«NINGÚN PROFETA ES BIEN RECIBIDO EN SU PROPIA TIERRA».
Apreciados hijos de Dios, en este día celebramos el cuarto domingo del tiempo ordinario y la liturgia trae consigo dos temas importantes en la vida del cristiano: La dimensión profética y el amor fraterno. La dimensión profética nos impulsa a dar testimonio de Jesús aun en tiempos difíciles, en medio del rechazo e incluso de persecuciones. El amor fraterno nos permite adoptar esas actitudes positivas ante los demás. Buscamos la manera de comprenderle, de acercarnos y protegerle. Es de esta manera que logramos ser coherentes con nuestro testimonio.
En el evangelio de hoy vemos a Jesús quien entra nuevamente en la sinagoga en sábado. Como buen judío iba a la sinagoga, escuchaba la Palabra de Dios, y allí lee un fragmento de la escritura del profeta Isaías: “El Espíritu Santo está sobre mí, me ha enviado a dar una buena noticia”. Justo aquí él se presenta como alguien movido por el espíritu, queriendo decir que es Dios quien vive y actúa en él. Jesús aprovecha para dar cumplimiento en su persona al texto, “hoy se ha cumplido”.
Pero para él no fue fácil predicar a los conocidos, esas personas lo conocían muy bien como el hijo de María y José, por eso a ellos le cuesta aceptar su mensaje, lo que crea envidia, celos e incluso odio. Por eso Jesús dice que ningún profeta es bien recibido en su tierra y en su familia. Él experimenta el rechazo de los suyos. Querían incluso tirarlo de una colina. Pero él con toda libertad pasó por encima de ellos y siguió su camino. Aún no había llegado su hora; la ceguera de aquellos fanáticos acude a la cobardía de intentar eliminar al que nos cuestiona y nos mueve el tema relacionado a la fe.
Jesús anticipa la liberación que él traía a su pueblo, a los oprimidos y a los cautivos. Liberación que él, por amor, ha traído a todos los hombres de la tierra. Dios no nos abandona, nos muestra su gran amor y misericordia a pesar de que muchos rechazan la salvación. Jesús fue expulsado de la sinagoga, pero él se abre paso y busca alejarse para poder llegar a otros. Él cumple con su misión, a pesar de vivir en medio de una sociedad injusta que se aleja de lo que es el bien. Aquellos no ven la grandeza de quien en realidad era él. No comprenden que lo que Jesús ofrece es aquello que realmente necesitan e impulsado por el Espíritu Santo, nos trae la liberación y la transformación que debemos de realizar en nuestra vida, pero acompañados por él.
La actitud de los Nazarenos anticipa el rechazo de lo que será objeto Jesús en Jerusalén. Por las autoridades y el mismo pueblo. Es también un anticipo de que el proyecto de Jesús se abre camino en Israel y en todas las naciones. Tengamos cuidado de que no diga de nosotros. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Jesús viene a nuestro encuentro, no dejemos que pase de largo porque quizás estemos entretenidos en otras cosas. Estemos atentos a su visita con el corazón abierto para descubrirlo en su palabra, en la eucaristía, en cada hermano y en cada acontecimiento de la vida.
Llega un punto que también vemos resurgir en este texto, y es que aquellos querían más signos y milagros. Pero en ese momento a Jesús le interesaba la conversión de aquellos, porque se habían alejado de la gracia de Dios y esto de no ver lo que ellos esperaban de Jesús, los pone en una situación agresiva. Ellos se alejan de la gracia porque rechazan a Jesús, ellos alejan a ese que los podía guiar y ayudar, simplemente por no aceptar el mensaje que les transmitía.
Hoy nosotros debemos estar atentos, acoger a tantos hijos que profesan el mensaje de salvación y liberación. No los rechacemos pues, cada palabra que nos traen hoy es para nuestro crecimiento de vida. El Hoy de Jesús significa que ya el tiempo no es pasado, sino que se cumple. Es por eso por lo que debemos escuchar cada palabra con fe. Pues Dios sigue entre nosotros, en medio de la humanidad nos trae esa luz y salvación.
Hoy es un buen día para que pongamos nuestra vida en manos del Señor y no lo dejemos pasar de largo, sino que le hagamos posada en nosotros y que de esta forma hagamos con nuestro testimonio, que otros se acerquen sin temor y se sientan acogidos, y de esta forma reciban la gracia y el amor que Dios a través de nosotros, les quiere brindar. Que hoy, por amor a Jesús y a los demás, yo luche para buscar el bien de los demás, buscar bien de mis hermanos. Y así el proyecto de Dios siga creciendo en nuestro día a día.
Pidamos a nuestro Padre Dios que nos de la gracia de aceptarlo hoy en nuestras vidas con un corazón dispuesto. Alejado del miedo. Sabemos que no vamos solos, que él abre camino para permanecer en toda nuestra misión. Señor, dame la gracia de compartir lo que tú me has enseñado con los demás. Que antes de hablar sea arropado con la fuerza del Espíritu Santo. Y Señor, dame de tu humildad hasta llegar a no dudar de ti. Que sepa que tú eres Dios y tienes poder en la tierra y en el cielo, de curar toda clases de enfermedades.
Terminemos orando.
«El único grande. Eres tú Señor. Nos has dado vida. y nos das tu amor. Nos enseñas el camino. Por donde llegar. Al cielo hijos míos. Con Dios a gozar. Cuántos de mis hijos. Están esperando. Por las oraciones. Que hiciste por ellos. Hoy llenos de gozo. Están en el cielo. Gracias, mis hermanos. Ustedes oraron. Por todas las almas. Que son olvidadas. Gracias, mi Señor. Fueron recibidas. Y hoy llenas de gozo. Están a tú lado. Amén».
«Cuántos se burlaron de ti mi Señor. No reconocían. Que tú eres Dios. Que tienes el poder. Que nadie lo tiene. Que sana enfermos. Con solo tocarlos. Pueden levantarse. Que siga adelante. Orando Señor. Que tomes mis manos. Señor te lo pido. Quiero caminar. Contigo Señor. Nunca me separe. De tú corazón. Llévame a gozar. Al cielo contigo. Por eso te pido. Amado Señor. Amén».
«Yo quiero Señor. Que tú me llenes. De sabiduría. Hablar en tu nombre. Palabras de amor. Que entren al fondo. De los corazones. Que sientan el gozo. Que solo tu das. Es algo tan grande. Sentir que mi Padre. Me da un regalo. Sentirlo tan cerca. Llevarlo muy dentro. De mi corazón. No te salgas nunca. Tú eres mi Señor. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

