HA ECHADO TODO LO QUE TENÍA PARA VIVIR.
Apreciados amigos, en el evangelio de hoy se nos invita a ser coherentes con nuestras vidas. En este texto se marca una diferencia entre los escribas y la pobre viuda. Por eso Jesús nos invita a tener cuidado con la actitud de los escribas. Pues este grupo le daba importancia a las cosas del mundo y por esta razón se sentían superiores a los demás. Por eso esperaban ser obedecidos por la comunidad. Ellos eran conocedores de la ley, especialmente en la sagrada escritura, la cual interpretan a su manera.
Jesús llama la atención a lo que ellos poseen, porque han convertido la religión en honor propio y egoísta. Lo que les da seguridad material, privilegios, convierten así su religión en signo de dominación, viven de apariencia y se aprovechan de los otros. A Jesús le llama mucho la atención dicha actitud. Y es que dentro de las cualidades del reino que él ha querido instaurar, rechaza la hipocresía, prefiere así la sinceridad, especialmente de los más pequeños.
Jesús aprovecha el momento para observar, enseñar y denunciar la injusticia y la explotación que se cometía en ese entonces. Muchos, a pesar de ser víctimas, siguen apoyando al templo. Por eso Jesús se indigna frente a los soberbios e interesados escribas que, con su apariencia de oración, devoraban las posesiones de las viudas.
Hoy Jesús nos invita a reflexionar sobre nuestras propias conductas y actitudes. Él nos llama a examinar nuestra fidelidad a lo que se supone que somos y debemos hacer. Y es que hace tanta falta que hoy podamos predicar con el ejemplo, en todos los ámbitos en que nos encontremos; en la familia, en la Iglesia, en el trabajo, en la escuela, en el gobierno y en donde quiera que nos encontremos. No carguemos a los demás haciéndoles la vida imposible, sino que los formemos uniéndonos también al servicio.
Es necesario que seamos humildes y que el mayor entre nosotros esté dispuesto también, a servir en un servicio que sea desde el amor y para beneficio de todos. Nadie es superior ni mejor que otros ante los ojos de Dios. Todos somos hijos y es por eso por lo que debemos hacer germinar la semilla del bien, donde pueda brotar una vida digna para todos. Por eso, hoy debemos de buscar la manera de hacer el bien y de llevar siempre a los demás a la unidad.
Hoy debemos de cuidar nuestra actitud ante la vanidad y el mundo de las apariencias. Porque, a decir verdad, solo uno es superior a todos y es nuestro Padre Dios. Porque cada uno, dentro de la función que realiza tiene su papel, no para ser reconocido, sino para realizar su trabajo con responsabilidad y para beneficio de los demás.
Jesús denuncia la hipocresía de los escribas y, como profeta, no se calla ante las injusticias y las mentiras, sobre todo ante este grupo que se creían perfectos. Podemos notar que a Jesús no le gustan esas personas que llevan una doble vida, porque enseñan una cosa y hacen otra. Y son exigentes con los demás y permisivos consigo mismos. Es por esta razón que Jesús busca la manera de hacer entender al pueblo lo que si deben hacer: las obras que le agradan a Dios.
Hoy en día Jesús expresaría su malestar sobre esta sociedad que busca su beneficio propio. Pero hoy se nos hace una invitación a no hacer las cosas para mi propio beneficio. Pues Dios quiere que tu vida sea auténtica, que prediques con el ejemplo y que luches por hacer el bien. Hoy es un día para analizar nuestras vidas. Y ver si, con nuestras actitudes, somos de los que cierran la puerta del reino a los demás al presentar un Dios falso que juzga y condena.
Pidamos a nuestro Padre Dios que siempre estemos dispuestos a servir a los demás desde el amor. Y que sea mi testimonio de vida lo que acerque a los demás a una entrega de amor por el crecimiento del Reino. Que ese Padre de amor nos siga iluminando para llevar una vida acorde a sus enseñanzas. Saque de nuestras vidas la hipocresía y la falsedad que nos impiden ser honestos, y abrirnos a la verdad por el camino de Jesús que nos lleva a la vida eterna.
En la segunda parte de este evangelio vemos a una pobre viuda. Ella ha puesto cuanto tenía para vivir. Y es que, tanto ayer como hoy, podemos observar a tantos desamparados que no tienen nada. Pero que lo poco que tienen lo dan con amor. Aún ya sea para sus propios hijos; pero también podemos notar a aquellas a personas que poseen mucho, y cuando dan algo les gusta que los vean. Y aún mucho más, que los alaben; y cuando uno de estos da algo, aún sea a sus hijos, les sacan las cosas en cara.
Jesús es capaz de enseñar al proponer la figura de la viuda y, asegurar que lo que es menos e insignificante, vale más. Ésta, con su pobreza, deposita con dignidad todo lo que poseía y que, en su momento, le haría falta para vivir. Ésta confía plenamente en la providencia de Dios. Y por eso la podríamos ver como verdadero signo de fe. A ésta pudiéramos verla como modelo de generosidad; ella se convierte en un símbolo del mesías que ha venido a dar su vida.
Esta viuda nos enseña que solo quien es verdaderamente pobre da todo lo que tiene, pues solo el pobre se entrega totalmente a Dios y vive con gozo la gratitud del amor, porque no se siente dueño de nada ni se apega a nada. Estas dos monedas representan nuestras pobrezas en todas las dimensiones; económicas, morales y espirituales. Que, ofrecidas a Dios, se convierten en algo de gran valor a los ojos de Jesús.
Y en los tiempos que vivimos hoy en día, podemos notar las grandes necesidades que hay en la sociedad y que tanto nos afectan. Pero hoy nuestro Padre Dios ve tus necesidades y quiere ayudarte a lidiar, a cargar con ellas; no solo las necesidades físicas, sino también las espirituales. Dios siempre ve lo pequeño, lo oculto, lo sencillo, valora en ti aquello que nadie valora.
Y sería bueno preguntarnos ¿Qué cosas de tu vida debes de mejorar para que el Señor reconozca en ti tus buenas obras? Tú entrega por los demás, tú tiempo de oración, tu dedicación con tu familia y algunos más; piensa y analiza tu vida interior. Hoy estamos invitados a compartir de lo que tenemos y que lo hagamos con amor. Que, así como aquella viuda, nos demos por completo.
En este evangelio se nos presentan dos figuras: los ricos que ofrendan grandes cantidades de lo que les sobra. Y una viuda que ofrenda aquello que tenía para vivir. Jesús presenta a la mujer pobre como el modelo a seguir. Ella constituye la verdadera imagen de vivir en coherencia a la persona de Jesús y su propuesta humanizadora.
A Jesús le importan mucho los pobres, los excluidos y los oprimidos por un sistema injusto. Para él, estos son los predilectos del amor de Dios. Por eso, la mirada de Jesús ve más allá y destaca una sencilla donación de quien no busca honores, ni privilegios. Y vemos como Jesús se fija en los casos; su ternura y reconocimiento se posan sobre la solidaridad de la viuda pobre que es capaz de comprometer su propio sustento.
Ella representa la espiritualidad de los seguidores de Jesús. Se dona a sí misma, en una entrega total en las manos de Dios. Poniendo en él toda su confianza, no en la riqueza o el poder. Ella tiene conocimiento de la ley del amor. Desde el gesto que Jesús destaca, debemos movernos a compartir y darnos a los demás.
Pidamos a nuestro Padre Dios que nos regale un corazón dócil y entregado. Capaz de dar siempre lo mejor de sí. Y que podamos ofrecer lo que soy, lo que se y lo que tengo en servicio de los demás. Y también del reino de Dios. Señor, dame la fe y el desprendimiento de aquella viuda que dio todo lo que tenía para vivir. Y lo hizo por amor, confiando en Dios. Y Señor, que yo nunca dé de lo que me sobra, sino dar hasta lo último que tenga, aún me quede sin nada como la viuda.
Terminemos orando.
«Instruyendo al gentío. Es que Jesús les decía. Deben tener cuidado. Pues les encanta a los escribas. Pasearse con ropajes. Pero que sea en la plaza. Y les hagan reverencia. Y asientos con honores. Allá en las sinagogas. Pero a ellos les gusta. Siempre los primeros puestos. Pero devoran los bienes. Que son de aquellas viudas. Hacen oraciones largas. Y ellos recibirán. Condenación rigurosa. Estaba Jesús sentado. Enfrente de aquel tesoro. Que era sólo del templo. Y Jesús observaba. A los que echaban dinero. Pero se acercó una viuda. Que echó lo que ella tenía. Solo eran dos moneditas. Jesús llamó a sus discípulos: Pero en verdad les digo. Es que esta pobre viuda. Pues ha echado más que nadie. Porque aquellos que echaron. Fue de lo que les había sobrado. Pero esta pobre viuda. Que pasa necesidad. Lo ha echado todo. De lo que ella tenía. Para ella poder vivir. Amén».
«Te puedes quedar sin nada. De lo que tienes en la tierra. Pero te quedas conmigo. Que yo vivo aquí en el cielo. Pues todo lo que tú tienes. Soy yo quien te lo he dado. Es que soy tu Padre amado. Y siempre estarás a mi lado. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

