Los discípulos se acercan a Jesús preocupados por un problema. Un exorcista no integrado en el grupo está echando demonios en el nombre de Jesús. No se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana.
A pesar de la lucha de Jesús por enseñarles a vivir como él, al servicio del reino de Dios, haciendo la vida más humana, más digna y dichosa, los discípulos no terminan de entender el Espíritu que lo anima: su gran amor a los necesitados.
Expresan a Jesús su reacción: «Se lo hemos querido impedir porque no es de los nuestros». Y dicen que aquel extraño no debe seguir curando porque no es miembro del grupo. Les preocupa el prestigio de su grupo. Pretenden monopolizar la acción salvadora de Jesús: nadie debe curar en su nombre si no se adhiere al grupo.
Jesús reprueba la actitud de sus discípulos. Lo primero y más importante no es el crecimiento del pequeño grupo, sino que la salvación de Dios llegue a todo ser humano, incluso por medio de personas que no pertenecen al grupo: «el que no está contra nosotros, está a favor nuestro». Quien hace presente en el mundo la fuerza curadora y liberadora de Jesús, está a favor de su grupo.
El lenguaje de Jesús es metafórico. La «mano» es símbolo de la actividad y el trabajo. Jesús empleaba sus manos para bendecir, curar y tocar a los excluidos. Es malo usarlas para herir, golpear, someter o humillar. «Si tu mano te hace caer, córtatela» y renuncia a actuar en contra del estilo de Jesús.
También los «pies» pueden hacer daño si nos llevan por caminos contrarios a la entrega y el servicio. Jesús caminaba para estar cerca de los más necesitados, y buscar a los que vivían perdidos. «Si tu pie te hace caer córtatelo», y abandona caminos errados que no ayudan a seguir a Jesús.
Los «ojos» representan los deseos y aspiraciones de la persona. Si no miramos a las personas con el amor y la ternura con que las miraba Jesús, terminaremos pensando sólo en nuestro propio interés. «Si tu ojo te hace caer córtatelo» y aprende a mirar la vida de manera más humana.
Jesús usaba símbolos muy conocidos para los judíos. Cuando hablaban de una parte se referían al todo. Hablar de la mano era hablar de las acciones del hombre, hablar del pie era hablar de los pasos para realizarlas, o sea, de los proyectos, hablar del ojo era hablar de los deseos y las intenciones de donde nacen los proyectos. Es obvio que Jesús no se refería a los miembros del cuerpo, como si ellos nos hicieran pecar. Ya había dejado muy claro que lo que mancha al hombre son los proyectos que nacen del corazón y que no sólo los alimentos, sino ninguna parte del cuerpo es impura. Lo que Jesús quería decir es que hemos de saber cortar a tiempo con las intenciones torcidas, de donde nacen proyectos desviados y acciones perversas. Todo esto tenía que ver con la ambición, que le estaba haciendo tanto daño al grupo de los Doce. Nada daña tanto a una comunidad de discípulos como la ambición entre los que han sido elegidos para servirla, pero se aprovechan de la autoridad a modo de privilegio y distinción. Jesús decía que debemos ser implacables contra ella.
Jesús rechaza la postura sectaria y excluyente de sus discípulos que solo piensan en su prestigio y crecimiento, y toma una actitud abierta donde lo primero es liberar al ser humano de lo que destruye. Éste es el Espíritu que ha de animar a sus seguidores.
Fuera de la Iglesia católica, hay en el mundo un número incontable de hombres y mujeres que hacen el bien y viven trabajando por una humanidad más digna, más justa, más sana y más liberada. En cada uno de ellos está vivo el Espíritu de Jesús. Debemos de sentirlos como amigos y aliados, nunca como adversarios.
Frente a la cultura del yo, Jesús nos invita a la cultura del nosotros. La sociedad dominicana no es una muchedumbre de individuos aislados. Todo ser humano es mi prójimo. De todos me he de sentir responsable, aunque sólo sea para «Quien les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, no se quedará sin recompensa». El dominicano no será humano mientras no escuche la pregunta de Dios: Hijo, ¿Qué has hecho de tu hermano?
Oración. Dios Padre-Madre que te manifiestas en todos; abre nuestros corazones y nuestras mentes para comprender mejor lo que desde siempre nos estás comunicando, incluso a través de aquellos que te conocen por otros caminos y con otros lenguajes que los nuestros; arranca de nosotros toda tentación de exclusivismo y mantennos dispuestos a ayudar y a dejarnos ayudar, en la construcción colectiva de tu Reino. Te lo pedimos inspirados en Jesús, transparencia tuya. Amén.
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf.
Párroco.

