LOS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES.
Apreciados hijos muy amados de Dios, hoy iniciamos la quinta semana del tiempo ordinario. Cada lectura que escucharemos nos motiva a la confianza y al seguimiento. Entraremos con el relato de la pesca milagrosa, que es resultado de la fuerza que tienen las palabras del maestro. Esta pesca es la que prepara a los discípulos para seguir a Jesús y aceptar la misión que se les encomendaría.
Hoy, en tu vida, Dios también puede hacer un milagro contigo que estás triste y decepcionado, porque no encuentras qué comer o no sabes dónde tirar las redes para pescar algo de comer. Pero hoy, ese Padre de amor te invita a que tengas fe y tu confianza puesta en el que no te va a defraudar.
Es un día propicio para mirar a nuestro alrededor y analizar nuestra vida interior y verificar qué cosas también yo estoy haciendo por los demás, y que las cosas que tú hagas para ayudar a tus hermanos o a estar en comunión con Dios, no sean para agradar o para que otros te vean a ti. Tampoco te andes fijando, ni criticando a los demás como hacían los fariseos, que buscaban el mínimo detalle para poder señalar y criticar a otros.
Jesús, con su presencia, nos invita a no estar tristes, afligidos o angustiados mientras él está en nuestras vidas, pues mientras Jesús permanezca entre los suyos, eso nos mantiene en profunda comunión con él y nos invita a tener nuestro corazón alegre, que es signo de la presencia activa de Dios. Sólo cuando no se está en sintonía con el reino de Dios, nuestra vida se llena de tristeza y de opresión, pero cuando el amor de Dios llena la vida del ser humano, la alegría inunda su vida.
El evangelio presenta a un Jesús cercano a la gente sencilla. Y nos encontramos hoy junto a la orilla del lago de Galilea; lugar escogido por Jesús para iniciar su misión. Jesús se hace presente, no en un lugar sagrado, sino en un ámbito de trabajo diario. Él llega como luz ante estos hijos; entra en la vida de estos y les trae la libertad. Pues los necesita y quiere contar con ellos. Estos hombres han trabajado mucho sin ningún resultado.
Los discípulos obedecen el mandato que el Señor les da, lanzan las redes a pesar de pasar una noche sin coger nada. Y es Simón quien está a la cabeza del grupo. En un primer momento siente en lo humano que es inútil hacer aquello, pero se deja llevar y también confía, obtiene así un resultado inesperado. Por eso es por lo que su misión les exige un cambio, porque ahora ellos deben cambiar de red y pescar almas para el reino.
Pedro presenta su barca al Maestro, y dócil a las órdenes logran conseguir una redada de peces. Necesitan ayuda para llevar las redes y es justo Pedro quien reconoce su pequeñez y la grandeza de Jesús. Se pone a sus pies seguido por sus compañeros. Vemos también como Simón nos enseña primero, a reconocer a Jesús como Maestro, y después lo proclama Señor. Dándole el lugar que le correspondía a Jesús.
Cuánta falta hace hoy que podamos dejar todo y seguir a Jesús, que nos podamos reconocer pecadores y tener un cambio de vida, que podamos anunciar y proclamar que es Dios quien vive hoy en mí. Hoy se vislumbra en Jesús una luz que transforma y da vida. Por eso la gente se agrupa para escucharlo; Dios no se ha olvidado de su pueblo, pero tampoco se ha olvidado de ti que estas solo, triste y desorientado. Y que has perdido las ganas de continuar tu camino.
Jesús trae esperanza y manifiesta su poder ante la desesperanza y necesidad que vive el pueblo. Esos que antes habían perdido las ganas de pescar, ahora recibieron abundancia. Jesús nos muestra con esto que va cerca de nosotros y nos trae la buena noticia de que nuestra situación puede cambiar y que a pesar del cansancio él está allí para apoyar. Él se quiere embarcar contigo, quiere que le permitas subir para guiar tu vida, él te quiere hacer pescador, pero con él como guía.
Tú puedes escucharle; él puede llenar tus redes vacías, él se fija en tu pequeñez, él quiere que le abras hoy tu corazón y tu vida, él quiere que, a través de ti, muchos se conviertan. Y que a pesar de las crisis emocionales que pasan y a pesar de vivir en tinieblas y ver todo oscuro, aun se puede confiar en ese Padre bueno que se hace proyecto de vida y esperanza para todos esos que lo aceptan.
En este domingo, de forma especial Jesús nos invita a confiar plenamente en él; a no dejar que nuestras noches oscuras nos dominen pues un día nuevo nos vendrá. Que hoy pueda asumir el reto de hacerme pescador de hombres para que a través de mi testimonio y de mi entrega, yo también pueda dejarlo todo por seguir el camino que me conduce a la vida.
Te invito en este día a poner tu confianza en el Señor, a no quedarte estancado a pesar de los golpes de la vida. Te invito arriesgarte, porque tu vida y tu bienestar están en las manos de Dios. Hoy en día el mundo entero se estremece ante la crisis económica y humanitaria que estamos viviendo. Todo parece confuso, nublado y oscuro. Pero es ahora cuando debemos echar las redes en el nombre del Señor. Confiemos en su palabra que es esperanza para todos los que quieren asumir el proyecto del reino de Dios.
Jesús a ti te quiere llamar y te llama por tu nombre. Para que te acerques a él. No importa tu condición de pecado, él se acerca más a ti para darte ánimo y decirte que no temas, que él está a tú lado. También hoy te invita a tirar las redes para atraer a la presencia del Señor a los hombres y mujeres. Pero hazlo con confianza, y vuelvo y te repito, “no temas, déjalo todo y sígueme”.
La invitación de hoy es a dejar todo y seguir al Señor. Esto implica que tú hagas un cambio en tu vida. Que destierres de ella tus dudas, tus miedos, inseguridades, el odio, el rencor, el resentimiento, la envidia, la avaricia y ese ego que te hace creer mejor que los demás. Deja todas esas cargas que tienes en tu vida, para que ella pueda ser transformada y puedas tener una nueva vida. Para que así en ti se pueda reflejar el amor, la gracia, la entrega y la paz que viene de nuestro Padre Dios.
Pidamos a nuestro Padre Dios que nos permita confiar siempre en él. Que podamos echar las redes y acercar a muchos hijos al camino de la luz. En especial a tantas familias que hoy están sumergidas en las tinieblas por falta de unidad, de compromiso y de perdón. Y que nos conceda la paciencia en medio de las pruebas y nos regale la alegría del evangelio, para poder sembrar el amor a ejemplo de Jesús. Señor, que la barca no se llene de peces, sino de almas perdidas, rescatadas para ti; que vayan a tus pies y que se salven Señor.
Terminemos orando.
«Es tu Padre que te llama. En este mismo momento. Para decirte que tengo un gran amor para ti. También te quiero decir. Que todos los días te pienso. Que nunca te saco dentro. Del corazón que te di. Me gozo verte feliz. Porque quiero verte alegre. Donde vives aquí en la tierra. Y a mi lado también. Amén».
«En tu corazón estoy. Pero ahí me quedaré. Te ayudaré a crecer. En espíritu y verdad. Y también en santidad. Para que estés junto a mí. Tampoco te apartarás. Porque siempre vas conmigo. Pero te quiero y te digo. Que a mi lado estarás. Un letrero llevarás. Grabado en tú corazón. Que te dice tu Señor. Que te quiero más que nunca. Amor te lo doy por mucho. Y no te faltará nunca. Es tanto amor que te doy. Que lo darás a los demás. Amén».
«Yo quiero remar. Que sea mar adentro. Para yo pescar. Y llenar las redes. Que no sea de peces. Que sea de almas. Para que ellas vengan. A tus pies Señor. Qué bueno pescar. Las almas perdidas. Para ti mi Señor. Tú las entrarás. En tu corazón. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

