El AMOR PACIENTE DE DIOS. UN NUEVO CHANCE PARA DAR FRUTO
Evangelio: Lucas 13,1-9
La primera parte del relato del evangelio de hoy se refiere a dos sucesos que los cuenta a modo de crónica. Algunos peregrinos venidos de Galilea para ofrecer sacrificios en el templo, probablemente con ocasión de la Pascua, se ven envueltos en un episodio de sangre. La Pascua celebra la liberación de Egipto y es, por tanto, inevitable que despierte en todo israelita deseos de libertad, agudizando el sentimiento de rebelión contra la opresión romana. El gobernador romano, Pilato no era ciertamente un hombre de corazón tierno. Los historiadores le atribuyen varios episodios dramáticos de los que fue protagonista. El Evangelio de hoy narra uno ellos.
Alguien relata lo sucedido a Jesús, quizás con la esperanza de oír de su boca una severa condena, una toma de posición anti romana. Quizás alguno incluso crea poder contar con él en una revuelta armada.
Jesús sorprende a sus agitados y furiosos interlocutores, no pierde la calma, no sale de su boca ninguna palabra descontrolada. En primer lugar, dice taxativamente que no hay relación alguna entre la muerte de estas personas y los pecados que hayan podido cometer; después, invita a sacar una lección de este acontecimiento. Hay que interpretarlo como una llamada a la conversión.
Para esclarecer más su pensamiento, recurre a otro acontecimiento, la muerte de dieciocho personas provocada por el desplome de una torre. Estas personas, dice Jesús, no han sido castigadas a causa de sus culpas: han muerto por una fatalidad; en su lugar podrían haber muerto otros. También este acontecimiento debe ser interpretado como una llamada a la conversión.
Jesús no es insensible, ciertamente, a los sufrimientos y a las desgracias, se conmueve hasta las lágrimas por amor a su tierra. Sin embargo, sabe que la agresividad, el desprecio, la ira, el odio, el deseo de venganza no llevan a ninguna parte; es más, son contraproducentes. Estos sentimientos conducen solamente a gestos desconsiderados que complican aún más la situación. La llamada de Jesús a la conversión es una invitación a cambiar de manera de pensar. Solo quienes se convierten en personas diferentes, solo personas con un corazón nuevo pueden construir un mundo nuevo. Esta es la solución definitiva
¿Cuánto tiempo tenemos a disposición para realizar este cambio de mentalidad? ¿Puede postergarse algunos meses más, algún año más? A estas preguntas Jesús responde en la segunda parte del evangelio de hoy con la Parábola de la higuera.
El mensaje de la parábola es claro, de quien ha escuchado el mensaje del Evangelio Dios espera frutos deliciosos y abundantes. No quiere prácticas religiosas externas, no se contenta con las apariencias, sino que busca obras de amor.
El texto habla de una higuera estéril y antes de cortarla, el evangelista de la misericordia introduce otro año de espera. Lucas presenta a un Dios paciente, tolerante con la debilidad humana, comprensivo con la dureza de nuestra mente y de nuestro corazón.
Esta actitud magnánima, sin embargo, no hay que entenderla como indiferencia frente al mal; no es una aprobación de la negligencia, del desinterés, de la superficialidad, sino una invitación a considerar la Cuaresma como tiempo de gracia, como un ‘nuevo año precioso’ que le viene concedido a la higuera que somo cada uno de nosotros, para dar fruto.
Jesús María Amatria, CMF.

