PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO – Año B
Evangelio: Marcos 13,33-37
La expresión “regreso del Señor”, usada habitualmente, se presta a malentendidos. Y los textos litúrgicos la evitan porque Jesús no nos ha dejado, no se ha alejado; nuestra vida no se desarrolla en su ausencia.
Las palabras clave del texto del Evangelio del primer domingo de Adviento son “Estén atentos y despiertos”. Se repiten cuatro veces
La invitación a vigilar, que se dirigía primeramente sólo al portero, después es extendida a todos. Probablemente Jesús había dirigido la parábola a sus discípulos y seguidamente el evangelista Marcos ha pensado incluir a todos los miembros de sus comunidades para llamarlos a la vigilancia.
¿Qué significa vigilar? ¿Por qué se insiste en la noche?
Para responder a estas preguntas que nos introducirán en el mensaje de la parábola, es necesario comprender que cuando se dice “Estén atentos porque no saben cuándo va a llegar el dueño de la casa”. Jesús no está refiriéndose a su regreso en un impreciso y lejano futuro, sino a su constante presencia renovadora del mundo.
El dueño de la casa es Jesús que, sin embargo, no se ha marchado; ha cambiado solamente la manera de estar presente entre nosotros. Ahora está más cerca de cada hombre de lo que lo estaba cuando caminaba a lo largo de los caminos de Palestina. Por esto ha invitado a sus discípulos a mantener siempre viva la percepción de su presencia en medio de nosotros: percepción no fácil, porque la posee solo quien tiene una mirada capaz de escrutar más allá de la densa oscuridad de la noche.
Es significativo el hecho de que el Señor advierta que viene durante la noche.
Los maestros de Israel enseñaban que había habido cuatro noches en la historia del mundo. La primera, en el momento de la Creación: no existían ni Sol ni la Luna y era de noche cuando Dios dijo: “Que exista la luz” (Gén 1,3). Hubo una segunda noche, aquella en la que Dios estipuló la Alianza con Abrahán (cf. Gén 15). Después otra, la madre de todas las noches, aquella de la liberación de Israel en la que “El Señor veló… para sacarlos de Egipto” (Éx 12,42).
La cuarta es la noche que espera Israel, en la que Dios intervendrá para crear el mundo nuevo y dar comienzo a su reino.
Cuando el Nuevo Testamento habla de la venida del Señor durante la noche, se refiere a esta cuarta noche.
Quien permanece vigilante, está preparado para acoger al Señor que viene en nuestra noche, en este tiempo que es tiniebla y oscuridad, y es reconocido en aquel que busca la paz, el diálogo, la reconciliación; descubierto en los pobres que, sin recurrir a la violencia, se comprometen por la justicia; visto en el extranjero que busca ayuda; abrazado en quien está solo y busca consuelo.
Existe un secreto para mantenerse despiertos: la oración, entendida como un constante diálogo con el Señor. Quien no reza, se adormecerá, terminará por resignarse y se adecuará, como todos, a la oscuridad de la noche que envuelve al mundo.

