SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO – AÑO C
“Cristo nos invita al banquete de la Palabra y el Pan”
Evangelio: Lucas 9,11b-17
Jesús no nos ha dejado una estatua suya, una fotografía, una reliquia. Ha querido seguir estando presente entre sus discípulos como alimento. El alimento se convierte en parte de nosotros mismos. Comiendo el Cuerpo y bebiendo la Sangre de Cristo aceptamos su invitación a identificarnos con Él. Decimos a Dios y a la comunidad que intentamos formar con Cristo un solo Cuerpo, que deseamos asimilar su gesto de Amor y que queremos entregar nuestra vida a los hermanos, como Él ha hecho.
Podemos acercarnos a ver qué es la Eucaristía desde diversas perspectivas. Pablo nos muestra una, como se nos narra en la segunda lectura de la liturgia de la fiesta de hoy, La institución de la Eucaristía durante la Última Cena. Lucas elige otra perspectiva, toma un episodio de la vida de Jesús, el de la multiplicación de los panes, y lo relee desde una óptica eucarística. Es decir, lo utiliza para hacer comprender a los cristianos de sus comunidades qué significado tiene el gesto de partir el pan que ellos repiten regularmente, todas las semanas, en el día del Señor.
Jesús nos regala el don de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. Cuando Jesús pone en las manos de sus discípulos el pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía, estos no comprenden que su bendición multiplicará al infinito este alimento que sacia todo hambre: el hambre de felicidad, de amor, de justicia, de paz, de descubrir el sentido de la vida, el ansia de un mundo nuevo. Se trata de carencias tan vitales e irrefrenables que, a veces, empujan a llenarse del alimento que no sacia, que incluso puede acentuar el hambre o provocar náusea. Por eso el Maestro insiste: el mundo está esperando alimento de ustedes, denles ustedes de comer. Su Palabra es un pan que se multiplica milagrosamente, quien recibe el Evangelio alimentando con él la propia vida, quien asimila la Persona de Cristo comiendo Pan eucarístico, siente a su vez la necesidad de hacer participar a los demás del propio descubrimiento y de la propia alegría y de comenzar a distribuir, también ellos, el pan que ha saciado su hambre.
Jesús dijo a los discípulos: “Háganlos sentar en grupos de cincuenta” es un detalle curioso queriéndonos indicar que Jesús no quiere que su alimento sea consumido en solitario, cada uno por cuenta propia, Tampoco hay que favorecer los grupos demasiado grandes porque las personas no se conocen entre sí, no pueden establecer relaciones de amistad, de ayuda mutua, de hermandad.
La fórmula con que se describe la multiplicación de los panes nos es conocida, son los mismos gestos realizados por el sacerdote en la celebración de la Eucaristía: “Tomó los panes, y los pescados, alzó la vista al cielo, los bendijo, los partió y se los fue dando…
Nos preguntamos frecuentemente: ¿Qué ocurrió con los peces? Pues toda la atención parece concentrada en los panes. De hecho, también los peces son, extrañamente, ‘troceados’ y distribuidos juntamente con el pan. En las comunidades del tiempo de Lucas el pez se había convertido en símbolo de Cristo. Las letras que componen la palabra griega ichthys (pez) se habían convertido en el acróstico «Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador». El pez es Jesús mismo convertido en alimento en la Eucaristía.
Jesús María Amatria, CMF.

