Emmanuel significa Dios-con-nosotros
Los hebreos no les ponían a las personas un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el «nombre», como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella. Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo, el profundo significado del nombre de ese personaje del que hablará, a lo largo de todo su evangelio. El «nombre» de ese niño que todavía no ha nacido es «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados».
El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno. El secreto consiste, sobre todo, en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acoger con corazón sencillo, esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de “acoger” la paz, la vida, el amor, el perdón… que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.
Normalmente, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos como San José, con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No debemos inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros, nos irá apaciguando, liberando y sanando.
Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo veinte, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, “esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre”. El misterio último de la vida, es un misterio de bondad, de perdón y salvación que está con nosotros: dentro de todos y en cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad.
Dios está con nosotros. No pertenece a una religión u otra. No es propiedad de los cristianos. Tampoco de los buenos. Es de todos sus hijos e hijas. Está con los que lo invocan y con los que lo ignoran, pues habita en todo corazón humano, acompañando a cada uno en sus gozos y sus penas. Nadie vive sin su bendición. No escuchamos su voz. No vemos su rostro. Su presencia humilde y discreta, cercana e íntima, nos puede pasar inadvertida. Si no ahondamos en nuestro corazón, nos parecerá que caminamos solos por la vida.
Dios está con nosotros. No grita. No fuerza a nadie. Respeta siempre. Es nuestro mejor amigo. Nos atrae hacia lo bueno, lo hermoso, lo justo. En él podemos encontrar luz humilde y fuerza vigorosa para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte. Cuando nadie nos comprende, él nos acoge. En momentos de dolor y depresión, nos consuela. En la debilidad y la impotencia nos sostiene. Siempre nos está invitando a amar la vida, a cuidarla y hacerla siempre mejor. Está en los oprimidos, defiende su dignidad, y en los que luchan contra la opresión, alienta su esfuerzo. Está en todos, llamándonos a construir una vida más justa y fraterna, más digna para todos, empezando por los últimos. Despierta nuestra responsabilidad y pone en pie nuestra dignidad. Fortalece nuestro espíritu para no terminar esclavos de cualquier ídolo. Está con nosotros salvando lo que nosotros podemos echar a perder. Está en la vida y estará en la muerte. Nos acompaña cada día y nos acogerá en la hora final, en la que también estará abrazando a cada hijo, rescatándonos para la vida eterna. Esto es lo que celebramos los cristianos en las fiestas de Navidad: creyentes, menos creyentes, malos creyentes y casi increyentes. Esta fe sostiene nuestra esperanza y pone alegría en nuestras vidas.
Muchas felicidades y no olvides. Ya nunca estarás solo. Nadie está solo. En todos nosotros está Dios. Ahora sabes algo de la Navidad. Puedes celebrarla, disfrutar, abrazar y felicitar. Puedes gozar con los tuyos y ser más generoso con los que sufren y viven tristes. Y como San José en cualquier circunstancia difícil, puedes recibir la luz y la fortaleza para tomar una decisión valiente. Ánimo. Dios te bendiga.
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf y José Antonio Pagola.

