CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – AÑO A
Evangelio: Juan 9,1-41
En el pasaje bíblico que se nos propone en el cuarto domingo de Cuaresma del Ciclo A, Juan aprovecha un episodio de la vida de Jesús y lo utiliza para desarrollar el tema central del mensaje cristiano: Jesús es la luz del mundo, nuestro salvador.
Para comprender la densidad del mensaje del evangelio de hoy hay que tener presente que está situado en el contexto de las de la fiesta de las Chozas, la más popular de las fiestas judías. Duraba una semana y se caracterizaba por la explosión de alegría popular y las liturgias de la luz y del agua. En esta fiesta Jesús dirá de sí mismo “Quien tenga sed venga a mí; y beba quien crea en mí” (Jn 7,37-38a). Y posteriormente también dijo: “Yo soy la luz mundo, quien me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12).
Vamos a dividir el texto en 7 partes que nos ayudarán a entender su significado:
- El diálogo entre Jesús y sus discípulos cuya intención es mostrarnos el simbolismo de la curación del ciego de nacimiento y el mensaje central: Jesús “es la luz del mundo”. Frente al mal, no tiene sentido preguntarse quién es el culpable; lo único que hay que hacer es comprometerse a eliminarlo, como ha hecho Jesús.
- Posteriormente se narra de manera muy esquemática la curación del ciego. El evangelista quiere insinuar la idea que, del soplo, del Espíritu de Jesús, nace el hombre nuevo, iluminado. El ciego no recupera inmediatamente la vista, debe ir a lavarse en el agua de Siloé y Juan hace notar que este nombre significa La referencia a Jesús, el enviado del Padre es explícita: es su agua, la prometida a la Samaritana, la que cura la ceguera del mundo.
- Iluminado por Jesús, el ciego, se ha vuelto irreconocible, ha cambiado. Sus vecinos de toda la vida se preguntan: “¿Es él o no es él?”. Es la imagen del hombre que, desde el día en que se ha convertido en discípulo, ha sido trasformado hasta el punto de no parecer la misma persona.
- Intervienen las autoridades religiosas y someten al ciego a un segundo interrogatorio. Han decidido ya que deben condenar a Jesús porque no se adecua a la idea que ellos tienen de un hombre religioso. Son ciegos convencidos de que ven.
- Pasamos a un nuevo interrogatorio. Esta vez las autoridades llaman a declarar a los padres del ciego. El poder hace que incluso los padres del ciego tengan miedo de ponerse de parte del hijo.
- Vuelven a llamar a declarar al ciego de nacimiento. En las respuestas de este se notan las actitudes y valores de quien ha sido iluminado por Cristo. Resiste a las presiones y al miedo. Sufre el acoso de las autoridades, pero no renuncia a la luz recibida. Antes que obrar contra conciencia, prefiere ser expulsado de la institución.
- Y al final reaparece Jesús. Todo se ha desarrollado hasta ahora como si Jesús no existiese. No ha intervenido; ha dejado que el ciego se las arregle solo en medio a las dificultades y los conflictos. El discípulo iluminado no tiene necesidad de la presencia física del Maestro; le basta la fuerza de su luz para mantenerse firme en la fe y tomar decisiones coherentes.
El ciego realiza un itinerario de fe que corresponde al de todo discípulo: al principio, Jesús es para él un simple “hombre”; después se convierte en un “profeta”; seguidamente es “un hombre de Dios” y finalmente es “el Señor”. Este último título es el más importante, aquel con el que los cristianos proclamaban su fe. ¡Caminemos con Jesús iluminados por su luz!
Jesús María Amatria, CMF.

