«EL ESPÍRITU DE LA VERDAD LES GUIARÁ HASTA LA VERDAD PLENA».
Muy apreciados y amados hijos de Dios, hoy celebramos la Solemnidad de la comunidad del amor de Dios; la Santísima Trinidad que nos invita a su vez a vivir el amor y a ser uno en el Dios amor. Él se nos revela a cada uno de nosotros como un nuevo horizonte en nuestra vida. Que entró a nuestra historia en Jesús de Nazaret y que anima nuestro caminar con el Espíritu. La Trinidad pone de manifiesto al Dios amor que nos da pautas para continuar y dar sentido a la vida. Un solo Dios en tres personas distintas, misterio central de la fe y de la vida cristiana.
Esta fiesta nos recuerda que la gloria y el poder de Dios se expresan por su amor a nosotros, Él se acerca a cada uno de nosotros para que podamos ser nosotros mismos. Nos llena de esperanza, de amor y de paz. Cabe notar que, al celebrar la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, fundamentamos nuestro credo que proclamamos cada domingo, en fiesta de algún santo, o misas de preceptos en la eucaristía. Y aunque a veces no nos detenemos a rezarlo, ahí se encierra nuestra fe.
Cada uno de nosotros como bautizado, es testigo de este misterio y experimentamos a lo largo de nuestra existencia, el amor del Padre. A quien le atribuimos nuestra existencia. El amor del Hijo, quien se ha entregado y nos da vida, nos ofrece el perdón, y nos lleva al Padre. Y el Espíritu Santo, quien mora en nuestro actuar, nos guía, nos impulsa y nos permite avanzar en nuestro caminar. Los tres tienen el mismo poder, la misma naturaleza y la misma perfección. Podremos entender este misterio después de haber vivido la resurrección de Jesús, el salvador enviado por el Padre. Vemos, que juntos se hacen presentes en la vida del hombre en un solo Dios que nos ilumina y ayuda a avanzar en nuestro caminar y con la señal de la cruz hacemos presente este misterio.
En el evangelio de hoy vemos una despedida de Jesús a sus discípulos. Él aquí demuestra su amor entrañable por ellos. En esta buena noticia podemos descubrir cómo la tercera persona de la Santísima Trinidad es el más desconocido; sin embargo, es el encargado de hacernos comprender el nuevo orden de las cosas: La vida nueva que sigue a la muerte y resurrección de Cristo. Sin su luz que nos instruye internamente, no somos capaces de reconocer a Dios, ni reconocer su paso por nuestra historia. Él es el que nos guía a la verdad plena. Éste habita en nosotros, con él se despierta nuestra confianza en Dios y nos sostiene en la vida del Dios amor.
Hoy, tú y yo como cristianos, estamos invitados a construir, junto a la Trinidad, una comunidad fraterna. En la que podamos vivir la comunión en el amor. No olvidemos que son las obras que Dios ha hecho por nosotros, lo que nos hace reconocerlo. El Padre nos ha regalado a su hijo. Y el Padre y el Hijo unidos, nos han comunicado su mismo amor donándonos su Espíritu Santo. En todo este misterio podemos contemplar la unidad en la diversidad y una total donación de amor. La creación, la redención, el Espíritu Santo como guía en nuestras vidas y como total entrega en plenitud para el hombre.
En este mundo tan dividido por rupturas interiores y diferencias tan marcadas, el Padre nos llama a ser nuevamente uno, a empezar en nuestra familia, con nuestro esposo, esposa, hijos, en la parroquia, en nuestra comunidad o movimientos parroquiales o en nuestros círculos sociales. Debemos ser unidad en lo pequeño, para así llegar a ser una sola cosa en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Para poder ver obrar ese amor y que lo podamos reflejar en los demás.
Jesús habla de algunas funciones del Espíritu Santo. Pues es quien ilumina, enseña, sirve y guía. Él busca que sus discípulos entiendan las enseñanzas que él les ha querido transmitir. Porque sus discípulos en ese momento no entendían lo que él les enseñaba. Y siendo sinceros, no es nada fácil de entender el Espíritu Santo. Por eso aclara que Dios no lo ha dejado solo, que su espíritu será capaz de guiarle y le comunicará lo que está por venir y lo podemos notar en los acontecimientos de nuestra vida.
Muchos de nosotros nos hemos sentidos solos, heridos, abandonados y ahí podemos reconocer cómo Dios se hace presente en nuestra vida; nos levanta y nos anima a seguir adelante. Este momento es ideal para dejarte guiar por Dios, quien hoy te ha dejado un regalo y es tu propia vida, la cual debes abrir para así ser conducida a la verdad plena.
Que en este día renovemos nuestra fe para redescubrir ese misterio de amor que se adentra en nuestro corazón. Para de esta manera volver a vivir una experiencia con la Trinidad Santa. Para que nuestro Padre Dios llene nuestros corazones de fuerza y que su Espíritu Santo nos sirva de guía para continuar como testigos de la verdad. Nos permite vivir en unidad, en amor y en completa paz, para de esta manera construyamos una humanidad en completa armonía con esa comunidad trinitaria. Señor, permíteme que mi corazón esté siempre abierto a recibir el espíritu de la verdad. Señor ayúdame a esperar con paciencia lo que pueda pedirte, que tú me concedas.
Terminemos orando a esa Trinidad Santa.
«Pues me quedan muchas cosas. Que yo tengo que decir, dijo Jesús a sus discípulos. Pero sé que por ahora. No puedan cargar con ellas. Vendrá el Espíritu de la verdad. Es él que nos guiará. Hasta la plena verdad. No hablará por cuenta propia. Hablará de lo que oye. Y él comunicará. De lo que va a venir. Me glorificará, y de lo mío él anunciará. «Todo lo que el Padre tiene es mío. Por eso les he dicho. Recibirá y tomará. De lo mío. Y lo anunciará. Amén».
«Que en toda mi vida. Viva la verdad. Y en mí corazón. Que reine la paz. Que mis ojos miren. Las cosas más bellas. Que Dios ha creado. En toda la tierra. Y lo más hermoso. Es lo que Dios me ha dado. Y me ha llenado. De todo su amor. Amén».
«Yo sé que tú estás. En todos los tiempos. En cada momento. Te siento Señor. Pues tú me llenaste. De un amor tan grande. Lo llevo guardado. En mi corazón. Gracias Dios del cielo. Con solo mirarte. Siento mucho gozo. Y mucha alegría. En mi corazón. Amén».
«Yo quiero escuchar. Todo lo que digas. Y lo que me falte. Dímelo Señor. Que venga el Espíritu. Que es la verdad. Que fuerza nos da. A todos sus hijos. Y los guiará. Hablará en su nombre. Palabras que lleguen. A los corazones. Con mucha tristeza. Pero Dios las cambia. Por gozo en el alma. Y en su corazón. Con mucha alegría. Alaban a Dios. Amén».
«Vengo a visitarte. Mi Dios mi Señor. Hoy llenas de paz. A mi corazón. Te quiero pedir. Por el mundo entero. Dame de tu fuerza. Con la mía no puedo. Dame de la tuya. Señor te lo ruego. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf

