Las tentaciones de Jesús en el desierto. Se trata de una narración con un sentido simbólico-teológico. Se dan durante toda la vida de Jesús. O mejor dicho, aparecen durante todo el ministerio público de Jesús.
“EMPUJADO POR EL ESPÍRITU”. Fue un hombre llevado por el Espíritu, no por otros intereses o apetencias de su propio ego. No se dejó llevar por el egoísmo de los hombres, sino por el Espíritu. Abierto a la novedad de la vida. No está estático ni atado a un lugar… Es el hombre libre.
“AL DESIERTO”. El Espíritu lo lleva al desierto. Geográficamente, el desierto es un lugar de peligro, de inseguridad, donde la vida corre peligro: “Vivía entre alimañas”. Jesús no optó por un lugar de confort, sino donde la existencia humana está amenazada.
¿De qué lado de la historia nos situamos? Soren Kierkegaard dice: No se anuncia el Evangelio del mismo modo, desde una choza que de un palacio. Existencialmente, el desierto era, en aquella sociedad antigua, una ruptura con el sistema de vida y la sociedad en que se vivía. En el antiguo Egipto era un fenómeno que se producía entre personas desarraigadas, deudores que no tenían resuelta su situación económica, o descontentas con el orden social imperante.
Jesús se puso del lado de los perdedores de la historia. De aquellos que la sociedad descarta y desecha. No de los vencedores de la historia, humanamente hablando. Él terminó su vida como un perdedor de la historia: la muerte en cruz. Siempre que los cristianos anteponemos nuestro bienestar a las necesidades de los últimos, nos alejamos de Jesús.
El milagro. Es la primera tentación de Jesús, sentirse importante realizando cosas milagrosas: “Convertir piedras en panes…”. Es vivir y reducir la fe al plano de los milagros. Entender la fe desde lo mágico-religioso. Es también la tentación de buscar las cosas por la vía de lo más fácil, evitando lo que conlleva esfuerzo y sacrificio.
El poder. La segunda tentación de Jesús fue realizar la misión desde el poder y la gloria. “Le mostró los reinos del mundo y su gloria… Todo esto te daré…”. La tentación de adorar a otros dioses: arrodillarse. Sustituir a Dios. La imagen que tiene mucha gente sobre la Iglesia es la de una institución rica y poderosa, vinculada a la clase social dominante, y defensora del statu quo (Es decir, de lo establecido). El Papa Francisco dice: El poder no es del Evangelio. Nada más contrario al Evangelio que el poder. Jesús no otorga ni confiere poder. El poder del que habla el evangelio es un poder para sanar y liberar. Pero no da un poder como cargo en el mundo social. El mundo ni las personas nos humanizamos con la fuerza del poder. Quienes siguen a Jesús buscando poder y gloria están sucumbiendo a esta tercera tentación.
Papa Benedicto XVI decía: “Su verdadero contenido se hace visible si miramos cómo, a través de la historia, asume una configuración siempre nueva. El imperio cristiano intentó muy pronto hacer de la Fe un factor político de su unidad. El reino de Cristo debería asumir la configuración de un reino político y de su gloria. La debilidad de la Fe, la fragilidad terrena de Jesucristo debía sostenerse con un poder político y militar. En todos los siglos esta tentación de asegurar la Fe con el poder, ha vuelto a presentarse de múltiples formas, y siempre la fe ha corrido el riesgo de quedar ahogada precisamente por los abrazos del poder. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para lograr que el reino de Jesús no se identifique con ninguna forma política, debe librarse hasta el fin de los siglos. En efecto, el precio por la unión de Fe y el poder político se paga siempre al final, con el hecho de que la Fe queda al servicio del poder y debe someterse a sus criterios”. “El poder de Dios en el mundo es discreto, no busca ostentación. Lo revela, no solamente el relato de las tentaciones, sino también la vida entera de Jesús”. Cuando los seguidores de Jesús buscamos «quedar bien» más que «hacer el bien», nos alejamos de él.
Lo espectacular. La tercera tentación de Jesús fue la de hacer algo espectacular, algo que podía haberle hecho arrancar del público un fuerte aplauso: “Arrójate desde lo más alto del templo, y los ángeles te recogerán…”. Jesús rechazó ser un acróbata…
La tentación de organizar y vivir la religión como un sistema de creencia que da falsa seguridades. Caminar sin tropiezos ni riesgos de ningún tipo. Todo es maravilloso. Con Dios, todas las cosas salen bien. Buscando siempre el reconocimiento, la aprobación, el aplauso de los demás. El reino de Dios no se impone con poder, se ofrece con amor. La Iglesia tiene que ahuyentar hoy todas las tentaciones de poder, gloria o dominación, gritando con Jesús «Vete, Satanás». El poder mundano es una oferta diabólica. Cuando los cristianos lo buscamos, nos alejamos de Jesús.
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf Agustín Guzmán Martínez y José Antonio Pagola.

