UNA MANERA DISTINTA DE ESTAR CERCA
Evangelio: Marcos 16,15-20
¿Ha cambiado algo en la tierra con la entrada de Jesús en la gloria del Padre? Exteriormente parece que nada. La gente sigue con su vida normal.
Sin embargo, en un día de niebla, cuando el Sol aparece de repente, las montañas, el mar, los campos, los árboles del bosque, los perfumes de las flores, el canto de los pájaros son los mismos, pero es diverso el modo de verlo y percibirlo todo. Lo mismo ocurre a quien ha sido iluminado por la fe en Jesús ascendido al cielo: ve el mundo con ojos nuevos. Todo adquiere sentido, nada entristece, nada produce ya miedo. Por encima de las desventuras, las fatalidades, las miserias, los errores humanos, se vislumbra siempre al Señor que va construyendo su reino.
El texto del Evangelio de hoy se abre con una escena grandiosa. El Resucitado se manifiesta a los Once y les indica la misión que están llamados a desarrollar: “Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda criatura”. La expresión “a toda criatura”, designa ciertamente “todos los hombres”, pero contiene también la invitación a abrir de par en par el horizonte y contemplar una Salvación que se extiende a todo el universo; toda criatura, de hecho, es objeto de la complacencia afectuosa de Dios
El anuncio del Evangelio libera al hombre de la insensata convicción de ser dueño absoluto; le hace comprender que no tiene derecho a intervenir a su placer en la naturaleza y lo lleva a establecer una nueva relación, no sólo con sus semejantes, sino también con el medio ambiente, las plantas, los animales.
En la segunda parte, Marcos enumera cinco señales a través de las cuales el Resucitado manifiesta su presencia: “A los creyentes acompañarán estas imágenes: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes; si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y sanarán”.
Jesús siempre se ha opuesto resueltamente a la petición de prodigios demostrativos y, si no estamos atentos, corremos el riesgo de malinterpretar el significado de las palabras del Resucitado. Es cierto que la predicación del Evangelio va acompañada de signos, incluso extraordinarios, pero éstos no constituyen el fin. El Evangelio es buena noticia, un alegre mensaje. Estamos llamados a proclamar que la Salvación está presente y que, a pesar de todas las oposiciones, el reino de Dios alcanzará su plenitud. No estamos llamados a competir con magos y brujos, sino para dar testimonio de que el Resucitado sigue actuando en el mundo
Los signos extraordinarios enumerados por el evangelista Marcos deben ser leídos e interpretados a la luz del simbolismo bíblico. De éstas y otras imágenes ya se habían servido los profetas para describir los tiempos mesiánicos y el mundo nuevo.
“El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios”. Se trata de una afirmación teológica. Dios no tiene derecha ni izquierda y en el paraíso no se está sentado.
La frase final del evangelio de Marcos: “Y ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban” da testimonio de la convicción de los primeros discípulos de no estar solos, sino de tener siempre a su lado al Señor Jesús, quien, junto a ellos, realizaba prodigios de salvación.
- Jesús María Amatria, CMF.

