
Reflexión del sexto domingo del tiempo ordinario
(Mateo 5, 17-37)
Entre los primeros cristianos existían diferentes opiniones sobre la interpretación de la ley de Moisés. Para unos ya no tenía sentido porque había venido Jesús. Para otros, la Ley debía cumplirse hasta en los mínimos detalles. Mateo intenta mediar entre estas dos opiniones que se daban dentro de su comunidad. Para esto, Mateo pone en boca de Jesús estas palabras que proponen una vivencia de la ley desde dentro, buscando el fondo de lo que quiere decir la ley. Las enseñanzas de la ley y de los profetas no deben quedarse en cumplir una larga serie de mandatos o preceptos, sino que nos tienen que hacer pensar en cuál es la voluntad de Dios.
Su justicia debe ser mejor que la justicia de los maestros de la ley y de los fariseos (5,20): Este versículo da la clave general para entender todo lo que sigue (Mt 5, 20-48). En torno a cinco mandamientos de la antigua ley, Mateo reúne frases de Jesús que explican estos mandamientos. Quiere mostrar a las comunidades cómo se debe practicar la justicia mayor, la que busca la voluntad de Dios a fondo, y que supera a la justicia de los maestros de la ley y de los fariseos.
Jesús revela lo que Dios quería cuando entregó la Ley a Moisés (5,21-22): La ley dice: “No matarás” (Ex 20,13). Para cumplir este quinto mandamiento no basta evitar el asesinato. Es necesario arrancar de dentro de sí todo aquello que de una u otra forma puede hacer daño, como por ejemplo la rabia, el odio, el insulto, el deseo de venganza, la explotación, entre otras cosas.
El verdadero culto que Dios quiere: (5,23-24): La ofrenda ante el altar carece de valor si despojamos u olvidamos al hermano. El asunto es claro: si un “hermano tuyo tiene algo contra ti”. Esa es la referencia, el otro. La reconciliación con el hermano implica respetar sus derechos y abrirle nuestro corazón a través de gestos concretos. Pero tampoco debemos quedarnos en eso, es necesario regresar a presentar la ofrenda. Oración y compromiso son inseparables. Celebrar la fe exige la creación de la fraternidad humana. Sólo así nuestro lenguaje será auténtico: un “sí, sí; un no, no”. La reconciliación es uno de los puntos en los que más se insiste en el evangelio de Mateo. Esto nos muestra que, en las comunidades de aquella época, había muchas tensiones entre grupos radicales con tendencias diferentes. No había diálogo. Mateo ilumina esta situación con palabras de Jesús sobre la reconciliación que pide acogida y comprensión. El único pecado que Dios no consigue perdonar es nuestra falta de perdón a los otros (6,14).
Adulterio y separación: Se trata de dos cuestiones relacionadas con la vida matrimonial que eran muy discutidas entre los maestros judíos de la época, y que lo fueron más tarde entre los cristianos. También para estos casos vale la regla general, porque el adulterio empieza en el corazón; es allí donde nacen los deseos que después se traducen en hechos. En la cultura mediterránea el ojo era el órgano a través del cual se manifestaban algunos malos deseos, sobre todo la envidia y la avaricia. Por su parte, la mano era el órgano de la acción, a través del cual podían llevarse a cabo estos deseos, que nacen del corazón. La invitación que Jesús hace a los discípulos es clara: hay que actuar en las raíces, en el corazón, allí donde se deciden la vida y las acciones del hombre. Relacionado con el tema del adulterio, se plantea el problema de la separación matrimonial (5,31-32), que estaba regulada por la ley judía. Aquí las palabras de Jesús son claras y corrigen la ley antigua. En Mt 19,1-9 Jesús dice que Moisés permitió a los israelitas separarse de sus mujeres debido a la dureza de su corazón, pero en el designio del Creador, el hombre y la mujer que se unen deben permanecer unidos para siempre. A pesar de esta regla general, en la comunidad de Mateo existía un caso en el que el divorcio era lícito, del que también se habla en Mateo 19, 9: el concubinato o adulterio. Es probable que se trate de una concesión hecha a los cristianos de origen judío, para que el marido de una mujer infiel pudiera casarse con otra, pues la infidelidad de la mujer convertiría la unión primera en ilegal o inválida.
¡Busca la reconciliación antes de que sea demasiado tarde!
Fuente: Red Bíblica Claretiana (REBICLAR).

