EL DESIERTO CAMINO HACIA LA VICTORIA ESPIRITUAL
Evangelio: Lucas 4,1-13
Todos los años, en la primera semana de Cuaresma, la liturgia quiere que reflexionemos sobre las tentaciones de Jesús. Presenta la manera como el Maestro las ha afrontado para que también nosotros las podamos reconocer y superar.
Tengamos siempre presente que el evangelio de hoy no es la crónica fiel, redactada por un testigo ocular, del desafío entre Jesús y el diablo. El relato es, en realidad, una lección de catequesis y quiere enseñarnos que Jesús ha sido sometido a la prueba no solo con tres, sino “con toda clase de tentaciones”.
Con la referencia al desierto y al número 40, Lucas intenta relacionar la experiencia de Jesús con la de Israel sometido a la prueba durante el Éxodo. Él repite la experiencia de su pueblo pero a diferencia de Israel, Jesús, saldrá del “desierto” plenamente victorioso; el mal se verá obligado a admitir su total impotencia frente a Él.
La primera tentación: “Di a esta piedra que se convierta en pan” A la propuesta del diablo, Jesús responde refiriéndose a un texto de la Escritura: “El hombre no vive solo de pan”. Solamente quien considera la propia vida a la luz de la palabra de Dios es capaz de dar a las realidades de este mundo su propio valor. No hay que destruirlas, despreciarlas, rechazarlas. Pero tampoco convertirlas en ídolos. Son solo criaturas. ¡Dios nos libre de hacer de ellas un absoluto!
La segunda tentación: “Te daré todo ese poder y su gloria, porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiero” A Jesús no le faltaban dotes para sobresalir, para escalar todos los peldaños del poder religioso y político. Era inteligente, lúcido, valiente, atraía a las gentes. Ciertamente hubiera sido un hombre de éxito… pero con una condición: hubiera tenido que “adorar a Satanás”, es decir, hubiera tenido que adecuarse a los principios de este mundo: ser competitivo, recurrir a la violencia, pisotear a los demás, aliarse con los poderosos y emplear sus métodos. Su elección ha sido la opuesta: se ha hecho siervo.
La tercera tentación es la más peligrosa porque atenta contra la relación del hombre con Dios. La propuesta diabólica se basa nada menos que en la Biblia: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo desde aquí, porque está escrito…” Jesús no ha cedido a esta tentación, no ha dudado nunca del amor y de la fidelidad de su Padre; ni siquiera en el momento más dramático, en la cruz.
Las tentaciones de Jesús en el desierto representan de manera sistemática la manera errónea de la relación con tres realidades: con las cosas, con las personas, con Dios y nos enseñan que Dios no nos ha prometido evitarnos dificultades y tribulaciones. No ha prometido librarnos milagrosamente de la enfermedad y del dolor. Nos ha prometido, eso sí, darnos la fuerza para no salir derrotados de las pruebas. Es impensable que Dios nos trate de manera diferente a como ha tratado a su propio Hijo unigénito.
El relato de hoy termina con una anotación: “Concluida la tentación, el Diablo se alejó de él hasta otra ocasión”. Esto nos quiere señalar que las tres escenas que Lucas ha narrado deben ser interpretadas como síntesis de todas las tentaciones que Jesús tuvo en su vida. El evangelista deja entrever, desde el principio de su evangelio, el momento en que la tentación se manifestará en toda su violencia y dramatismo, en la cruz.
Jesús María amatria, CMF.

