ASCENSIÓN DEL SEÑOR – AÑO A
EL TIEMPO DE LA IGLESIA
Mateo sitúa el encuentro con Jesús resucitado no en Jerusalén, sino en Galilea. Este contexto geográfico tiene un valor teológico, el evangelista nos quiere decir que la misión de los apóstoles comienza en el mismo lugar geográfico donde Jesús la había comenzado, en Galilea. Región despreciada. Estaba habitada por una población diversa, producto de una mezcla de razas. Se le designaba “la tierra de los gentiles”, es decir, de los paganos.
El Resucitado se encuentra con los discípulos en la montaña. Conocemos bien el significado de la montaña. Es el lugar de las manifestaciones de Dios; se manifestó a Moisés y a Elías en la cima de una montaña.
Mateo sitúa a Jesús en el monte cada vez que enseña o realiza algún acto particularmente importante. Por tanto. Podemos considerar que el enviar a los discípulos al mundo es un acontecimiento decisivo. Reciben el poder de la misión quienes en el monte han experimentado al Señor resucitado y han asimilado su mensaje.
“algunos apóstoles dudaron, nos dice Mateo. La comunidad cristiana no está formada por personas perfectas, sino por aquellas en quienes el bien y el mal, la luz y la oscuridad, siguen presentes. Los primeros discípulos tienen fe, pero aún tienen dudas e incertidumbres. Es posible creer en Cristo y tener dudas. Lo contrario es imposible: la fe no puede coexistir con la evidencia concreta. Al igual que los apóstoles, nosotros también tenemos una profunda convicción de la verdad de la resurrección de Cristo, pero no podemos probarla y algunos hasta dudamos.
En la segunda parte del texto que nos propone la liturgia de hoy, los apóstoles son enviados a evangelizar al mundo entero. Durante su vida pública ya Jesús los había enviado a anunciar el reino de los cielos a los judíos, pero después de la Pascua, su misión se expande y se vuelve universal.
La luz se encendió en Galilea cuando Jesús, tras dejar Nazaret, se estableció en Cafarnaúm. “El pueblo que vivía en tinieblas vio una gran luz; sobre los que habitaban en tierra de sombra de muerte resplandeció una luz”. Ahora la su luz debe brillar en todo el mundo. Como anunciaron los profetas, Israel se convierte en la “luz de las naciones”
Decíamos que es un momento decisivo. Jesús fue enviado por el Padre para traer el mensaje de salvación; ahora, confía esta tarea a la comunidad de los discípulos, otorgándoles un amplio abanico del poder que posee. La Iglesia está llamada a hacer presente a Cristo en el mundo. Mediante el bautismo, genera nuevos hijos insertos en la comunión de la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es una misión sublime pero difícil; inspira asombro y temor en quienes son llamados a llevarla a cabo.
Toda vocación conlleva temor humano, pero tenemos la promesa de Dios que nos asegura: “No temas, yo estoy contigo”.
La promesa del Señor resucitado a sus discípulos, que están a punto de dar sus primeros pasos misioneros, no puede ser más clara, “He aquí que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. El Evangelio de Mateo concluye como empezó, con la invocación a Emmanuel, el Dios que está con nosotros, el nombre con el que los profetas anunciaron al Mesías. ¡Gracias Señor Jesús, esperamos pacientes tu regreso!
Jesús María Amatria, CMF.

