«HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA»
Apreciados hijos de Dios, seguimos adelante en este nuevo año, que trae consigo muchos cambios en la vida de la humanidad. Hoy, damos inicio al segundo domingo del tiempo ordinario y lo hacemos con la persona de la Virgen María. En estos tiempos difíciles que estamos viviendo, como humanidad, por esta terrible enfermedad, en donde quizás sientas que tu vida no tiene ningún sentido, porque te sientes solo, triste, abandonado e incluso prisionero en tu propia casa, en donde hemos tenido nuevamente que aprender a estar con las personas más cercanas a nosotros: papá, mamá y hermanos. Y hemos tenido que pasar más tiempos juntos y compartir todo lo que hacemos, aunque, en momentos, se nos ha acabado la paciencia y hemos tenido que aprender a tolerar las diferencias de los demás. Aprendiendo a obedecer, a ejemplo de Jesús. Aún en medio de la enfermedad, del aislamiento e incluso en la propia muerte de algún familiar.
Hoy, se nos invita a tener confianza y así, como en la boda de Caná, pedirle a María que interceda ante su hijo. En este tiempo en donde todos nos enfrentamos a nuevos rectos, no solo para los gobernantes, sino para los padres, los hijos, los maestros y las instituciones educativas, que se enfrentan con nuevos cambios de escenarios, para que todo salga bien; todos debemos ayudar, confiando uno en el otro.
Hoy, continúa la desobediencia en la humanidad porque siempre queremos hacer las cosas a nuestra manera, olvidándonos de evaluar si estoy haciendo bien o mal, o si eso que estoy haciendo me perjudica a mi o a los demás. Pero, es que nos gusta tanto romper los esquemas de lo correcto. Que muchas veces nos destruimos a nosotros mismos aun sabiendo lo que debemos hacer. Cuán difícil se nos hace obedecer; que diferente serían nuestras vidas si obedeciéramos, a ejemplo de María y de Jesús.
El evangelio de hoy nos relata que, en Caná de Galilea, había una boda en donde María, Jesús y sus discípulos eran invitados y es allí donde, la Virgen María, se percata que no tienen vino y es justo ahí donde ella intercede, dice a su hijo que no tienen vino. Jesús, quien obedece y escucha la voz de su Madre, ve lo atenta que está María, a las necesidades de esos que no tienen identidad. Ella sigue firme y es por eso por lo que ella dice “hagan lo que él les diga”. Logra así que Jesús haga su primer milagro, por intercesión de su Madre, quien es modelo de fe y de obediencia. María pone de manifiesto su preocupación por el ser humano, ella sale al encuentro de sus necesidades y las introduce en la acción de la misión encomendada.
Muchas veces nuestras vidas, así como en aquella boda, nos quedamos sin alegría, sin ilusión, sin esperanza, por los tantos problemas que van surgiendo en nuestro día a día. Es por eso por lo que, debemos contar con la ayuda de la Virgen María. Ella, que sabe bien cuáles son nuestros problemas, ella intercede ante su hijo, para que nos ayude a levantarnos y poder continuar. Hay momentos en que la solución, de lo que estamos pasando, no es de inmediato, pero ella nos va acogiendo, abrazando y brindándonos el amor necesario, para que no desfallezcamos.
Hoy, estamos invitados a depositar nuestra confianza, al igual que María, en su Hijo Jesús. Ella lo conocía y de antemano sabía que él iba a obedecer. Que así tú también aprendas a identificar y a conocer a los que tú guiarás a nivel familiar, político, religioso y como país. Otro aspecto importante es planificar, para saber con que contamos y qué tenemos, si lo que tengo es suficiente para que las cosas me salgan bien, con quién debo contar, quién me puede ayudar en caso de que algo me falte.
También debemos aprender a confiar en Jesús y nuestra Madre María para que, bajo su intercesión, no nos falte lo necesario en este año. Pero, para eso, no olvidemos que tenemos que sacar tiempo para orar personal y familiarmente. Confiemos en que nuestro Padre Dios nos va a acompañar para que todo eso pase y nos volvamos a encontrar. María se pone entre su hijo y la humanidad desde sus pobrezas, sus sufrimientos y sus necesidades. Se pone en medio, hace de mediadora, no como una persona extraña, sino en su papel de Madre, consciente de que, como Madre, tiene el derecho de hacer presente al hijo en las necesidades del ser humano. Jesús quiere entrar en nuestra vida con poder para transformarnos y darnos con generosidad. Para que nunca nos falte ni el vino de la esperanza ni el vino de la alegría.
Muchas veces, nosotros, por estar pendientes de nuestros afanes, nos quedamos sin vino, es decir sin alegría y sin ilusión, nos dejamos arropar por los problemas que nos surgen. Justo en ese momento que nos sentimos sin saber qué hacer y no sabemos cómo continuar. Sería un buen momento para pedir la intercesión de la Virgen María, pues ella sabe bien cuál es el problema y es capaz de interceder ante su hijo por nosotros. Y aunque, a veces, la solución no es inmediata, en el momento menos esperado vuelve a reinar el amor, la justicia y la felicidad en nuestra vida.
Jesús nos da instrucciones, para que sepamos lo que tenemos que hacer, para poder él actuar. Él también quiere habitar en ti y, por eso, realiza esos signos de amor y de crecimiento, para cada uno de nosotros, para que, con ello, acreciente nuestra fe y no nos sintamos solos, ni desamparados. Él siempre quiere llenar el vacío y las carencias que, al igual que en esta boda, hay en tu vida. Jesús, ante la observación de su Madre, adelanta su hora y ofrece vida a quien la busca de verdad. Él continua adelante con la petición de su Madre, convirtiendo aquella agua en vino. En un vino bueno y es aquí donde se da la mediación de María, se pone en medio entre su hijo y nosotros. Nos demuestra, con eso, su gran amor por la humanidad. Y tal como nos dice, solo debemos confiar, pues ella sabe lo que su hijo puede hacer por nosotros.
Pidamos a nuestra Madre, la Virgen María, que interceda ante su hijo por cada una de las necesidades. Para que ella interceda por nosotros en estos momentos de tantas dificultades, para que su amor y su misericordia nos acompañen y nos fortalezcan. Que ella rompa todas las cadenas que hoy nos atan y nos esclavizan. Pero que, en especial, interceda por esos hijos que hoy, injustamente, se encuentran en una cárcel, sin encontrar que hacer, ni cómo conseguir su libertad, sin nadie que les ayude. Para que nuestra Madre, como lo hizo en la boda de Caná, termine de romper todas las cadenas de las mentiras, de las injusticias y así ellos consigan la libertad que los haga libre. Y que podamos transformar nuestras vidas, sabemos que no estamos solos, que nuestro Padre de amor siempre nos brinda el vino de la esperanza y el vino de la alegría y, de esta manera, continúe nuestra fiesta y nuestra alegría en el Señor. Señor, como tu mandaste llenar las tinajas de agua y las convertiste. Así llena mi corazón de amor y de esta manera podré amar más a los demás. También, Señor, cuanto amor de un hijo para su Madre aun tu hora no había llegado tú la complaciste y convertiste el agua en vino, así te pido que conviertas mi corazón y llénalo de amor y, si es de piedra, conviértelo en carne.
Terminemos orando.
«Qué bueno tú eres. Amado Señor. Convertiste el agua. En el vino mejor. Solo tú lo hiciste. Y oíste a la Madre. Aún no ha llegado. Tu hora Señor. Cuanto amor tú tienes. Mi Padre del cielo. El último vino. Que allí se brindó. Fue el que era más bueno. Así quiere Dios. Que tu corazón. Sea siempre bueno. Para que un día. Tú puedas llegar. Y ver a Jesús. Allá en el cielo. Amén».
«Hoy es tú día María. Queremos felicitarte. Y adornar tú corazón. Con muchas rosas hermosas. Eres tú, Virgen María. Como tú no hay nadie más. Te pareces a una rosa. Acabada de cortar. Aquí me tienen ustedes. Solos no los dejaré. Siempre los vivo cuidando. Porque amor yo les daré. Amén».
«María Madre del cielo. Que estás llena de bondad. Ven, María, a nosotros. Ven a regalarnos paz. María, Madre de Dios. Y Madre del mundo entero. Nunca me olvido, mis hijos. Soy la Madre que los quiere. Si yo ruego por ustedes. Buscando su salvación. No me dejen sola hijos. Oren con el corazón. Amén».
«Aunque ustedes no me vean. Al lado yo estaré. Yo camino con ustedes. Solos no los dejaré. Me gusta mucho el rosario. Mis hijos del corazón. Me gusta esa oración. Es mi mayor devoción. Nunca dejen de venir. Que yo los estoy esperando. Para que juntos, tú y yo. Recemos el Santo Rosario. Amén».
«Te vamos a vestir. De flores y rosas. Que las cogeremos. De un jardín hermoso. También te ponemos. Coronas de rosas. Que sean perfumadas. Con un olor suave. Con la sencillez. Que tiene mi Madre. Hoy Madre querida. Te quiero decir. Que cuando te miro. Me siento feliz. Hijos de mi alma. Les dice su Madre. A todos en el cielo. Lo estoy esperando. Amén».
«La Virgen María. Vino a visitarte. Con flores en las manos. Para ti hijo mío. Hoy quiero decirte. Que estoy a tu lado. Vine a darte amor. Que nadie te ha dado. Hoy tu corazón. Lo lleno de amor. Le pido a mí hijo. Que te de un regalo. Es que no te vayas. Nunca de mi lado. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

