SUS FAMILIARES LO CREYERON FUERA DE SÍ.
En el Evangelio de hoy continúa la oposición de los jefes del judaísmo a Jesús; lo califican de endemoniado. Y otro sufrimiento mayor, provocado por los parientes, por los suyos, por los más cercanos que no reconocen su mesianismo, quieren sacarlo de su ministerio, y lo acusan: “Estaba fuera de sus cabales”. El Señor sufre el rechazo. Hasta de los suyos, incluso de los lazos familiares, de sus parientes.
Apreciados hijos de Dios, muchas veces en nuestro diario vivir nos sentimos tan cargados de quehaceres, trabajos, compromisos, en fin, muchas cosas que no nos dejan ni descansar bien. Pero también a esto se une nuestra vida familiar, social y espiritual. Lo que conlleva ciertos ajustes en nuestro día a día; en donde debemos priorizar cada cosa en su lugar, dándole espacio a cada una en su momento. Porque si solo nos enfocamos en el trabajo y descuidamos la familia, creamos entonces, disgustos y descuidos.
De igual manera que, si descuidamos la oración, afectaremos nuestro contacto directo con Dios. Y si descuidamos a los amigos de verdad, estos también en algún momento nos darán la espalda. Por esta razón hay que continuar, aun en medio del bullicio y de los afanes, sin descuidar nada y siendo agradecidos. No olvidemos que en este tiempo de crisis muchas familias se han separado. Por la falta de comprensión, de diálogo o por ciertos cambios de actitudes de algunos de sus miembros.
Y aunque en la familia debe reinar la paz y la unidad, no siempre es así, porque algunos solo están cuando necesitan. Pero otros se alejan cuando eres tú que los necesitas y no se hacen presentes. Y en nuestro mundo actual es muy común ver roturas de matrimonios. En donde, en un gran porcentaje, se pone a los hijos por el medio, creando muchas veces una guerra entre los niños cuando uno habla mal del otro. Esto provoca inseguridad y pocos sentimientos de amor, lo cual crea en nuestros hijos grandes traumas. Por eso vemos tanta inseguridad en muchas personas.
El Evangelio de hoy nos muestra un hecho constante en la vida de Jesús, y es entrar en conflictos y críticas. Sólo por su compromiso con la causa del reino. Además, se nos habla de dos cosas: 1ra.: De la gran actividad de Jesús hasta el punto de no tener tiempo ni para comer. 2da.: Nos habla de la reacción contraria de su familia. Podríamos ver en principio, que Jesús solo quiere cumplir con su misión, que es la propagación del reino de Dios. Y por eso lo sigue tanta gente, pero es con el fin de que él les resuelva sus necesidades y, que él continúa con su incansable actividad pastoral, esto crea dudas sobre su conducta. Jesús, sabe su responsabilidad, tiene un amor infinito hacia el Padre y no duda nada para cumplir su misión. Por eso trabaja sin descanso, y si tiene que trabajar todo el día, lo hace, aunque le implicara quedarse sin comer y con muy poco tiempo para descansar, pues Jesús solo sentía pasión por llevar el evangelio a toda la gente.
El Señor hoy nos recuerda que, cuando nos empeñamos en estilos de vida diferentes que exigen todo; en proyectos de la Iglesia, en nuestra vida de oración y que implican nuestros cambios, siempre tendremos obstáculos fuertes, comenzando por familiares y amigos. Ya sea porque no te encuentras en el lugar o en la actividad que frecuentamos, ya por el simple hecho de hacer un cambio en nuestra vida cotidiana, eres causa de escándalo para los de tu entorno.
Además, hemos escuchado la respuesta de Jesús ante el llamado de su madre y de sus hermanos. Pero antes de eso, hemos venido contemplando su camino. Sus opciones, elecciones, gestos y palabras. Y descubrimos que algunos lo siguen mientras que otros ponen en duda su obrar. En este día escuchamos el relato en el cual Jesús se encuentra reunido con aquellos que se disponen a escucharlo, y ahí es donde se acercan a buscarle, donde, si lo vemos de un punto de vista humano, diríamos que su respuesta se escucha un poco ingrata, y cabe notar que él no revela frialdad, ni sentimiento, ni mucho menos desprecio hacia ellos, sino que lo aprovecha para ahí mostrar el reino de Dios:
Cuando él se detiene y dice «El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre». Quiere dejar claro que nos debemos interesar todos por estar a su alrededor y escucharle. Haciéndonos de esta manera participes de sus mismos sentimientos. Otro parentesco con el Señor es cuando cumplimos la voluntad del Señor, obedecemos libremente a un principio superior. Dejarlo todo para seguir su proyecto del reino. Debemos tener pendiente que Jesús no niega sus relaciones familiares, (madre, hermanos). Al contrario, le da un nuevo significado. El Señor tiene un corazón universal, no se limita a unos cuantos.
Las únicas fronteras de su familia son las fronteras del mundo; se siente hermano de todo aquel que hace la voluntad de Dios. Así desde ahora, todos somos familia de Jesús. Hoy la contemplación de Jesús con los suyos, la escucha de su palabra, el contacto directo a través de la oración, pueden llegar a ser una verdadera medicina para tantas familias desestructuradas, divididas. Volviendo a formar con éstas, verdaderos lazos de amor y de unidad.
Que hoy podamos ver la figura de María, quien se acercó a Jesús, con el objetivo de buscarle, escucharle y formar parte de lo que él en ese momento estaba viviendo: Hacer la voluntad de Dios y que aprendamos desde la familia a no juzgar los planes de Dios desde criterios humanos, y que no nos dejemos llevar del que dirán, mucho menos dejarnos influenciar. Deja que tu testimonio acerque más personas a Dios, a su amor, y que él pueda ser siempre esa luz que te guía por el buen camino.
Terminemos orando con la Virgen María: «Qué hermosa es mi Madre. La Madre María. De noche y de día. Ruega por nosotros. Ella nos abraza. Nos da mucho amor. A todos nos lleva. En su corazón. Nos acompaña siempre. En la oración. La Madre del cielo. Nos envuelve en amor. Amén».
Y que también aprendamos a confiar en nuestro Maestro. «Que viva pendiente. De la oración. Tú Dios está siempre. En tú corazón. Tú eres mi Señor. Y mi Salvador. Me das alegría. Me llenas de amor. Te pido Señor. No me saques nunca. De tu corazón. Amén».
Fuentes: Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf y José Antonio Pagola.

