«JESÚS FUE BAUTIZADO Y MIENTRAS ORABA, SE ABRIERON LOS CIELOS».
«TÚ ERES MI HIJO, EL AMADO, EL PREDILECTO».
Apreciados hijos muy amados de Dios, hoy celebramos la solemnidad del Bautismo del Señor Jesús, el cual nos hace ver la importancia del bautismo en todo cristiano, ya que es el signo que nos convierte en hermanos. Aunque no nos acordamos nada de ese acontecimiento en nuestra vida, quizás porque estábamos muy pequeños o porque en otros casos no le damos la importancia del significado que merece, ya que por medio de este nos hacemos Hijos de Dios. Nos limpia así del pecado original y gracias a este sacramento formamos parte de la Iglesia.
Comenzamos a ganar méritos en nuestras vidas, con la gracia que el Señor nos da y es a ti que te toca fecundar y hacer crecer esa gracia en tu vida. Casi todos hemos recibido el bautismo desde muy pequeños, pero nuestros primeros testigos, elegidos por nuestros padres, también tienen la responsabilidad de hacer crecer y fomentar una fe viva y un amor profundo por nuestro Padre Dios, son ellos también quienes nos deben impulsar a amar y respetar la eucaristía, a mantenernos fieles y en una constante oración pura sin mancha como la de un niño.
Qué hermoso sería que nos sintamos parte de una familia o una comunidad en donde nos concibamos amados, apoyados, guiados, comprendidos, valorados, escuchados y que somos importantes. Así como Jesús fue parte de una familia y una comunidad cristiana. Hoy es bautizado según nos relata el evangelio como el primer paso a su vida pública. Podemos ver que aquí Jesús no solo es hijo sino amado y predilecto de su Padre, es aquí donde él se prepara para enfrentar al maligno y afrontar su misión.
Hoy también culmina el tiempo de Navidad, tiempo en el que hemos celebrado a un Dios con nosotros. Aunque muchos en nuestro mundo viven como si Dios no existiera y en donde muchos cristianos han dejado de profesar su fe, Pero Dios nos ha dado todo para que nos hagamos uno con él y, en este último domingo de Navidad, nos reunimos en comunidad para recordar que no solo fuimos bautizados con agua sino con el Espíritu Santo.
Hoy es el Bautismo de Jesús, iniciamos su vida pública con su Bautismo, recibido por Juan el Bautista en el río Jordán. Esto nos indica, además, que Jesús se sintió atraído por la misión de Juan el Bautista. Dios ha hecho algo maravilloso por la humanidad, se nos ha revelado como aquel que nunca nos abandonará. Esto quiere decir que, desde el momento del bautismo, la trinidad santa nos acompaña y nos habita y así Dios decide en nuestro corazón y en nuestra vida, nos recuerda que también, como Jesús y en Jesús, somos sus hijos muy queridos.
En el evangelio se nos dice quién es Juan el Bautista y quién es Jesús. El Bautista es el evangelizador porque en el desierto conoció su misión y la cumplió hasta el final. El preparaba los caminos al Señor y bautizaba en el Jordán, pero reconocía su pequeñez delante de Jesús. El sabe que es el precursor. Por eso llevaba esperanza a los pueblos que querían su liberación. Juan, cuando ve a Jesús, sabe que él es el esperado. Él lo bautizó con agua y, al momento de Jesús recibir su bautismo, se abrió el cielo y bajó El Espíritu Santo.
Jesús es el ungido, el hijo de Dios, el amado, el predilecto. Al Jesús ser bautizado él oraba y es lo que hoy cada uno de nosotros debemos hacer, pues la oración es lo fundamental en la vida del cristiano. Sin oración corremos el riesgo de rendirnos, de no querer avanzar. Pero si oramos podemos sentir la presencia de Dios, quien siempre nos acompaña y derrama su Espíritu Santo, que nos impulsa a siempre hacer el bien, a no hacer distinción de personas, acoger a los demás y que llevemos a nuestros hermanos esperanza, alegría y paz.
Entonces podríamos decir que lo que da sentido a nuestras vidas no es la clase social, lo que tenemos, un trabajo, cuánto ganamos, dónde vivimos, la marca de ropa o de celular que uso, el auto que tengo y esas cosas materiales, nada de eso da sentido a nuestra vida cristiana. Lo que sí da sentido es que somos bautizados y por tanto hijos queridos y amados de Dios. Esa es nuestra dignidad más grande. No importa en la vida quién se haya olvidado de ti, tu vida tiene sentido porque eres hijo de Dios. Y para él vales mucho, nunca se olvida de ti, ni en las dificultades.
Sin olvidar que su amor es incondicional y aunque te encuentres alejado y en pecado él te espera para abrazarte, ayudarte y perdonarte. Dios siempre se la juega por amor a ti. Podríamos hoy hacer memoria de nuestro bautismo. Si tenemos la forma por lo menos de preguntar y así confirmar una vez más que el amor de Dios nos ha hecho levantar la mirada. Ponernos en camino, nos hace apasionados por el bien y la verdad, para lograr así llevar a cabo la misión por la cual Dios nos ha creado.
Que en este día podamos renovar nuestro bautismo, podamos profesar nuestra fe renunciando al pecado y abrir el oído a la escucha de la voz del Señor quien hoy es capaz de cuidarnos, de protegernos porque él nos ama de manera incondicional. Y siempre seremos sus hijos predilectos, si hacemos su voluntad. Señor, como se abrió el cielo cuando tu orabas, así se abra mi corazón de amor por ti.
Terminemos orando.
«Llévame Señor. Contigo a la Iglesia. Siento tu presencia. Muy cerca de mí. Sé que me acompañas. Te siento a mi lado. También me proteges. Amado Señor. Yo te estoy pidiendo. Que no te me vayas. Quiero estar contigo. Mi Dios de los cielos. Por eso te ruego. Que a tú lado esté. Por toda mi vida. A donde tú vayas. Yo iré contigo. El mejor camino. Es llegar al cielo. Contigo Señor. Amén».
«Señor multiplica. La fe de tu hijo. Lo que está en sus manos. Será bendecido. Bendice mi vida. Y mi corazón. Llénalo Señor. De amor te lo pido. Todo lo que haga. Sea por amor. Para yo agradarte. A ti mi Señor. Tú eres tan bueno. Que lo que te pido. Tú me lo concedes. Pero yo te pido. Si es tú voluntad. Que me lleves al cielo. Amén».
«Todo mi deseo. Es poder adorarte. Amarte mi Dios. Con toda la fuerza. De mi corazón. Que gozo tan grande. Cuando tú estás cerca. Siento que me abraza. La paz que yo siento. Es grande Señor. Sígueme abrazando. Entrame adentro. De tú corazón. No me saques nunca. Yo te quiero tanto. Tú eres mi Señor. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

