EL ESPÍRITU: ESPERANZA PARA UN MUNDO NUEVO
Evangelio: Juan 20:19-23
¡Ven Espíritu Santo, libéranos y haznos personas nuevas!
Jesús prometió a sus discípulos que no los dejaría solos y que les enviaría el Espíritu. Hoy celebramos la fiesta de este don del Resucitado.
Lucas sitúa el descenso del Espíritu en la fiesta de Pentecostés. Sin embargo, en el Evangelio de hoy, Juan nos dice que Jesús impartió el Espíritu el día de la Resurrección
En Juan la muerte, la resurrección, la ascensión y el don del Espíritu Santo tuvieron en el mismo instante de la muerte de Jesús. Al relatar lo sucedido en el Calvario aquel Viernes Santo, nos dice que “Inclinó la cabeza y Jesús entregó el Espíritu” Y en el Evangelio de hoy Juan sitúa el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pascua para mostrar que el Espíritu es un don del Resucitado. Lucas nos presenta este misterio único, sublime e inefable de la Pascua como si ocurriera en tres eventos sucesivos Lo hizo para ayudarnos a comprender muchos de sus aspectos.
Pentecostés era una fiesta hebraica muy antigua que se celebraba cincuenta días después de la Pascua, conmemoraba la llegada del pueblo de Israel al Monte Sinaí. Moisés subió al monte, se encontró con Dios y recibió la Ley para trasmitirla a su pueblo. Los israelitas se sentían orgullosos de este don. Para agradecer a Dios por esta predilección instituyeron una fiesta, Pentecostés.
Lucas sitúa en esta fiesta de Pentecostés el momento en el que Espíritu desciende sobre los discípulos. Cincuenta días después de la Pascua. queriendo enseñarnos que, el Espíritu ha reemplazado a la antigua Ley, convirtiéndose en la nueva Ley para el cristiano.
Está claro el significado del ruido huracanado, del viento y el fuego. Si vamos al libro de Éxodo nos encontramos con los fenómenos que acompañaron al don de la antigua Ley “Al tercer día por la mañana hubo truenos y relámpagos y una nube espesa se posó sobre el monte, mientras el toque de trompeta crecía en intensidad y todo el pueblo se puso a temblar” (Éx 19,16). “Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonar de la trompeta y la montaña humeante” (Éx 20,18). Lucas nos presenta con las mismas imágenes el don del Espíritu el día de Pentecostés.
En el Evangelio de Juan que hoy nos presenta la Liturgia se sitúa la manifestación del Resucitado en el contexto del primer día de la semana. Quiere decirnos a los cristianos de hoy que nosotros también nos podemos encontrar con el Señor. No nos encontraremos con Jesús de Nazaret con el cuerpo material que tuvo en este mundo, sino que nos encontramos con el Resucitado cada vez que nos reunimos en su nombre “en el día del Señor”.
Después de saludar dos veces a sus discípulos: ¡La paz sea con ustedes! Jesús les da su Espíritu y los envía a cumplir una misión: “Como el Padre me envió, así también yo los envío a ustedes”. Cuando estuvo en el mundo, Jesús hizo presente el rostro y el amor del Padre. Habiendo dejado este mundo, continúa su obra a través de los discípulos a quienes les confiere su Espíritu.
Para comprender la misión encomendada a los apóstoles, el perdón de los pecados mediante el derramamiento del Espíritu, debemos tener presente los conceptos religiosos del pueblo de Israel. En tiempos de Jesús, se creía que el pueblo se comportaba de forma inmoral. Se contaminaban con sus ídolos. Eran impuros porque un espíritu maligno los poseía. Se preguntaban cuándo intervendría Dios para rescatarlos e infundirles un espíritu bueno.
¿Qué significa perdonar el pecado? De forma correcta, aunque limitada, estas palabras se han interpretado como la concesión a los apóstoles del poder de absolver el pecado en el sacramento de la Reconciliación. Pero Jesús está involucrándonos a todos sus discípulos. a quienes su Espíritu anima. Perdonar los pecados es purificar al mundo de toda forma de mal.
El discípulo debe comprometerse a crear las condiciones para que todos abran sus corazones a la acción del Espíritu y obrar el bien.
¡Espíritu Santo, enséñanos a amar y servir!
Jesús María Amatria, CMF.

