaza bautizar a alguien superior a él y Jesús, que insiste para que se cumpla “toda justicia”. Juan debe aceptar y colaborar con la realización del proyecto de Salvación de Dios, aunque le cueste entender el ver al Justo en la fila de los que se van a bautizar
Es ésta una invitación dirigida a reconsiderar actitudes de superioridad, presunción, autocomplacencia por la propia “bondad”, y a suprimir todo lenguaje que pueda sugerir juicio, condena o marginación contra quienes se han equivocado o continúan equivocándose.
Después de esta introducción, Mateo describe la escena siguiente con tres imágenes: la apertura del cielo, la paloma y la voz del cielo.
La apertura del cielo: está aludiendo de manera explícita a un texto del Antiguo Testamento, a un pasaje del profeta Isaías. En los últimos siglos antes de Cristo, se había extendido en el pueblo de Israel la creeCada uno de nosotros somos hijos predilectos de Dios
BAUTISMO DEL SEÑOR
Evangelio: Mateo 3,13-17
En tiempos de Jesús, muchas sectas religiosas practicaban el bautismo. El rito tenía muchos significados, pero lo que fundamentalmente se quería significar con la inmersión en el agua es que la persona moría a su vida pasada, que era arrastrada como por un torrente, y quien emergía de ella era un nuevo hombre a quien, en numerosas ocasiones se le daba un nuevo nombre.
Juan realizaba esta ceremonia para acoger a aquellos que querían ser sus discípulos. Bautizaba a quien deseaba cambiar de vida para prepararse a la venida del Mesías, anunciada como inminente. La primera condición para recibir el bautismo era reconocerse pecadores; por eso los fariseos y los saduceos, que se consideraban justos y sin pecado, no sentían la necesidad de hacerse bautizar.
Entonces ¿por qué se deja bautizar Jesús por Juan? Él no tenía que cambiar de vida, y su gesto podía sugerir la idea de que Juan era superior. Para clarificar esta dificultad, muy sentida entre los primeros cristianos, Mateo introduce en el pasaje el diálogo entre el Bautista que rechaza bautizar a alguien superior a él y Jesús, que insiste para que se cumpla “toda justicia”. Juan debe aceptar y colaborar con la realización del proyecto de Salvación de Dios, aunque le cueste entender el ver al Justo en la fila de los que se van a bautizar
Es ésta una invitación dirigida a reconsiderar actitudes de superioridad, presunción, autocomplacencia por la propia “bondad”, y a suprimir todo lenguaje que pueda sugerir juicio, condena o marginación contra quienes se han equivocado o continúan equivocándose.
Después de esta introducción, Mateo describe la escena siguiente con tres imágenes: la apertura del cielo, la paloma y la voz del cielo.
La apertura del cielo: está aludiendo de manera explícita a un texto del Antiguo Testamento, a un pasaje del profeta Isaías. En los últimos siglos antes de Cristo, se había extendido en el pueblo de Israel la creencia de que el cielo se había cerrado. Indignado por los pecados y la infidelidad de su pueblo, Dios se habría recluido en su mundo poniendo fin al envío de profetas y rompiendo así todo diálogo con el hombre. Los israelitas lo invocaban así: “Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla y tú el alfarero; somos obra de tu mano. No te irrites tanto, Señor, no recuerdes siempre nuestra culpa: mira que somos tu pueblo… “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!” (Is 64,7-8; 63,19).
Afirmando que con el comienzo de la vida pública de Jesús los cielos se rasgaron, Mateo da a sus lectores la sorprendente noticia: Dios ha escuchado la súplica de su pueblo, ha abierto de par en par el cielo y no lo cerrará ya más. Ha terminado para siempre la enemistad entre el cielo y la tierra.
La segunda imagen es la de la paloma. Mateo no dice que una paloma haya descendido del cielo. Dice que Jesús vio al Espíritu de Dios descender del cielo “como una paloma y posarse sobre él”. El Espíritu, baja sobre Jesús y se posa como una paloma: es todo ternura, afecto, bondad. Movido por el Espíritu, Jesús se acercará a los pecadores siempre con la dulzura y la amabilidad de la paloma.
La tercera imagen es la voz del cielo tiene por objetivo definir, en nombre de Dios, la identidad de Jesús. Podemos decir que es una nueva epifanía.
P. Jesús María Amatria, cmf.
ncia de que el cielo se había cerrado. Indignado por los pecados y la infidelidad de su pueblo, Dios se habría recluido en su mundo poniendo fin al envío de profetas y rompiendo así todo diálogo con el hombre. Los israelitas lo invocaban así: “Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla y tú el alfarero; somos obra de tu mano. No te irrites tanto, Señor, no recuerdes siempre nuestra culpa: mira que somos tu pueblo… “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!” (Is 64,7-8; 63,19).
Afirmando que con el comienzo de la vida pública de Jesús los cielos se rasgaron, Mateo da a sus lectores la sorprendente noticia: Dios ha escuchado la súplica de su pueblo, ha abierto de par en par el cielo y no lo cerrará ya más. Ha terminado para siempre la enemistad entre el cielo y la tierra.
La segunda imagen es la de la paloma. Mateo no dice que una paloma haya descendido del cielo. Dice que Jesús vio al Espíritu de Dios descender del cielo “como una paloma y posarse sobre él”. El Espíritu, baja sobre Jesús y se posa como una paloma: es todo ternura, afecto, bondad. Movido por el Espíritu, Jesús se acercará a los pecadores siempre con la dulzura y la amabilidad de la paloma.
La tercera imagen es la voz del cielo tiene por objetivo definir, en nombre de Dios, la identidad de Jesús. Podemos decir que es una nueva epifanía.
P. Jesús María Amatria, cmf.

