DEL SUFRIMIENTO A LA BENDICIÓN: EL MENSAJE DE JESÚS
Evangelio: Lucas 6,17.20-26
Bendito significa: “Felicitaciones por la elección que has hecho”. Estos cumplidos los dirige a cuatro categorías de personas e invita a cuidar en no caer en otras cuatro opciones opuestas y peligrosas porque son atractivas y aparentemente gratificantes.
En tiempo de Jesús, era común el recurso a las bienaventuranzas para transmitir una enseñanza. Recordamos como más significativas las de Mateo y las de Lucas que son las que se proponen en el evangelio de hoy,
Podemos comprobar en primer lugar que las bienaventuranzas pronunciadas y los ¡ay de ti! no son para la multitud sino solo para los discípulos y, en última instancia, para la comunidad cristiana. “Había una gran multitud de sus discípulos y una gran multitud de personas… levantó la vista hacia sus discípulos y dijo: Bienaventurados ustedes, pobres…”
Comencemos con la primera Bienaventuranza: ¡Felices los pobres! ¿quién es pobre en el sentido evangélico? Pobre es el que, iluminado por la Palabra de Cristo, da a los bienes su valor apropiado, aprecia los bienes, los estima; sabe que son un regalo de Dios. Precisamente porque son un regalo, uno no debería apropiarse de ellos. Se da cuenta de que no le pertenecen, que solo es un administrador y los invierte de acuerdo con los planes del Maestro. Es alguien que imita al Padre del cielo que, aunque lo posee todo, es infinitamente pobre porque no guarda nada para sí mismo; es un total don. El ideal del cristiano no es la pobreza, sino un mundo de pobres evangélicos, un mundo donde nadie acumula para sí mismo, nadie desperdicia, y cada uno pone a disposición de los hermanos todo lo que ha recibido de Dios. “¡Felices los pobres!” no es un mensaje de resignación sino de esperanza, esperanza en un mundo nuevo donde nadie pase necesidad.
“Felices los que ahora pasan hambre, porque serán saciados” Jesús asegura a sus discípulos “El Señor te saciará”. A través de ti, Dios construirá el nuevo mundo en el que toda hambre, cada necesidad, será satisfecha; a través de ti, Dios preparará un banquete para todos aquellos que no tienen el mínimo requerido para la subsistencia, a través de ti Él dará alimento a los hambrientos.
La tercera Bienaventuranza: “Felices los que ahora lloran, porque reirán” toma en consideración un estado de angustia y dolor. Quien se hizo pobre experimenta tristeza y desesperación porque, a pesar de todos sus sacrificios y compromisos, no ve resueltos de manera inmediata y milagrosa los problemas de los pobres. Experimenta la decepción e incluso llega al punto de llorar. Dios los consolará transformando su grito en gozo. Las semillas del bien que Él arroja en dolor crecerán y darán abundante fruto.
La última Bienaventuranza: “Felices cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y desprecien…”, es diferente de las anteriores. Es más larga; no describe la condición actual de los discípulos, sino que anuncia que algo doloroso sucederá en el futuro; no contiene la promesa de una reversión de la situación, sino que los invita a regocijarse incluso cuando se convierten en objeto de persecución debido al Hijo del Hombre.
Quien piensa en los propios intereses, se pierde detrás de los halagos y la seducción de la riqueza, quien acumula para sí mismo y despilfarra, mientras que otros lloran y mueren de hambre, es “maldito”. No es que Dios lo odie o lo castigue. Él es “maldito” porque ha tomado la decisión equivocada. Se colocó fuera del “Reino de Dios”. Recibe la alabanza y los cumplidos de las personas, pero no los de Dios.
- Jesús María Amatria, CMF.

