EL QUE NO ESTÁ CONTRA NOSOTROS, ESTÁ A NUESTRO FAVOR.
Apreciados hermanos, hoy nos encontramos con la relación con los que realizaban signos en nombre de Jesús. Vemos que Jesús se molesta y su respuesta es que no se lo impidan, porque nadie puede ser molestado o impedido por no pertenecer a nuestro grupo. Dios con su amor y su misericordia es más grande que todo y siempre espera por nosotros.
Y un exorcista no integrado en el grupo está echando demonios en nombre de Jesús. Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana. Solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso, han tratado de cortar de raíz su actuación. Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo.
Los cristianos deberíamos valeaorar con gozo todos los logros humanos grandes o pequeños, y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social, por efímeros que nos puedan parecer. Los políticos que luchan por una sociedad más justa, los periodistas que se arriesgan por defender la verdad y la libertad, los obreros que logran una mayor solidaridad, los educadores que se desviven por educar para la responsabilidad, aunque no parezcan siempre ser de los nuestros, «están a favor nuestro» si se esfuerzan por un mundo más humano.
Jesús nos invita a aprender de él, a ser acogedores de todos en especial de aquel que es excluido y marginado de la sociedad. Por no tener un poder y no ser importante en la sociedad. Que hoy el Señor nos conceda la gracia de tener un corazón abierto y dispuesto para la acogida y el servicio al próximo. No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. A pesar de los esfuerzos de Jesús por enseñarles a vivir como él, al servicio del reino de Dios, haciendo la vida de las personas más humana, más digna y dichosa, los discípulos no terminan de entender el Espíritu que lo anima, su amor grande a los más necesitados y la orientación profunda de su vida.
Para Jesús, lo primero dentro del grupo de sus seguidores es olvidarse de los propios intereses y ambiciones y ponerse a servir juntos, colaborando en su proyecto de hacer un mundo más humano. Para ello utiliza las manos, lo cual es símbolo de la actividad y el trabajo. Jesús empleaba sus manos para bendecir, curar y tocar a los excluidos. Es malo usarlas para herir, golpear, someter o humillar. «Si tu mano te hace caer, córtatela» y renuncia a actuar en contra del estilo de Jesús.
Otra imagen es los pies, los cuales, queridos hermanos, pueden hacer daño si nos llevan por caminos contrarios a la entrega y el servicio. Jesús caminaba para estar cerca de los más necesitados, y para buscar a los que vivían perdidos. «Si tu pie te hace caer córtatelo», y abandona caminos errados que no ayudan a nadie a seguir a Jesús.
Y otra imagen hermosa son los ojos, lo cual representa los deseos y aspiraciones de la persona. Pero, si no miramos a las personas con el amor y la ternura con que las miraba Jesús, terminaremos pensando sólo en nuestro propio interés. «Si tu ojo te hace caer sácatelo» y aprende a mirar la vida de manera más evangélica.
Hoy apenas se habla del pecado de escándalo. Tradicionalmente se veía el “escándalo”, sobre todo en la corrupción de las costumbres, las modas provocativas, los espectáculos atrevidos o todo aquello que turbara los hábitos sociales. Pero escándalo significa “la piedra” con la que puede tropezar. Escandaliza todo aquel que, con su actuación, obstaculiza o hace más difícil la vida digna y humana de los demás.
Hoy nos hemos habituado de tal manera al deterioro social, que lo que “escandaliza” y ofende no es el estado de la sociedad. Antes que nada, es conveniente que recordemos que “escándalo”, en su sentido más amplio y profundo, es todo aquello que conduce a otros a actuar al margen de la propia conciencia. Escandalizar no es tanto producir turbación o confusión en cuanto incitar a una vida inmoral. En este sentido, nadie puede negar que vivamos en una sociedad “escandalosa” en la que se estimula hacia actuaciones poco humanas.
Las estrategias poco transparentes, enfrentamientos mezquinos y manejos turbios al margen del bien común, están llevando a no pocos ciudadanos al desaliento, la inhibición y la desconfianza en las instituciones públicas. La agresividad insana, las descalificaciones destructivas y la violencia verbal entre los políticos de nuestra amada República Dominicana, son un “escándalo” en un pueblo que necesita urgentemente modelos públicos de diálogo constructivo, solidaridad y colaboración en el bien común.
Los creyentes deberíamos recordar también la grave advertencia de Jesús que nos pone en guardia ante el escándalo que puede conducir a la pérdida de fe. Esas palabras tan duras de Jesús: “El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar”, no se refieren a la “corrupción de menores”, sino a las incoherencias, infidelidades y contradicciones con las que podemos hacer que se pierda la fe de las gentes sencillas.
Terminemos orando.
«Apiádate de tú hermano. Que yo me apiado de ti. Qué te hace falta a ti. Que tú Dios no te haya dado. Nunca me voy de tu lado. Lo más que te doy es amor. Te di una cosa grande. Ahí tienes a mi Madre. Que intercede por ti. La Madre que más te quiere. Me pide a mí por ti. Amén».
«Fue Dios que me dio. La vida que tengo. Por eso Señor. Yo quiero servirte. Siempre mi Señor. Solo pienso en ti. En todo momento. Es que yo te siento. Muy cerca de mí. Señor tú me tocas. Y siento tu abrazo. Tu Dios te ha llenado. De todo su amor. No te sacaré de mi corazón. Amén».
«Yo sé mi Señor. Que tú eres la luz. Dame de esa luz. Que alumbre mi vida. Quiero caminar. Por esos caminos. Que andando contigo. Me siento feliz. Lléname de ti. De ese amor tan grande. Tú eres hermoso. Hoy tu corazón. Lo lleno de flores. Y rosas hermosas. Amén».
«Que yo te conozca. Amado Jesús. Quiero que me lleves. A dónde vas tú. Yo sé mi Jesús. Que donde tú vayas. Es a dar amor. Quiero que me entres. En tu corazón. Déjame, Jesús. Que yo te lo pido. Que tu corazón. Y el mío Señor. Se encuentren unidos. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf y José Antonio Pagola.

