Reflexión del Evangelio de Juan 2, 13-22
“Estaba cerca la Pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén”
Es interesante que el comienzo del ministerio público de Jesús se relacione con la pascua. Esto era muy significativo por varias razones.
Para entenderlo, debemos recordar la importancia que esta fiesta nacional tenía para los judíos. Cuando cada año los israelitas se dirigían a Jerusalén para celebrar la pascua, lo que ellos estaban recordando era que Dios había intervenido para liberarlos de la esclavitud de Egipto y constituirlos en una nación. Pero los tiempos habían vuelto a cambiar para ellos y se encontraban bajo el dominio del poderoso imperio romano.
En tiempo de Jesús, se había deteriorado el comportamiento de muchos judíos respecto al Templo de Jerusalén, convirtiéndolo en un auténtico mercado. Algo que a Jesús no le gustó, y quiere denunciarlo llegando incluso a expulsar a los vendedores y a sus animales. “Quiten esto de aquí: no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.
San Pablo nos recuerda que también nosotros somos templos de Dios
También Jesús nos habla del templo de su cuerpo, donde con más propiedad habita Dios. Pero Jesús no se queda ahí. Abundando en su siempre amor hacia nosotros, se hizo nuestro alimento, se hizo pan y vino en la eucaristía para que su presencia, podemos decir, la notásemos mejor: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”.
“Y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas”
¿Qué concepto tenían de Dios, cuando con el fin de conseguir un beneficio para ellos mismos no les importaba llenar su templo con malos olores e inmundicias? ¿Qué impresión recibió Jesús cuando entró a la casa de su Padre y se encontró que la habían convertido en un mercado donde ganaderos y peregrinos discutían acaloradamente acerca de los precios de los animales? En vista de todo esto, es más que razonable la indignación que el Señor manifestó al ver esta situación.
Pero el sumo sacerdote y sus hijos estaban usando esta parte del templo para sus ambiciosos propósitos. ¡Este era un pecado muy grave!
“Y a los cambistas allí sentados”
Junto a los vendedores de ganado, estaban también los cambistas con sus mesas cubiertas de monedas. Ellos eran los encargados de dar a los fieles la moneda judía admitida en el templo a cambio de la extranjera. Por supuesto, estos cambistas también cobraban su comisión en cada operación de cambio, dando lugar así al abuso.
“Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos”
Por un lado, era un acto mesiánico de carácter público que servía para demostrar su autoridad sobre el templo. Se trataba de la casa de su Padre y tenía derecho a hacer esto. Pero nos muestra también que reprobaba cualquier conducta irreverente en la casa de Dios y que no dudaría en mostrar su indignación contra quienes degradan las cosas santas.
“El celo de tu casa me consume”
La actitud de Jesús trajo a la memoria de los discípulos una antigua porción de un Salmo (Sal 69:9). Este Salmo fue escrito por David y en él exponía ante Dios lo que sus enemigos habían hecho contra él por causa del celo que sentía por la casa de Dios.
“Respondió Jesús y les dijo: Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré”
Jesús es Templo de Dios, también nosotros somos templos de Dios… lo que se ha de notar en nuestra vida. Ojalá que los que traten con nosotros lleguen a descubrir, por la vida que llevamos, que Jesús habita en nosotros y es el que impulsa todo nuestro actuar.
Reflexión tomada de https://www.escuelabiblica.com/estudios-biblicos

