Reflexión de Mateo 13, 24-43
El texto de hoy tiene tres parábolas, un intermedio y la explicación de la primera parábola. Las tres parábolas, la de la cizaña y el trigo (13, 24-30), la del grano de mostaza (13, 31-32), y la de la levadura (13, 33), tienen la misma finalidad: quieren corregir el pensamiento que existía en tiempos de Jesús de que el Reino de Dios llegaría con fuerza y eliminaría de pronto todo lo que le fuera contrario. A través de estas parábolas Jesús quiere explicar a sus oyentes que Él no ha venido a instaurar el Reino de inmediato y con potencia, sino a inaugurar los tiempos nuevos en los que, de a poco, se tiene que ir construyendo el Reino. Pero este Reino tiene también consigo una fuerza interior y un poder transformante que, de a poco, va cambiando la historia desde dentro, según el proyecto de Dios, ¡si tenemos ojos para verlo!, pues puede pasar casi sin darnos cuenta.
La parábola del trigo y la cizaña sólo se encuentra en Mateo. Lo sorprendente es la reacción del dueño del campo: ¡dejar que ambas semillas crezcan juntas! Esto es lo que más llamaría la atención de los oyentes de Jesús. Es cierto que la cizaña puede impedir o dificultar el crecimiento del trigo, pero las dos plantas se parecen mucho al principio, y es posible que al arrancar la cizaña los segadores arranquen también el trigo. Hay que esperar hasta el momento de la cosecha para separar el trigo de la cizaña. La actuación de Jesús nos hace entender la parábola: Él no reunió una comunidad de puros, sino que dirigía su mensaje a los pecadores. Esta actitud provocó entre sus adversarios una dura oposición. Con esta parábola, Jesús explica su actuación: mientras llega el momento final, hay tiempo para la conversión y la misericordia, pues Dios ofrece un plazo de gracia a los pecadores. La fuerza del Reino va actuando en la historia y las personas.
Todo está mezclado en la sociedad, en la comunidad y en la vida de cada persona: cualidades buenas y también límites y fallos. En todas nuestras comunidades hay personas de distintos lugares, con sus historias, sus vivencias, sus opiniones, sus deseos, sus diferencias. Hay personas que no saben convivir con las diferencias. Quieren ser jueces de la gente. Creen que ellas tienen razón y los demás están equivocados. La parábola del trigo y la cizaña ayuda a no caer en la tentación de querer sacar de la comunidad a los que no piensan como nosotros(as). Hay que tener paciencia y convivir con las diferencias, aunque se tenga una opción clara por la justicia del Reino.
Un grano de mostaza, siendo la más pequeña de las semillas, puede hacer surgir un árbol grande, y lo mismo ocurre con la levadura, que tiene capacidad para hacer fermentar una gran cantidad de masa. Existe una diferencia grande entre la situación inicial y el resultado final. A través de estas comparaciones, Jesús habla de la presencia del reino, que está comenzando a llegar: su apariencia, como la de la semilla y la levadura, es insignificante, pero lleva dentro una fuerza transformadora, que ha prendido ya en la historia, y su crecimiento no se puede parar, sino que crecerá y cobrará vida. Dará vida también; los pájaros harán allí su nido y nuevas formas de vida se añadirán. El Reino es levadura que fermenta la masa, que le da nueva vida. Lo que parecía muerto se convierte en alimento, da vida (vs.33). Ese cambio necesita tiempo, se hace poco a poco, en un ritmo que es necesario respetar. Y tenemos que estar atentos a lo que encierra su pequeñez para poder verlo. El Reino no lo ven aquellos que sólo miran a los grandes de este mundo. El crecimiento del Reino va transformando la historia. Ser levadura en nuestras vidas es aceptar una transformación que nos haga alimento, servicio al prójimo y a la causa del Reino.
Luchar por el Reino es como si lloviera una gota de agua en el campo. ¿De qué sirve? Viene la tentación del desánimo. Pero las parábolas de la semilla -árbol y de la levadura-masa (13,31-33) nos animan. Una pequeña semilla da origen a un gran árbol, y una pequeña porción de levadura fermenta toda la masa. Importa sembrar y mezclar la levadura. El Reino de la justicia no vendrá por imposición. Lo importante es no quedarse con la semilla en la mano ni dejar que la levadura se pudra. ¡Es la hora de sembrar y luchar!
¡Gracias Señor por hacer de mi un sembrador de amor!
Fuente: Red Bíblica Claretiana (REBICLAR)

