DIOS TIENE ALGO QUE DECIRNOS.
«TODOS VERAN LA SALVACIÓN DE DIOS».
Apreciados hijos de Dios, este domingo ya nos vamos introduciendo en la dinámica de la alegría y de la esperanza. Y la liturgia nos invita a preparar el corazón, nuestra vida y nuestros hogares para recibir a Jesús. Preparemos el camino por el cual él llega a nosotros y por el cual nos acercamos y llegamos a él.
Ya en el evangelio nos encontramos con Juan el Bautista que nos invita a la conversión sincera, manifestada a través del bautismo y del arrepentimiento. Y con esto prepararnos para enderezar nuestros caminos y nuestras vidas. Para que también dejemos nuestro orgullo, nuestro deseo de poder y nuestras vanidades. Los primeros seguidores de Jesús vieron en la actuación del Bautista, al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús.
Y el evangelista Lucas resume el mensaje del profeta de Isaías: “Preparen el camino del Señor”. Es por esta razón que te invita a transformar esos vacíos existenciales que hoy posees. Para que tu vida esté llena de fe, de confianza y esperanza. Y te puedas dar cuenta de que Dios hoy se quiere encontrar contigo y te quiere transformar. Abre tu mente y tú corazón para darle paso a ese Dios que quiere sacar de tu vida todo eso que tienes acumulado en tu corazón y no te permite preparar tu vida para su llegada.
Necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. Hoy es un tiempo para ir al desierto descalzo y en silencio, para que escuches a Dios y el clamor de tantos hermanos, y de esta forma prepares tu vida interior. No olvides que Dios quiere volver a nacer en ti. Dale la oportunidad de que pueda habitar ahí. Preparemos el camino del Señor, pues él nos conduce a la salvación y lo podemos hacer con otros. Para que no se pierdan, para que no se sientan excluidos. Sino acompañados, no solo por nosotros, sino también por ese que es camino, verdad y vida.
Y cuando nos habla de allanar los senderos. Nos invita a facilitar el peregrinar de los hermanos.
Cuando habla de elevar los montes: Es confortar a quien se siente deprimido y necesitado.
Cuando nos habla de hacer descender los montes y colinas: es porque solo se puede caminar juntos si somos iguales y pacientes.
Que lo torcido se enderece: Porque no todo es recto en nuestro mundo. Y no podemos callar ante lo que cause sufrimiento y desesperanza.
Que lo escabroso se iguale: Para que todo lo que cause violencia sea regido por el amor. Si llevamos todo esto a la práctica podremos, al final de nuestras vidas, ver la salvación de Dios. Que en este día yo pueda preparar el camino del Señor, rectificar mi vida y apartar de ella todo eso que me separe de su gracia. Y que yo pueda ofrecer mi vida para también ayudar a otros a volver a Dios con un corazón abierto, para así sembrar esperanza en mi vida y en toda la humanidad.
Por eso les pregunto. ¿Estamos nosotros preparando el camino para podernos encontrar con el Señor? Con estos nuevos tiempos que nos ha tocado vivir. ¿Cómo nos preparamos? Es verdad que participamos nuevamente de mañanitas, de retiros y nos confesamos. Nuevamente podremos tener en los retiros el calor humano y hasta hoy sería bueno preguntarnos ¿Qué hemos aprendido en estos dos años?
Pero el Señor te invita a que no estés triste; él ha venido a consolarte y a animarte. Porque él quiere encontrarse contigo. En cada acontecimiento de tu vida, nos invita a no dudar. Aún en medio de tus situaciones y de tu vida cotidiana, él te invita a ser paciente y no abandonar sus caminos. Y con esto hacer lo que hizo Juan el Bautista, que supo ver e interpretar los signos de la llegada del Mesías. Se dispone a acogerlo con un cambio en su estilo de vida. Él nos prepara en el aquí y el ahora, en todo lo que debemos hacer ante la llegada del Señor.
Cuántas personas están viviendo un desierto espiritual. Hoy nos toca a nosotros encender nuestra fe y ser testigos anunciadores del mensaje de Dios y que, con nuestro testimonio, otros sigan el camino. Pero para eso debemos tener ánimo, confianza, fuerza de voluntad y sobre todo un corazón dispuesto. No nos quedemos parados, sino que salgamos a preparar el camino siendo portadores de la buena noticia del reino de Dios y del nacimiento de Jesús que está cerca. Y que llega a partirse y a darse por amor a la humanidad.
Tengamos presente que el adviento es de espera confiada donde Jesús nos invita a vivir el evangelio, no solo con palabras sino también con obras. Y así preparar nuestro día a día para la llegada del Señor. Durante esta semana nos hace la invitación a que nos convirtamos y podamos arrepentirnos, para vivir con entusiasmo nuestra experiencia bautismal.
Amigos, vemos como hoy el tiempo va avanzando y nosotros aquí seguimos luchando para seguir adelante. Pero ponemos siempre nuestras vidas en manos del que todo lo puede. Aunque veamos cómo el mundo sufre y que, a muchos, este sufrimiento los ha hecho desconfiar. Hoy el Señor te invita a que no pierdas la esperanza en Dios, porque él es el único que puede derrotar tus miedos y tus dudas. Para así poder tener una vida más plena y segura. Es lo que hoy en día a muchos nos hace falta. Señor, dame un poco de la humildad de Juan; él fue la voz que gritó lo que hay que hacer para recibir al Mesías; preparémonos para que nos encontremos con esa luz que alumbra nuestra vida.
Es que vemos que lo que hoy estamos pasando, no sabemos cuándo terminará, nos hace sentir desamparados por nuestro Padre Dios. Hoy es el momento propicio para ponerte en contacto con ese Padre de amor, presentarle cada una de tus peticiones. Y que aprovechemos el momento para que, desde ya, nos dejemos acompañar por la misión encomendada a Juan el Bautista. El que viene anunciar y preparar el camino del Señor. Para eso es necesario hacerlo con una gran humildad, sencillez y pequeñez. Señor, dame la gracia que tuvo Juan de predicar para la conversión de los pecadores y preparar el camino del Señor.
Terminemos orando:
«Qué hermoso Señor. Hablar yo de ti. Hermosa palabra. Que tu pongas en mí. Que sean hermosas. Y llenas de amor. Que lleguen profundo. A tú corazón. Que hoy sea un día. Que nunca lo olvide. Me has llenado el alma. Y toda mi vida. has estado tan cerca. Que con tu presencia. Has estado conmigo. Amén».
«Hijo vive en la humildad. Como la vivió tu Padre. Solo tienes que mirarlo. Su rostro lo dice todo. Su corazón entregado. Para amar al mundo entero. Por eso hijo te ruego. Que ames como amé yo. Yo los sigo amando siempre. Porque mi amor no se acaba. Hijo con toda mi alma. Yo siempre te amaré. Amén».
«Hijos les quiero decir. Que trabajen en la tierra. Y se ganaran el reino. Que está allá en el cielo. Qué alegría sentiría. Al ver mis hijos contigo. Les di amor en la tierra. Y gozo aquí en el cielo. Todos estaremos juntitos. Con su Padre que los quiere. Amén».
«El que camina en la luz. Camina siempre conmigo. Andará por buen camino. Y todo le irá bien. Te enseñaré a caminar. Por donde todo esté claro. Yo estaré a tú lado. Los dos cogidos de manos. En tú corazón derramo. Todo mi amor para ti. A mi lado hijo mío. Te quedarás para siempre. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

