VENGAN A MÍ…
El evangelio de Mateo ha recogido cuatro llamadas de Jesús que sus seguidores debemos escuchar con atención, y más en este día en que escogeremos a un candidato para dirigir a nuestra querida República Dominicana por cuatro años. Estas cuatro llamadas pueden transformar el clima de la gente sencilla, de los que están en desaliento, en cansancio y aburrimiento por nuestros líderes históricos. Y en este texto encontramos la intimidad de Jesús con Dios. Y el conocimiento mutuo y exclusivo entre Jesús y el Padre. La vida y comportamiento de Jesús es la revelación de Dios.
Primera llamada. «¡Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla!». A la gente más sencilla, que carece de títulos y rangos, de dignidades y de estima de parte de los poderosos o líderes. ¿Por qué? Porque esos pequeños, sencillos y últimos, son los que no tienen más que su propia humanidad. El que se relaciona en serio y a fondo con Dios, no puede estar con todo el mundo. El que toma en serio a Dios, es el que toma en serio a los más humildes y desamparados de la sociedad. Necesitamos un presidente con esta preocupación. Que sepa relacionarse en serio y a fondo con Dios en lo humano, en lo más limpiamente humano; en lo que es sencillamente manifestación de nuestra condición humana.
Segunda llamada. «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados. Yo los aliviaré». Estas palabras están dirigidas a todos los que viven su religión, la política y el sentido de la vida como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente, han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Si se encuentran con Jesús, se sentirán aliviados. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.
La tercera llamada. «Carguen con mi yugo que es suave y mi carga ligera». Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. También hay dominicanos, cansados de vivir con el yugo que les oprime, como una tradición gastada de los líderes políticos y religiosos. Ese yugo por supuesto, es todo lo que nos hace sufrir, sea lo que sea, venga de donde venga. En la Biblia se hace referencia al yugo de los poderes políticos opresores: Egipto, Siria, Babilonia y Roma (Lev 26, 13; Is 9, 4; 10, 27; 14, 5; Jer 37, 8; Ez 34, 17). En tiempo de Jesús, el yugo era sobre la ley religiosa, que se había convertido en una dura carga para la gente pobre y sencilla. El salmo 17 se refiere a la Ley como “yugo”. Jesús no quiere, ni tolera una ley religiosa o política que resulta una carga dura para la gente pobre. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir: Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien. La religión de Jesús es suave, ligera, agradable de llevar. Porque es humanidad y felicidad para todos. Ojalá y el próximo presidente, con la ayuda de Dios, pueda encajar el evangelio en nuestra sociedad dominicana.
Y la cuarta llamada. «Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso». Debemos aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida, la hace más clara y sencilla, más humilde y sana. Ofrece descanso. Nunca propone a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.
Querido presidente electo de la República Dominicana: Debemos centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en los hombres y mujeres de nuestro país, tan necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver, que es precisamente el modo de entender y de vivir la política y la religión, lo que, casi inevitablemente, conduce a muchos a no conocer la experiencia de confiar en Jesús ni en su humanidad. Pienso en las tantas personas que, dentro y fuera de la Política y de la Iglesia, viven “perdidos”, sin saber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser para ellos la gran noticia.
ʺPor lo demás, hermanos, estén alegres, alcancen la perfección, anímense, vivan en armonía y en paz; y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes… La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo este con todos ustedesʺ.
Fuentes: Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf, José Antonio Pagola y José María Castillo.

