«Y SE COMPADECIÓ… PORQUE ANDABAN COMO OVEJAS SIN PASTOR»
Apreciados hijos de Dios, cuánta falta hace el amor en la humanidad, y vemos cada día que las personas están más dominadas, oprimidas y enfermas. Solo por no saber amar. El que ama se libera, vive, se levanta y también se pone al servicio. El cual es un compromiso que se debe tener con los demás.
Hoy, como cristianos, debemos tener claro dos aspectos fundamentales en nuestra vida: La oración y el amor. Ya que la vida de oración es fundamental para crecer en la relación con Dios. Para fortalecer la amistad y los lazos que pudieran existir, debemos acercarnos a los demás movidos con un corazón dispuesto a la entrega de forma sincera. Y también al amor que nos ayuda a mantenernos dispuestos al servicio con entrega incondicional.
Si miráramos y analizáramos ¿Qué cosas lograríamos si amaramos de verdad? Existirían menos guerras, destrucción, violencia, se respetaría el derecho a la vida, tuviéramos familias más sanas, con más unidad. Hasta el planeta estaría más limpio. El que posee el amor lo posee todo. Donde hay amor hay confianza, perdón, diálogo, cuidado, respeto; en fin, qué no se lograría con el amor.
Cuántos estamos hoy con alguna necesidad física, material o espiritual. Que muchas veces vemos difícil de ser resueltas. Pero hay alguien que está dispuesto a cuidar y velar por ti. Solo te falta poner tu vida en sus manos y así él te puede ayudar. Si hacemos un recuento de lo vivido en este tiempo de pandemia, muchos dirían que ha sido el peor en su vida. Porque han perdido algún familiar, algún ser querido, algún amigo o alguien conocido. Por otro lado, nos hemos quedado sin trabajo, nos hemos enfermado, nos hemos sentido solos e incluso abandonados. En definitiva, diríamos que ha sido un tiempo catastrófico. Que no solo te ha afectado a ti, ni a tú país, sino a todo el mundo. Pero a pesar de todo eso, aquellos que se han dejado encontrar por Dios a través de la oración, a través de algún encuentro con el estudio y la escucha de la palabra, podrían opinar que no todo en su vida ha sido negativo.
El evangelio de hoy nos invita a ver la vida de manera diferente, ya que la podemos ver en clave de ofrenda, que es la clave de un Dios que viene a regalarnos su presencia y que viene a salvarnos. Qué lindo pasar la vida en clave de entrega, porque sabes que Dios nos piensa así, como una ofrenda viva para darnos a los demás.
Marcos describe con todo detalle la situación: Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera carrera evangelizadora y desean compartir su experiencia. Podemos ver a un Jesús que escucha a sus discípulos que le cuentan su experiencia de misión. Y sacan un momento para ir a un lugar desierto. Así como los discípulos le dicen todo lo que habían hecho y enseñado. Hoy también él lo puede hacer con nosotros de manera confiada, y por más complicada y difícil que sea la situación que estés pasando, por más oscura que veas tu vida, no dudes en acudir al Señor y poner todas tus situaciones a sus pies. Así que anímate a confiar, a renovar tu esperanza y espera, porque en cualquier momento él puede llegar a tu vida y transformar tu realidad.
El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se les adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. También se ve a un Jesús que estaba atento a la multitud; él no solo predicaba y sanaba a los enfermos, sino que también prestaba atención a la realidad. Ya que estaban como ovejas sin pastor. Y se compadece de ellos. Eso mismo el Señor quiere hacer hoy contigo. Se compadece de ti y de tu realidad; él sabe de tus necesidades y no es indiferente. Pero a la vez te invita a ofrecer de lo poco o lo mucho que tu posees y se lo puedas ofrendar al Señor.
Lo importante es que él reciba algo tuyo, tú tiempo, tus capacidades, tus carismas. Para que así Jesús lo pueda multiplicar y podamos decir: “Mira Señor, lo único que tengo es esto que parece nada frente a tanta necesidad. Pero esto que soy eso te ofrezco; y así Jesús lo puede tomar en sus manos, dar gracias a Dios y lo puede partir y lo puede compartir. Recuerda siempre que Dios de lo pequeño hace mucho”.
La imagen es patética. Jesús parece estar recordando las palabras pronunciadas por el profeta Ezequiel seis siglos antes: en el pueblo de Dios hay ovejas que viven sin pastor: ovejas «débiles» a las que nadie conforta; ovejas «enfermas» a las que nadie cura; ovejas «heridas» a las que nadie venda. Hay también ovejas «descarriadas» a las que nadie se acerca y ovejas «perdidas» a las que nadie busca (Ezequiel 34).
No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas y familias, andan buscando un alimento más sólido que el que reciben. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan la enseñanza de Jesús. Por eso, «se puso a enseñarles con calma», dedicándoles tiempo y atención para alimentarlos con su Palabra curadora.
Hay muchas personas sencillas y buenas a las que estamos decepcionando porque no ven en nosotros la compasión de Jesús. Creyentes que no saben a quién acudir ni qué caminos seguir para encontrarse con un Dios más humano que el que perciben entre nosotros. A Jesús no solo le conmueven las personas concretas que encuentra en su camino: los enfermos que le buscan, los indeseables que se le acercan, los niños a los que nadie abraza. Siente compasión por la gente que vive desorientada y no tiene quien la guíe y alimente.
Tenemos gente sola, a la que nadie tiene tiempo de escuchar en este tiempo de pandemia. Esposas y esposos que sufren impotentes y sin ayuda alguna el derrumbamiento de su amor. Jóvenes que abortan presionadas por el miedo y la inseguridad, sin el apoyo y la comprensión de nadie. Personas que sufren secretamente su incapacidad para salir de una vida indigna. Alejados que desean reavivar su fe y no saben a quién acudir ¿Quién despertará entre nosotros la compasión por los demás? Señor, cuántos hijos andan como ovejas sin pastor; dame la gracia de compadecerme de aquel que sufre y necesita.
Terminemos orando. «Volvieron a reunirse. Los apóstoles con Jesús. Y le contaron todo. Lo que hicieron y enseñaron. Entonces les dijo él. Vengan ustedes a solas. A este lugar desierto. Para descansar un poco. Tantos iban y venían. Que no encontraban el tiempo. Ni para poder comer. Y se fueron en la barca. A solas para un lugar desierto. Pero lo vieron marcharse. A ellos los reconocieron. Toda la aldea fue corriendo. Por tierra de aquel sitio. Entonces se adelantaron. Fue la multitud tan grande. Aquella que vio Jesús. Se compadeció de ellas. Pues andaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas. Amén».
– «Oren y alábenme a mí. Que es lo que más me agrada. El corazón de su Padre. Se llena de alegría. Yo les digo hijos míos. Nunca se aparten de mí. Mis brazos están abiertos. Los acurruco en mi pecho. Así los lleno de amor. Hijos de mi corazón. Cuánto los amo a ustedes. Amén».
– «Si tú escuchas mi voz. Tú sabes que tu Dios te llama. Para decirte que te amo. Y estás en mi corazón. A tu lado siempre estoy. Pues yo camino contigo. Yo te quiero y te he querido. Sigue hijo/a este camino. Te llevará a un buen lugar. Amén».
Juan Andrés Hidalgo Lora, cmf y José Antonio Pagola.

