Evangelio: Lucas 3,1-6
La referencia cronológica con la que Lucas comienza su relato (vv. 1-2) es precisa e importante porque nos permite fechar el comienzo de la vida pública de Jesús. Lucas quiere transmitirnos que Dios interviene en la historia en un momento y lugar determinados. Lo que va a contar en su Evangelio son hechos reales.
Son siete los personajes que menciona. Ya conocemos que el número 7 tiene un significado simbólico, el de la totalidad. Los nombres y funciones de las personas mencionadas indican que todos los pueblos y toda la historia, tanto judía como pagana, están implicados en el acontecimiento que va a narrar.
Después de la introducción histórica, leemos “La palabra del Señor se dirigió a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto”. Nos está presentando de manera solemne a Juan el Bautista.
Todo comienza en el desierto. Lugar simbólico también. Es en el desierto donde los israelitas han aprendido a despojarse de todo lo superfluo que es un peso inútil con el que cargar a lo largo del camino, han aprendido a ser solidarios y a compartir sus bienes con los hermanos, han aprendido, sobre todo, a fiarse de Dios.
Desde el desierto, lugar de su vocación, Juan se traslada a la región del Jordán, la recorre a lo largo y ancho proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. En el rito del bautismo que administra quiere que todos repitan el acto de entrar, de atravesar el Jordán a la Tierra Prometida. Para ello pide la conversión. La Salvación viene de Dios y es obra suya solamente, pero, para obtenerla, hay que eliminar los obstáculos que entorpecen su venida.
También son simbolismos los abismos que cubrir, las montañas que allanar, las colinas que rebajar, las sendas torcidas que enderezar, los trechos inaccesibles que aplanar.
Las montañas y las colinas son, en el lenguaje bíblico, el orgullo, la arrogancia, la prepotencia de los que quieren imponerse, dominar a los demás. Las profundidades que llenar son las escandalosas desigualdades económicas denunciadas por los profetas. Los pasos tortuosos son finalmente la astucia, las decisiones insensatas, las situaciones injustas que deben ser revisadas y ajustadas a los caminos de Dios
Termina diciendo que “¡Toda carne verá la salvación de Dios!”. Carne, en el sentido bíblico, no son los músculos, sino todo el hombre considerado en su dimensión de debilidad, de fragilidad, expuesto a tantos fracasos.
He aquí la promesa: en toda debilidad de todo hombre se manifestará la Salvación de Dios; no existirá abismo de culpa, por profundo y oscuro que sea, que no sea visitado e iluminado por su Amor.
Jesús María Amatria, CMF.

