El Espíritu de la verdad.
El “Defensor”, el texto griego utiliza el término “paraklétos”, que significa el “llamado” (por alguien para algo). De ahí se entiende, como el que es llamado para defender a los discípulos. Entendido como el “abogado defensor” de los seguidores de Jesús. Este término griego como el “advocatus”, el Abogado. El que necesita siempre un abogado para que le defienda, sin duda es que se trata de una persona que se va a meter en problemas, que vivirá situaciones conflictivas y necesitará ayuda constante. Sobre todo, en una sociedad, en la que se impone la desigualdad en dignidad y derechos, permanecer indiferente o en silencio es, en definitiva, hacerse cómplice del sufrimiento de los más débiles. Por eso, para ser coherente en la vida, necesitamos una luz, una fuerza y aliento sostenido que solamente nos puede venir del Abogado Consolador, que es el Espíritu de Dios.
En medio de nuestra sociedad tan compleja y más ahora con el virus en medio de nosotros. Cada individuo es un mundo de deseos y frustraciones, ambiciones y miedos, dudas e interrogantes. Con frecuencia no sabemos quiénes somos ni qué queremos. Desconocemos hacia dónde se está moviendo nuestra vida. ¿Quién nos puede enseñar a vivir de manera acertada? Esta vida nueva en el Espíritu no significa únicamente vida interior de piedad y oración. La verdad de Dios que genera en nosotros un estilo de vida nuevo enfrentado al estilo de vida que surge de la mentira y el egoísmo. Vivirnos en una sociedad donde a la mentira se la llama diplomacia, a la explotación negocio, a la irresponsabilidad tolerancia, a la injusticia orden establecido, a la sensualidad amor, a la arbitrariedad libertad, a la falta de respeto sinceridad.
Para un cristiano, Jesús es siempre su gran maestro de vida, pero ya no le tenemos a nuestro lado. Por eso, cobran tanta importancia estas palabras del evangelio: «Yo le pediré al Padre que les dé otro Defensor que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad». Necesitamos que alguien nos recuerde la verdad de Jesús. Si la olvidamos, no sabremos quiénes somos ni qué estamos llamados a ser. Nos desviaremos del evangelio una y otra vez. Defenderemos en su nombre causas e intereses que tienen poco que ver con Jesús. Nos creeremos en posesión de la verdad al mismo tiempo que la desfiguramos.
Difícilmente puede esta sociedad dominicana con unas elecciones cercanas entender o aceptar una vida acuñada por el Espíritu. Pero es este Espíritu el que defiende al creyente y le hace caminar hacia la verdad, liberándose de la mentira social, la farsa, las mentiras, las falsas promesas y la intolerancia de nuestros egoísmos. Se ha dicho que el cristiano es un soldado sometido a la ley cristiana. Es más exacto decir que el cristiano es un «artista». Un hombre que bajo el impulso creador y gozoso del Espíritu aprende el arte de vivir con Dios y para Dios.
En palabras del Papa Benedicto XVI. «La fuente del Espíritu es Jesús. Cuanto más penetramos en Jesús, tanto más realmente penetramos en el Espíritu y éste penetra en nosotros». Según él, una Iglesia «marcada por el Espíritu» es aquella que sabe recordar con profundidad el evangelio y compenetrarse más con la palabra de Jesús para irse haciendo más viva y más fecunda.
Necesitamos que el Espíritu Santo active en nosotros la memoria de Jesús, su presencia viva, su imaginación creadora. No se trata de despertar un recuerdo del pasado: sublime, conmovedor, entrañable, pero recuerdo. Lo que el Espíritu del resucitado hace con nosotros es abrir nuestro corazón al encuentro personal con Jesús como alguien vivo. Sólo esta relación afectiva y cordial con Jesucristo es capaz de transformamos y generar en nosotros una manera nueva de ser y de vivir.
La vida del que se toma en serio el Evangelio, será una vida que se ve enfrentada a frecuentes situaciones problemáticas ante los poderes del “orden establecido”, que no soporta los criterios de vida, los valores y las pautas de conducta ética que niegan los valores que rigen el presente “des-orden” en que vivimos. Solo personas de Espíritu podrán darle un giro nuevo a la civilización del amor y a la historia que estamos viviendo.
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf, José Antonio Pagola y José María Castillo.

