EL NIÑO CRECÍA Y SE LLENABA DE SABIDURÍA
Apreciados hijos de Dios, estamos en medio de estas celebraciones de Navidad, donde los buenos sentimientos, los reencuentros, los deseos de paz y armonía parece que nos llegan al corazón más que en ningún momento del año. Hoy nos encontramos con la familia de Nazaret, familia elegida por Dios para ser como modelo de amor, de cuidado, comprensión, unidad y respeto.
Amigos, después de la fiesta de Navidad, celebramos con alegría y gozo a la Sagrada Familia de Nazaret, y podemos ver en nuestra actualidad, a tantas familias que, en vez de estar unidas, están atravesando momentos de crisis a causa de la violencia, de la desobediencia de los hijos. Donde en ocasiones los padres tienen que separarse por culpa de los hijos, también por infidelidad entre los cónyuges, por falta de comunicación, en fin, muchas razones hoy dividen y debilitan a nuestras familias.
Debiéramos buscar la manera de recuperar y unir a las familias, para así garantizar un mejor funcionamiento en la sociedad. Buscar la manera de garantizar la formación de los niños y jóvenes. Y poder inculcar en ellos valores como la honestidad, el amor, el respeto, la solidaridad, la obediencia, la paz, el respeto a los valores cristianos, el amor a la palabra de Dios, a la oración y a los sacramentos. Pero para eso debemos pedir al Señor que suscite padres a imagen de San José, que fue justo, real, fiel, amoroso y responsable en el cuidado de su esposa María y su hijo Jesús. Que las madres encuentren en María Virgen y Madre, la inspiración para ser dóciles a la voz del Espíritu Santo. Presurosa en comunicar la palabra de vida engendrada en sus corazones. De profunda contemplación para reconocer las acciones maravillosas del Señor, en la vida de sus familiares, esposos e hijos. Que los niños y jóvenes encuentren en Jesús un modelo inspirador para vivir obedientes a sus padres y dóciles a la voz de Dios.
Hoy nosotros tenemos la oportunidad de recordar a esta familia a través de la nuestra. Pues en ella aprendemos las cosas realmente importantes: Nos cuidaron con amor y ahí tenemos el privilegio de sentirnos acogidos y protegidos. Es por eso por lo que en todas las lecturas de hoy se hace presente el amor como causa y sustento de las relaciones familiares. Pues el respeto, el cuidado, la paciencia, el agradecimiento y la confianza se dan a través del amor. Incluso, estos nos iluminan ante los acuerdos, desconciertos y nos muestran cómo debemos relacionarnos entre nosotros. Con respeto y libertad.
Luchemos como familias por comunicarnos, orar unidos, ser agradecidos unos con los otros, anímense en los momentos de desánimos; en todo lo que hagan y digan como familia pongan siempre a Dios en el centro. Ámense entre ustedes para que así su relación perdure. Y también a los hijos: sean obedientes y traten siempre de cultivar la confianza y el dialogo entre ustedes y sus padres. En familia y en medio de los conflictos busquen no ofenderse, ni hacerse daño mutuamente. Oren para que la confianza y la unidad siempre prevalezcan en ustedes.
Ya en el Evangelio nos encontramos con la Sagrada Familia de Nazaret, que se dirige a agradecer a Dios. Y es aquí donde el niño con apenas 12 años se pierde. Pero al ser encontrado nuevamente él se reconoce como el Hijo del Padre. Él aquí siente su identidad cristiana. Teniendo bien claro que son en las cosas de su Padre en las que él debe estar; es ese Padre quien lo guía junto a su familia, lo moldea y lo impulsa a continuar. Él no teme, el busca centrarse en su misión y no desobedecer a su Padre de amor.
También se nos habla de un Dios que se presenta como familia, que es Padre, Hijo y es Espíritu Santo. Mostrándonos con esto tres personas distintas en un solo Dios; el que nos llama al amor mutuo de entrega, participación y comunión. Hoy podemos contemplar a la Sagrada Familia de Nazaret que vive las dificultades de cualquier familia. José, María y Jesús. Quienes confiaban todo en manos de Dios. y por eso es por lo que ellos lo presentan en el templo.
En este relato se anticipa como y cuál será la misión de Jesús. La cual será predicar y anunciar el evangelio. Ya Jesús tenía las pautas a seguir, no teme de juntarse con personas sabias y adultas. Y en la pérdida de su hijo, sus padres no se separan, sino que se juntan para poder encontrarlo. Jesús, en ese momento de angustia que le provocó a sus padres, se mantiene en completa calma. Y sus padres se unen pues bien sabían el proyecto de Dios para con su hijo Jesús.
Al escuchar este relato de que Jesús se pierde, imaginemos a esa Madre con esa angustia. Pensemos en tantas madres en nuestra sociedad que pierden sus hijos en los vicios, en la delincuencia. Cuánto sufren éstas al ver que no los pueden recuperar. Y quién más que María, para enseñarnos la angustia y el dolor de perder un hijo. Y ella también es el mayor gesto de amor de una Madre para con su hijo. Ya en este momento ella pudo notar que su amor de Madre iba más allá. Pero tenía que ceder para que él siguiera adelante con su misión.
Aquellos doctores de la ley tienen la sabiduría para reconocer la luz, para confiar y confiarse a Dios, para agradecer de corazón y llevar a otros la buena noticia de igual forma. Aquí se destaca Jesús como esa luz que alumbra a todas las naciones y no cualquier luz, sino la que ilumina tu corazón y tu vida. Por eso tenemos que reconocer que, si él nos faltara, las tinieblas se adueñarían de tu vida y de ti.
El texto termina diciendo que aquel niño fue creciendo en saber, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres. Es por esta razón que él con sus 12 años entra en el templo y comienza a tomar conciencia de que debe ocuparse de las cosas su padre. Y él va a dar testimonio de la verdad y del amor del Padre celestial. Sobre todo, del amor, porque el que ama de verdad, con lealtad y entrega total, vive en la luz.
La esencia de la propuesta de Jesús es el amor; la experiencia del amor y la entrega a los hermanos. A través del servicio, el perdón, la acogida y el acompañamiento. El amor a Dios y a los hermanos no son dos sino uno solo en dos dimensiones. Por eso Jesús será signo de contradicción para aquellos que se dejan conducir por el egoísmo, la prepotencia y la ambición. Cabe notar que Jesús es el amor de Dios con rostro humano. De tal manera que toda persona humana es rostro y presencia de Dios.
Que en este día podamos presentarnos ante el Señor y decirle aquí está mi familia, y rogarle que sea él quien reine en ella y que en nuestros momentos de angustias y de dificultades nos dejemos encontrar por él. Que nuestro Padre Dios también nos fortalezca. Y que la Sagrada Familia de Nazaret nos ayude a estar unidos. Y que podamos sembrar el amor entre nosotros para que de esta manera vivamos en armonía con nuestro Padre Dios. Señor, Simeón fue un hombre justo y lleno de Espíritu Santo. Se le reveló ver al Mesías; lo que yo quiero Señor es que tú me des la gracia de ver tú rostro en el cielo.
Terminemos orando.
«Bendito, bendito. Seas mi Señor. Vengo a visitarte. Con todo mi amor. Lléname mi vida. De gozo Señor. No solo este día. Todo amado mío. Tú eres quien da todo. Y das la alegría. Cuando te recibo. Siento tu presencia. Me llena de fuego. Levanto mis brazos. Es para alabarte. Quiero Señor mío. Pasar todo el día. Viviendo ese gozo. Que Dios ha dejado. En mi corazón. Llévame contigo. Al cielo Señor. Amén».
«Oren por las almas hijos. Para que vengan al cielo. Sigan orando por ellas. Para que puedan llegar. A la patria celestial. Qué alegría y gozo. Éste es un paraíso. Preparado para ustedes. Se quedan aquí en el cielo. Por toda la eternidad. Amén».
«Ora, que yo te lo pido. Por el que pide oración. Tú Dios te acompañará. Vamos a orar tú y yo. Por esas almas que esperan. Que oremos siempre por ellas. Con amor y devoción. Lo más grande es la oración. Que te sana el corazón. Porque tú vas a venir. A los pies de tú Señor. Amén».
«Si tú me quieres servir. Todos los días de tu vida. Solo tienes que pedirme. Y yo te ayudaré. De amor yo te llenaré. Fuerza no te faltará. En gozo tú vivirás. Porque yo estoy a tú lado. Va a vivir acompañado. Del Padre que está en el cielo. Yo te llenaré de amor. Ese es tú Padre Dios. Amén».
«Quiero que me des tu alma. Y también tú corazón. Te lo llenaré de amor. Te diré cuánto te quiero. Hijo, por favor te ruego. Sigue el camino de Dios. Adoremos tú y yo. Buscando almas perdidas. Para que encuentren el camino. Que puedan llevarlos al cielo. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

