QUE PUEDAS TÚ ARDER EN CARIDAD. Y A EJEMPLO DE CLARET ABRASAR POR DONDE PASAS.
Oración Apostólica de San Antonio María Claret. «Señor y Padre Mío, que te conozca y te haga conocer; que te ame y te haga amar; que te sirva y te haga servir; que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas. Dame, Padre Mío, que todos los pecadores se conviertan, que todos los justos perseveren en gracia y que todos consigamos la eterna gloria. Amén».
Hoy celebramos la Fiesta de San Antonio María Claret y es un día propicio para pedir a Dios en este tiempo de crisis que nos ayude a volver a la vida, a encontrarnos con él. Nosotros que muchas veces nos sentimos solos. Hoy es un buen día para que nos preguntemos ¿Qué tan duro yo estoy trabajando para la proclamación del reino? ¿Soy yo de lo que se mantienen firmes y fieles a la fe? ¿O soy de los que se niegan en los momentos difíciles? Sin olvidar que el Señor siempre está atento a encontrarse contigo. Sólo debes tener un corazón abierto y dispuesto a dejarte encontrar por él.
En el evangelio propuesto para esta fiesta de los Misioneros Hijos Del Inmaculado Corazón De María, Jesús instruye a sus apóstoles sobre la misión. En primer lugar, a salir, cuando les dice que vayan y anuncien la buena noticia a toda la humanidad. A tener una fe viva y unida al bautismo, a estar siempre afianzado a la misión de Jesús y a no rechazar su proyecto. Debemos estar atentos a ese llamado que se nos hace de seguir expandiendo el proyecto de Dios aquí en la tierra.
Quien crea se sumerge en la misión de Cristo que quiere que todos los seres humanos tengamos una vida abundante. Por eso el que rechaza la vida de Jesús está rechazando ese proyecto de salvación. Es decir, que debemos estar atentos y dejarnos encontrar por él. Son muchos signos los que nos acompañarán. No es que lo hagamos de forma radical. Aun así, nos acompañan señales muy concretas para vencer el mal. Dios mismo te capacitará para comunicar vida y esperanza a todos los oprimidos.
Querido amigo, recuerda que Dios siempre te acompaña y te da el valor para anunciar su mensaje de amor. Así podrás vencer el mal con la fuerza del amor, la justicia y la bondad. Pues hoy podríamos decir que en el seguimiento del reino no estamos solos. Siempre vamos acompañados.
¿Cuántas veces se nos hace difícil ir de la mano con algún hermano? pues somos tan diferentes y no logramos adaptarnos con el que camina a nuestro lado.
Hoy debiéramos de cambiar esa forma de actuar y dejarnos guiar por alguien más, y unidos a otros demos testimonio de la presencia de Dios aun en medio de lo que hoy nos ha tocado vivir. Momentos de desafíos hasta con nosotros mismos o con alguien cercano. Sé que, en medio de tanta destrucción donde se lucha por sobrevivir, nuestra fe se derrumba. Pero es en ese Dios de amor en el que tú debes confiar e incluso debes poner la confianza en algún hermano y así poder avanzar.
También se nos hace un llamado de salir al encuentro de los demás y proponerles un estilo de vida diferente. De paz, confianza, justicia, solidaridad y por qué no, de equidad. Que sirvan para construir un mundo más humano, fraterno y solidario. Así como Jesús envió a sus discípulos, hoy nos envía a nosotros a luchar para que prevalezca la unidad. Para no dar cabida a ese que nos divide, nos aleja y nos lleva a dudar. Y a pesar de que las cosas no salgan como pensamos, a no desanimarnos, sino que busquemos la manera de poder continuar.
En otro aspecto el Señor invita a sus discípulos a confiar en quien los envía. Por eso, los invita a no llevar prácticamente nada que proporcione seguridades humanas. El Señor es el que les proporciona esas seguridades humanas, para que pueda brillar la confianza en la providencia y el desprendimiento. Jesús quiere que ellos sean acogidos por aquellos a quienes son enviados. Por eso les da el poder para transformar esos corazones a que se arrepientan. Les invitaba también a expulsar demonios, curar enfermos. Teniendo presente que lo más importante era mostrar el reino de Dios.
Vemos como la Iglesia de Jesús es frágil, humana y capaz de llevar en sus manos el gran tesoro de dar vida, y vida definitiva con el bautismo para darnos un nuevo nacimiento. Y éste lo recibimos con esa fórmula trinitaria. Y así entrar en el misterio amoroso de Dios. Un Dios que no es soledad, sino comunidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Aquí es donde se fundamenta toda la vida de la Iglesia. Y nos invita a ponernos en camino para seguir atrayendo a más hijos. Y que estos encuentren la razón de su existir sabiendo que no estamos solos, que nuestro Padre nos acompaña y siempre va de la mano en todo momento. Y desde nuestro bautismo hemos sido elegidos para ser sus discípulos, a pesar de que en el momento nos queramos dar por vencidos. Dios en su infinito amor nos levanta y nos impulsa a vivir con alegría y amor. Ese es el camino que nos conduce a él.
La comunidad de Jesús a través de sus discípulos realiza la misión, la cual tiene como finalidad llevar el proyecto recibido por Dios. Los discípulos son los enviados a proclamar ese mensaje de liberación a todos los pueblos y ciudades. Y estamos llamados a crear una sociedad más solidaria y fraterna. A llevar paz, amor y esperanza a cada hogar. Cada discípulo y misionero tiene la responsabilidad de curar enfermos, liberar y anunciar que aquellos que anhelan están ya aquí. Que hoy podamos confiar más en ti. Señor, prefiero morir antes de dejar de creer en ti y por tu gracia alcanzar la salvación.
Terminemos orando.
«Te estoy esperando. Hijo en el sagrario. Sígueme adorando. Que estoy a tu lado. Tú me has suplicado. Que cambie tu vida. Con todo mi amor. Te la cambiaré. Y te me daré. Todo por entero. Amén».
«Que hermoso regalo. Te trajo tu Padre. Hecho para ti. Salido del alma. Te trajo tu Padre. Con mucha alegría. Yo quiero hijo mío. Que tú me regales. Aunque sea un poquito. De tu corazón. Yo te daré el mío. Para ti enterito. Así andaremos. Juntitos tú y yo. Cogidos de mano. Junto a ti Señor. Y te quedarás. Por toda tu vida. En mi corazón. Amén».
«Oración por mi comunidad. Padre, hoy quiero pedirte por mis hermanos de comunidad. Tú los conoces personalmente: conoces sus nombres y sus apellidos, sus virtudes y sus defectos, sus alegrías y sus penas, su fortaleza y su debilidad, sabes toda su historia; los aceptas como son, y los vivificas con tu Espíritu. Tú, Señor, los amas no porque sean buenos sino porque son hijos tuyos. Enséñame a quererlos de verdad, a imitación de Jesucristo, no por sus palabras o por sus obras, sino por ellos mismos, descubriendo en cada uno, especialmente en los más débiles, el misterio de tu amor infinito. Te doy gracias, Padre, porque me has dado hermanos. Todos son un regalo para mí, un verdadero sacramento, signo sensible y eficaz de la presencia de tu Hijo. Dame la mirada de Jesús para contemplarlos, y dame su corazón para amarlos hasta el extremo, porque también yo quiero ser para cada uno de ellos sacramento vivo de la presencia de Jesús. Amén».
«UN HIJO DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ES… Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloría en la cruz de Jesucristo. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Cristo en orar, en trabajar, en sufrir, en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres». (Constituciones CMF # 9).
Juan Andrés Hidalgo Lora, CMF

