Era tentado por el demonio.
Toda persona que no quiera vivir alienada, debe saber mantenerse lúcida y vigilante ante las posibles equivocaciones que puede cometer en la vida. Quizás, una de las aportaciones más válidas de Jesús de Nazaret es la de poder ofrecer a quien le conoce y sigue, la posibilidad de ser cada día más humano.
En la vida no todo es crecer, avanzar o ganar. Hay muchos momentos en que la persona puede conocer la crisis sicológica, la enfermedad física o el oscurecimiento de la luz. Algo se rompe entonces en nosotros. Comenzamos a experimentar la vida como pérdida, límite o disminución. Ya no estamos tan seguros de nada. Ya no hay alegría en nuestro corazón. No somos los mismos.
La crisis nos obliga a preguntarnos por nuestras raíces: ¿cuál es la verdad última que nos motiva e inspira?, ¿dónde se apoya realmente nuestra vida? Hay una verdad rutinaria que nos mantiene en el día a día, pero hay una verdad más honda que, tal vez, sólo emerge en nosotros en momentos de crisis y debilidad. El creyente vive este proceso como una experiencia de salvación. Ahí está Dios sanando nuestro ser. Y el mejor signo de su presencia salvadora es esa alegría interior humilde. Una alegría que nace del centro de la persona, cuando se abre a la luz de Dios.
El hombre dominicano de hoy, ansía vivir cada vez más, cada vez mejor, cada vez más intensamente. Pero, ¿vivir qué?, ¿vivir para qué? Los que nos gobiernan nos dicen que estamos mejor equipados que nunca, para vivir una vida sana y de mejor calidad. Pero, ¿qué es un hombre sano? ¿Qué es una vida de calidad humana?
El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio aislado que acontece en un momento y en un lugar determinado. Es una narración que contiene una enseñanza que sirve de norma para la vida. Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones, “el diablo se alejó de él hasta el momento oportuno”. Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores. Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores conocerán bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos, si no quieren desviarse de él.
El relato es sobrecogedor. En el desierto se puede escuchar la voz de Dios, pero se puede sentir también la atracción de fuerzas oscuras que nos alejan de él. El diablo tienta a Jesús empleando la Palabra de Dios y apoyándose en salmos que se rezan en Israel. Hasta en el interior de la religión se puede esconder la tentación de distanciarnos de Dios.
La primera equivocación es la de considerar la satisfacción de las necesidades materiales como el objetivo último y absoluto. Según Jesús, el hombre se va haciendo humano cuando aprende a escuchar la Palabra del Padre, que le llama a vivir como hermano. Entonces descubre que ser hombre es compartir, y no poseer; dar, y no acaparar; crear vida, y no explotar al hermano, viviendo sordos a la voz de Dios que nos sigue gritando ¿dónde están tus hermanos?
La segunda equivocación es la de buscar el poder y la gloria, el éxito y el triunfo personal, por encima de todo y a cualquier precio. Según Jesús, el hombre acierta, no cuando busca su propio prestigio y poder en la competencia y la rivalidad con los demás, sino cuando es capaz de vivir en el servicio generoso y desinteresado a los hermanos, tan necesitados de amor y de esperanza.
La tercera equivocación es la de tratar de resolver el problema último de la vida, sin riesgos, luchas ni esfuerzos, utilizando interesadamente a Dios de manera mágica y egoísta. Según Jesús, entender así la religión es destruirla. La verdadera fe no conduce a la pasividad, la evasión de la realidad y el absentismo ante los problemas. Al contrario, quien ha entendido un poco lo que es ser fiel a un Dios, Padre de todos, se arriesga cada día más, en la lucha por lograr una sociedad dominicana de hombres más libres. Siempre será tentador para algunos, utilizar el espacio religioso para buscar reputación, renombre y prestigio. Pocas cosas son más ridículas en el seguimiento a Jesús, que la ostentación y la búsqueda de honores. Hacen daño a la Iglesia y la vacían de verdad. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta y difunde su amor.
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf, José Antonio Pagola y José María Castillo.

