Evangelio: Lucas 15,1-3.11-32
A esta hermosa parábola se la conoce como la “Parábola del hijo pródigo”, pero este título no es exacto porque hace referencia solamente a uno de los tres personajes de la parábola. No tiene en cuenta al hermano mayor, a quien le dedica toda la segunda parte de la historia y, sobre todo, se ignora al verdadero protagonista, el padre. Es más correcto, pues, hablar de la “Parábola del amor del Padre” o la “Parábola del padre misericordioso”.
Se nos habla de un hijo menor que harto de estar en su casa y deseoso de libertad se va lejos y allí le llegan todo tipo de desgracias. Preocupado por saciar su hambre decide volver a su casa. Tengamos presente que no encontramos ninguna señal de arrepentimiento, ni una mención al dolor que causó a su padre
La reacción del padre ante el hijo que regresa viene descrita con cinco verbos que, por sí solos, son suficientes para considerar este versículo como uno de los más bellos de toda la Biblia.
- Lo reconoció desde lejos. Fue el primero en verlo porque siempre lo ha estado esperando.
- Se le conmovieron las entrañas. No se puede imaginar emoción más íntima y fuerte. Solo Dios es capaz de sentir esta forma de amor.
- Salió corriendo. Ciertamente la emoción le hizo perder la cabeza y solo escuchó a su corazón.
- Se le echó al cuello, que es mucho más que abrazar.
- No dejaba de besarlo. expresión de alegría y perdón. El padre no permite que su hijo se arrodille
Sus disposiciones a los siervos tienen todas significados y referencias simbólicas.
- Una vestidura larga para el hijo, la mejor, la que solo se usa para las fiestas,
- Un anillo al dedo, el que lleva el sello de la autoridad.
- Sandalias para sus pies. Son la señal de un hombre libre. Los esclavos iban descalzos. Dios no quiere esclavos en su casa sino personas libres. Dios no es un cacique; quiere ser amado, no temido o servido.
- Una fiesta concluye el camino hacia la casa del Padre.
El Dios anunciado por Jesús es muy diferente del que los escribas y fariseos se imaginan, organiza un banquete para quienes no se lo merecen, introduce en sus fiestas a pecadores sin comprobar si están arrepentidos y sinceramente decididos a cambiar su vida y, para colmo, los abraza sin mediar palabra alguna.
Aquí podría terminar la historia, ya hemos experimentado el perdón de nuestro Padre Dios, pero entonces olvidaríamos los destinatarios a los que Jesús dirige esta parábola, no está dirigida a los pecadores, sino a los “justos”.
El bueno, el hermano mayor no entiende que el padre no quiere siervos en su casa sino hijos. En la parábola, el hijo menor utiliza cinco veces la palabra “padre” porque sabe que su padre es verdaderamente “padre”. Es consciente de no tener ningún mérito, de haberlo recibido todo gratuitamente, de no merecer nada. En los labios del hijo mayor, sin embargo, nunca aparece la palabra padre. Da la impresión de que no sea hijo suyo sino un sirviente, el padre para él es solo el patrón.
¿Cómo podemos imaginar el fin de la historia? El hijo mayor seguramente acabaría entrando a la fiesta, está demasiado acostumbrado a obedecer. Vive en tensión porque, no conoce de verdad a su Padre y es incapaz de aceptar la novedad, no puede renunciar a sus ideas, sus creencias, a complacerse en sus méritos. Continuará yendo a la iglesia, no se perderá ninguna misa, pero criticará siempre con dureza a aquellos que no piensan como él y no son muy ortodoxos, que hablan del amor gratuito de Dios, de la Salvación de todos, del infierno vacío.
¿Y el hijo más joven? Un día estará dentro y otro día fuera de la fiesta, siempre mirado con desprecio y autosuficiencia por su hermano mayor, pero siempre recibido con ternura por su padre.
Jesús María Amatria, CMF.

