Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y acobardados, pues saben que están viviendo las últimas horas con su Maestro. ¿Qué sucederá cuando les falte? ¿A quién acudirán? ¿Quién los defenderá? Jesús quiere infundirles ánimo, descubriéndoles sus últimos deseos.
Que no se pierda mi Mensaje. El primer deseo de Jesús es que no se olvide su Buena Noticia de Dios. Que sus seguidores mantengan siempre vivo el recuerdo del proyecto humanizador del Padre: ese “reino de Dios” del que les ha hablado tanto. Si le aman, esto es lo primero que han de cuidar: “el que me ama, guardará mi palabra…el que no me ama, no la guardará”.
El Padre les enviará en mi nombre un Defensor. Jesús no quiere que se queden huérfanos. No sentirán su ausencia. El Padre les enviará el Espíritu Santo que los defenderá del riesgo de desviarse de él. Este Espíritu que han captado en él, enviándolo hacia los pobres, los impulsará también a ellos en la misma dirección.
El Espíritu les “enseñará” a comprender mejor todo lo que les ha enseñado. Les ayudará a profundizar cada vez más su Buena Noticia. Les “recordará” lo que le han escuchado. Los educará en su estilo de vida.
Ven Espíritu Santo. Enséñanos a entendernos, aunque hablemos lenguajes diferentes. Si tu ley interior de Amor no nos habita, seguiremos la escalada de la violencia absurda y sin salida. Ven Espíritu Santo y enséñanos a orar. Sin tu calor y tu fuerza, nuestra liturgia se convierte en rutina, nuestro culto en rito legalista, nuestra plegaria en palabrería. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer. Ven a alegrar nuestro mundo tan sombrío. Ayúdanos a imaginarlo mejor y más humano. Ábrenos a un futuro más fraterno, limpio y solidario. Entra hasta el fondo de nuestras almas. Ven Señor y dador de vida. Pon en los hombres gozo, fuerza y consuelo, en sus grandes y pequeñas decisiones, en sus miedos, luchas, esperanzas y temores. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer en Ti como ternura y cercanía personal de Dios, como fuerza y como gracia que puede conquistar nuestro interior y dar vida a nuestra vida.
Les doy mi paz. Jesús quiere que vivan con la misma paz que han podido ver en él, fruto de su unión íntima con el Padre. Les regala su paz. No es como la que les puede ofrecer el mundo. Es diferente. Nacerá en su corazón si acogen el Espíritu de Jesús. Son muchos los conflictos que sacuden hoy nuestra sociedad dominicana. Además de las tensiones y enfrentamientos que se producen entre las personas y en el seno de las familias; graves conflictos de orden social, político, religioso, y económico impiden entre nosotros la convivencia pacífica.
Frente a esta «cultura de la violencia» que tanto se ha cultivado entre nosotros, necesitamos promover hoy una «cultura de la paz». La fe en la violencia debe ser sustituida por la fe en la eficacia de los caminos no violentos. Esta «cultura de la paz» exige buscar la eliminación de las injusticias sin introducir otras nuevas y sin alimentar ni ahondar más las divisiones. Una «cultura de paz» exige además crear un clima de diálogo social, promover actitudes de respeto y escucha mutuos. La «cultura de paz» se enraíza siempre en la verdad y sólo se asienta en una sociedad, cuando las gentes están dispuestas al perdón sincero, rechazan sentimientos de venganza y revancha.
¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué volvemos una y otra vez al enfrentamiento y la agresión mutua? Hay una respuesta primera, tan elemental y sencilla, que nadie la toma en serio: sólo los hombres y mujeres que poseen paz, pueden ponerla en la sociedad. Cualquiera no puede sembrar paz. Con el corazón lleno de resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a la gente, pero no es posible aportar verdadera paz a la convivencia. No se ayuda a acercar posturas y a crear un clima amistoso de entendimiento, mutua aceptación y diálogo. La fuerza que distingue al cristiano es la fuerza del respeto y la bondad, la tolerancia y la estima, y sobre todo el amor sincero a los demás.
¡Felicitamos hoy a todas las madres dominicanas! ¡Felicitamos a todas las embarazadas que no se desanimaron cuando sus propias familias y amigas, le criticaron su embarazo! ¡Felicitamos y damos gracias a todo el personal de Salud que se preocupa y se ocupa de la atención a las embarazadas y de su feliz alumbramiento! ¡Felicitamos también a las madres que este año se estrenan como madres! ¡Recemos por nuestras madres difuntas, para que descansen siempre en las manos paternales de Dios! ¡No olvidemos sus buenos consejos e imitemos su ejemplo! Será una manera de mantenerlas vivas entre nosotros. ¡Que cada uno felicite y dé gracias a aquellas mujeres que, sin ser madres nuestras, se han portado como tales en nuestras vidas y nos han atendido, tratado, educado, llamado la atención y querido como a hijos! ¡Que no se nos olvide felicitar y aplaudir en ese día a las ejemplares y sacrificadas madres con hijos discapacitados, o enfermos necesitados de atención permanente! Y que Dios nos ayude a nosotros, los hijos, a querer intensamente a nuestras madres, a demostrarles cada día nuestro amor agradecido. ¡Sería terrible esperar a que se estén muriendo, para tener con ellas gestos de cariño, buscando, tal vez, tranquilizar un poco nuestras conciencias después! ¡Que nuestro Dios, rico en misericordia, esté siempre a su lado para defenderlas de cualquier mal! ¡Que Él vaya delante de ellas para guiarlas y detrás de ellas para protegerlas! ¡Que Él vele por ellas, las sostenga, las fortalezca, y las acompañe hoy y siempre!
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf, Fuentes: José Antonio Pagola y José María Castillo.

