«SE ACERCA TU LIBERACIÓN».
Apreciados amigos, hoy iniciamos con gozo el Tiempo de Adviento. Justo con el inicio del nuevo año litúrgico. Este es un año que se espera cargado de meditación, oración, celebración y crecimiento en nuestra vida de fe. Con el tiempo de gracia, de espera y de saber acoger a ese que siempre viene a nuestras vidas para salvarnos.
En cuatro semanas se nos invita a vivir con intensidad la espera atenta, la vigilancia, fidelidad para descubrir la manifestación de Dios salvador. Este domingo lo iniciamos con el llamado a “levantar la cabeza; se acerca nuestra liberación” y debemos estar atentos y despiertos. Ya la liturgia de este día nos habla de la primera venida del Señor, que nos trae palabras de esperanza, de vida, de luz y alegría. En especial para un pueblo que andaba en oscuridad.
En el evangelio vemos a Jesús que anuncia tiempos difíciles, pero también tiempos esperanzadores. Esos tiempos de conflictos y dificultad aún nos siguen acechando. Cuántos hoy vivimos la destrucción en nuestras familias, con nuestros amigos y hermanos. Pero Jesús, en medio de todo eso, no nos abandona. Y en este texto se nos habla de signos. Y es ver que él está contigo y que debemos ir hacia él por ese camino que él ha trazado. Por eso debes estar atento y no temer aún en las dificultades.
La atención de este día es para que te dejes acompañar por Dios. Pues él quiere seguir siendo tú guía, pero quiere sacar de ti todo eso que te aparta de su gracia. Que tú aprendas a renunciar a esas cosas que te hacen daño. Por eso, no pierdas el horizonte de seguir en el camino correcto; ya se acerca nuestra liberación. Pero debes de estar dispuesto, no descuides el momento de oración, aun en la turbulencia, pide para que el traiga paz a tu vida y a tu familia.
Comprométete en este domingo para trabajar y luchar por la unidad en tu entorno, para llevar amor al que pasa por tu lado, para brindar tu apoyo a quien te necesita. Ya la parusía de Jesús se vuelve a acercar y quiere que tu prepares nuevamente tú vida; déjate llenar del amor y de la paz que él te ofrece. Lucha por la unidad en tu familia y busca al que se ha ido y ora incesantemente para que la presencia de Dios y su gracia no se aparten de tu lado; que sea él que te de la gracia para enfrentar las pruebas y dificultades.
Que en este día yo pueda preparar mi corazón para recibir a Jesús que viene a mi vida y que con su llegada yo pueda recibir el amor necesario para así poderme dar por los demás y que yo me pueda transformar en signo de unidad, de entrega y de servicio. Que el Señor me conceda la gracia de estar vigilante a través de la oración y del silencio, para preparar mi corazón y que el Señor pueda nacer en mí y en mi familia con una nueva esperanza.
«¡Levántense, alcen sus cabezas, se acerca su liberación!». Jesús nos describe cómo será el momento final de Jerusalén y nos invita a estar preparados para cuando llegue la hora final. A pesar de todo el caos y el sufrimiento que aquí se describe, viene Jesús como libertador. Por eso, no debemos tener miedo, ni temor, sino esperanza y debemos luchar por un mundo más justo, más fraterno y solidario. Nos comprometemos por llevar la verdad aun en medio de tantas mentiras.
Hoy estamos llamados a construir nuestras familias, nuestra sociedad que tan complicada está. Ayudar a ese que todos le dan la espalda y a ese marginado. Pues no debemos de asustarnos ante las palabras de Jesús, Él está ya entre nosotros y nos brinda su compañía. Fijémonos en que la vida hoy en día va acelerada, no nos detenemos en ese que necesita que le escuchemos, que necesita es un abrazo, que necesita un “te quiero” o un “eres importante”. Estemos preparados y llevemos esperanza a los demás.
No olvidemos que Jesús sigue caminando con nosotros, que somos un pueblo en marcha por la historia. Que tú Señor, seas quien tome nuestras vidas para que seamos capaces de levantar la cabeza, pues ya tú nos has regalado la liberación y aun nos sigues liberando de nuestras miserias humanas. Que este día Señor, yo pueda abrirme a ti para acogerte en mi vida y reconocerte como dador de vida. Que yo pueda dejar que tú me liberes de todo mal. Y que mi relación contigo sea cada vez más directa, a través de la oración y del silencio que me entra en comunión contigo y me mantiene en tú presencia.
Otra invitación del Señor es: «Estén siempre despiertos». También Jesús invita a la comunidad a estar despierta y atenta. Pues llegarán tiempos difíciles. Por eso, no debemos descuidarnos, no nos dejemos envolver con las bebidas, las fiestas y el trabajo. Saquemos nuestro momento para orar y así poder tener fuerzas en medio de la debilidad. Sé que en los últimos tiempos hemos pasado momentos de pruebas y de dificultad, donde se nos han presentado situaciones de extrema pobreza, de violencia, de problemas familiares, (separación de nuestros padres, la muerte de algún ser muy querido) y en medio de todo esto, muchos quizás sientan la ausencia total de Dios. Pero es justo aquí donde debemos afianzar nuestra fe y dejarnos acompañar por nuestro Padre Dios, y qué mejor manera de hacerlo, que a través de la oración. Una oración sincera y que nos prepare para poder recibirle a él. Recuerda que debemos todos dar testimonio de nuestra fe, aunque Jesús no especifique el momento de cuándo llegará nuestro final. Él nos deja claro cuál es la actitud que debemos tener para estar ya preparados.
No te olvides de esa actitud que debes de cultivar, y es nada más ni nada menos que la vigilancia. Es decir, estar al servicio a pesar de que esto requiere esfuerzo, renuncia y fuerza de voluntad. Hoy puedes disponer tu vida para transformarla y con tu entrega en la oración, puedas interceder, al estilo de María, por las necesidades y la paz que hoy afecta al mundo. Que, al iniciar este nuevo tiempo de adviento, yo me sienta preparado y dispuesto para estar al servicio de Dios. Que mi fe se acreciente cada vez más en ese Padre de amor que todo lo puede. Y que la Madre María nos fortalezca para así ser fieles a través del servicio a los demás y a nuestro Padre Dios. Señor, dame la gracia de estar contigo, así no sentiré miedo. También te pido Señor que me des la gracia, cuando tú vengas a mi encuentro, de estar preparado porque ya está cerca el reino de Dios. Señor, dame la fuerza y la gracia necesaria para estar despierto y mantenerme en pie ante el Hijo del Hombre.
Terminemos orando.
«Señor dame fuerza. Para mantenerme. De pies mí Señor. Yo quisiera verte. Envuelto en las nubes. Triunfante y glorioso. Amado Señor. Qué gozo tan grande. Sentir tu presencia. Lléname de gozo. De amor y alegría. Porque en este día. Tú me has dado vida. En todo mi ser. Amado Señor. Amén».
«Que yo siempre esté. Muy cerca de ti. Que nunca me aleje. De ti mi Señor. Si yo me alejara. Qué sería de mí. Solo tú Señor. Me has hecho feliz. Tú casa es muy bella. Está en el cielo. Si es tu voluntad. Quiero conocerla. Allá mi Señor. Pues nos juntaremos. Amén».
«Yo les pido hijos míos. Que trabajen en la tierra. Para que den frutos buenos. Que sean para el Señor. Que los espera aquí en el cielo. Las almas que se les acercan. Yo se las mando a ustedes. Sigan orando por ellas. Unas vienen a mis pies. Pero ningunas se pierden. Amén».
«Hijos tienen que vivir. Despiertos en oración. Cuando llegue el Señor. Él no los va a dejar. Pues tú pudiste velar. Pidiéndole al Señor. Que tuviera compasión. Cuando viniera por ti. Él me dijo ven a mí. Fue amor que te vine a dar. Pues no te voy a dejar. Conmigo tú te irás. Amén».
«Cuánto amor nos tiene. La Madre del cielo. Nos enseña a orar. Con todo su amor. Les dice su Madre: Hagan el rosario. Pídanle a su Madre. Que los acompañe. Aquí estoy mis hijos. Yo vine a abrazarlos. También les he traído. Hermosos regalos. Una flor hermosa. Recíbela, hijo. Con mucha alegría. Ese fue el regalo. Que vino a traerte. Tú Madre María. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

