EN LA MONTAÑA
Evangelio: Marcos 9,2-10
Cada año, en el segundo domingo de Cuaresma, se nos anuncia la Transfiguración del Señor. La escena está ambientada en un lugar apartado, en un monte alto adonde Jesús ha subido con tres de sus discípulos, los mismos que serán testigos de su agonía en el Getsemaní. Marcos subraya el hecho de que están solos.
La tradición cristiana ha identificado este monte alto como el Tabor, la montaña cubierta de pinos, encinas y terebintos que surge, solitaria, en el centro de una extensa llanura.
El monte en la Biblia es el lugar donde tienen lugar las manifestaciones del Señor y los grandes encuentros del hombre con Dios. Moisés y Elías, los mismos personajes que aparecen durante la Transfiguración, han recibido sus revelaciones en el monte. Más que un lugar material, el monte indica el momento en que la intimidad con Dios llega a su punto culminante.
Las vestiduras blancas manifiestan exteriormente la identidad de Jesús. El color blanco era el símbolo del mundo de Dios, el signo de la fiesta y de la alegría.
Moisés y Elías son dos célebres personajes de la historia de Israel. El primero es el mediador de quien Dios se ha servido para liberar a su pueblo y darle la Torah, es decir la Ley. Aparece en la escena de la Transfiguración para dar testimonio de que Jesús es el profeta anunciado por él cuando, antes de morir, prometió a los israelitas: “El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo, lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a Él a quien escucharán”.
Elías, a su vez, es el primero de los profetas; es aquel que ha sido arrebatado al cielo y que se pensaba regresaría antes de la venida del Mesías. En la escena de la Transfiguración, entra también él como testigo: declara, en nombre de todos los profetas, que Jesús es el esperado Mesías.
También las tiendas que Pedro quiere construir tienen su significado simbólico. Al final del año, al término de la estación de las cosechas, se celebraba en Israel la Fiesta de las Tiendas que duraba una semana entera. Eran construidas para recordar los años trascurridos en el desierto, para traer a la memoria las obras realizadas por el Señor en el pasado. Era una fiesta, sin embargo, que invitaba a mirar hacia el futuro. Los rabinos describían el tiempo del Mesías como una perenne “Fiesta de las Tiendas”. Pidiendo construir tres tiendas, Pedro se refiere a este significado simbólico.
La nube y la sombra son imágenes que aparecen frecuentemente en el Antiguo Testamento y que sirven para indicar la presencia de Dios. El Señor se manifiesta a Moisés en “una nube espesa”. Una nube acompaña a los israelitas a través del desierto y cubre la tienda donde Moisés se encuentra con el Señor. Es el signo de la presencia de Dios.
Al final de la escena de la Transfiguración, de la nube sale una voz: es la interpretación que Dios da a todo el episodio.
La Transfiguración fue una experiencia espiritual extraordinaria en la que Jesús trató de convencerlos de que solo quien entrega la vida por Amor la realiza plenamente. No es posible entrar en el reino de Dios a través de atajos como los que Pedro hubiera querido tomar. Es necesario que todo discípulo acepte animosamente la disposición del Maestro a donar su vida. ¿Ha sido suficiente la experiencia del monte para que los tres discípulos asimilaran esta verdad?
Es evidente que no fueron capaces de comprender que, en Jesús, que se disponía a dar la vida, Dios estaba revelando toda su gloria, todo su Amor por el hombre. Solo la luz de la Pascua, y sus experiencias con el Resucitado, abrieron de par en par sus ojos.

