
“LÁMPARA PARA MIS PASOS ES TU PALABRA, LUZ PARA MI CAMINO”.
Evangelio: Lucas 1,1-4; 4,14-21
La Palabra de Dios es como la lluvia y la nieve que descienden del cielo y no regresan sin haber regado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar (cf. Is 55,10). “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!” (Lc 11,28). Tenemos un lugar privilegiado para la escucha de la Palabra, es el encuentro comunitario en la Eucaristía. El Resucitado dirige su palabra a la comunidad reunida.
En la primera parte del texto, que la liturgia nos presenta hoy, nos encontramos con el prólogo del Evangelio de Lucas. Dice expresamente que no pertenece al grupo de aquellos que han conocido personalmente a Jesús de Nazaret y explica los pasos que ha seguido para escribir su Evangelio. Han ocurrido, dice, acontecimientos entre nosotros y ha realizado una investigación minuciosa de todos esos hechos. Ha contactado con los testigos con el objetivo de quien lo lea tenga la certeza de que está escrito sobre fundamentos sólidos y su lectura le ayude a consolidar su fe.
La segunda parte del texto nos sitúa al comienzo de la vida pública de Jesús en Nazaret, donde se había criado. Sus palabras en la sinagoga representan la síntesis de lo que va a ser su vida pública.
Jesús abre el volumen que se le ha dado. Sin Cristo el libro sagrado está cerrado. La Palabra escrita la tenemos que leer desde Cristo. Solo Él puede darle un sentido. Hecha la lectura, Jesús enrolla el volumen, lo entrega al sirviente y se sienta. Jesús se ha convertido en Maestro. Fijemos nuestros ojos en Él y no en otro. “No pongan los ojos en nadie más que en Él” nos sugiere Lucas.
El texto elegido está tomado del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año de gracia del Señor”. El profeta nombra a una persona que fue enviada a proclamar “el año de gracia”, “el jubileo”, el tiempo en que son perdonados todos los delitos y se ha puesto fin a toda forma de esclavitud y restablecida la justicia en un tiempo difícil.
“Hoy –comienza a decir Jesús– se ha cumplido este pasaje de la Escritura” Hoy, la palabra de Jesús comienza a liberar de todos los impedimentos morales y psicológicos que entorpecen y no permiten crecer, y obstruyen el verdadero amor. Es vencido todo aquello que hace que nos repleguemos sobre nosotros mismos a la búsqueda de nuestro propio interés. Todas estas ataduras comienzan a ser destruidas.
El Espíritu Santo es la fuerza que actúa en Jesús sobre todo cuando su Palabra, Él es la Palabra que habita en nosotros, destruye todo aquello que nos mantiene esclavizados. Jesús, cuyo nombre significa “Dios Salva”, vino para traernos libertad, liberación, de todo lo que nos aliena de Dios y de la gente, y vino también para hacernos capaces de liberarnos unos a otros. No olvidemos que hemos sido creados y hemos nacido para ser libres. Ésta es la Buena Noticia que Él nos trae. Dejémonos liberar por Jesús, que nos haga cada vez más hijos e hijas de Dios.
Jesús María Amatria, CMF.

