VIGÉSIMO PRIMER DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO – AÑO C
No basta con conocer a Jesús… hay que seguirlo
Evangelio: Lucas 13,22-30
En el evangelio de Mateo encontramos con frecuencia en boca de Jesús palabras muy duras contra los que no siguen su camino. Lucas presenta a un Jesús más comprensivo, indulgente y siempre pronto a ponerse de parte de los pobres, de los desesperados, de los que han tenido una vida difícil. Siempre los presenta así, excepto en el pasaje de hoy donde, extrañamente, recurre a las amenazas y condenas.
Los temas favoritos de Lucas, la alegría, la fiesta, el optimismo, la misericordia de Dios, contrastan con las palabras de hoy. El que amaba a publicanos y pecadores y aceptaba con gusto sus invitaciones para comer con ellos, ahora les cierra la puerta a sus amigos en su cara, fríamente y sin dudarlo.
El Jesús inflexible de esta parábola no parece el mismo que sugería invitar al banquete a lisiados, tullidos y ciegos, No se asemeja al médico que ha venido a curar a los enfermos, ni al pastor que se enternece por la oveja perdida, ni al amigo que se levanta de noche para dar pan. Sus sentimientos son distintos de los del padre del hijo pródigo.
¿Qué quiere decirnos Lucas con este texto? Quiere denunciar a sus comunidades en las que se han infiltrado la laxitud, el cansancio, la presunción de estar en excelentes relaciones con Dios, la arrogante convicción de que bastan los buenos propósitos para obtener la Salvación a buen precio. Pero hay que tener muy presente que Lucas emplea un lenguaje de su tiempo, pues de lo contrario podemos adulterar el sentido de las palabras de Jesús y considerarlas como información de lo que ocurrirá al final del mundo.
Jesús rechaza convertirse en un visionario apocalíptico; no ha venido a desvelar números y fechas secretas, como hacen algunos locos soñadores de nuestros días. Jesús no entra en especulaciones sobre el fin del mundo y la Salvación eterna; lo que le interesa es dejar claro cómo se entra en el reino de Dios, es decir, cómo convertirse ‘hoy’ en discípulos suyos y mantenerse como tales.
“Procuren entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Aparentemente no les falta la buena voluntad, pero se equivocan en el modo de hacerlo. Jesús se refiere a los fariseos que exhiben una vida impecable y ejemplar, pero para poder pasar por una puerta estrecha, hay que hacerse pequeño. no se puede ser discípulo suyo sin renunciar a ser grande, sin hacerse pequeño y servidor de todos.
Pequeño es quien reconoce que no merece nada, quien, mirándose a sí mismo, se siente frágil y perdido, quien no ve otra salida que no sea la de encomendarse a la misericordia de Dios; solo este logra pasar a través de la puerta estrecha.
¿Quién es el primer grupo de personas que, dejadas afuera, pretenden entrar alegando a gritos sus razones? Pero el gran señor no les abre la puerta, sino que los expulsa llamándolos malhechores.
Es una condena dirigida a los cristianos flojos, ‘tibios’, superficiales, que se contentan con una pertenencia externa a la comunidad, celebrando liturgias huecas que se reducen para ellos a ritos exteriores incapaces de transformar sus vidas. Los que han logrado entrar significa que han pasado por la puerta estrecha, mientras que los del primer grupo se han quedado afuera
Jesús no ha querido meter miedo a nadie con la amenaza del infierno. Su condena va dirigida contra la vida tibia (ni fría ni caliente), incoherente, hipócrita que podemos llevar tantos hombres y mujeres que decimos ser sus discípulos.
Lucas, quizás con dolor del corazón porque no es su estilo, ha tenido que introducir este texto en su evangelio. Aunque termina la parábola con la escena de la fiesta y del banquete con un dicho significativo: “Porque hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”.
Jesús María Amatria, CMF.

